Acuerdo de paz en Sudán, ¿paso a la reconciliación?

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El gobierno de Sudán y la principal alianza guerrillera del país, el Frente Revolucionario (SRF), dieron un significativo paso para poner fin a largos años de guerra, principalmente en la región occidental de Darfur.

La firma del acuerdo de paz el 31 de agosto se perfiló como un importante acierto entre las partes, ahora más comprometidas que antes en restablecer el país, inmerso en un complejo proceso de transición, que intenta resolver problemas del pasado reciente como la reestructuración del Estado.

Además, se dispone a enfrentar asuntos de contenido socio-económico con una mente más abierta, cuya dinámica respete el contenido árabe e islámico de la cultura nacional, sin dar la espalda a preceptos de la realidad contemporánea, la cual impone asumir actitudes de un mundo que se mueve a una velocidad vertiginosa.

Sudán acaba de lograr la paz con el SRF, una coalición de grupos beligerantes de la occidental región de Darfur y con sus similares de los estados sureños de Kordofán del Sur y Nilo Azul, pero eso es solo el principio.

Aunque este paso es considerado histórico, constituye el resultado de un proceso de diálogo iniciado en la etapa del expresidente Omar Hassán al Bashir hace más de una década y cuyo hito más notable fue la firma del Acuerdo Integral de Paz en 2005 entre Jartum y la guerrilla del Movimiento Popular de Sudán (SPLM).

A la postre, la rúbrica e implementación de ese pacto condujo en 2011 a la separación de la región austral del país y al nacimiento del Estado más joven del continente africano, Sudán del Sur, pero la firma del documento para lograr la añorada y real distensión no se caracterizó por tener un poder disuasivo inmediato.

Los festejos por el advenimiento de Sudán del Sur en la arena internacional cesaron al desatarse en 2013 una guerra por el poder, que allí significa tener la autoridad para manejar todo lo referente a la explotación de la riqueza petrolera, la primera y casi exclusiva industria del país.

Pero los asuntos sursudaneses comenzaron a enderezarse en 2018, cuando los líderes en pugna, el presidente Salva Kiir y el exvicepresidente Reik Machar, negociaron la paz y una consiguiente distribución del poder, y en la actualidad actúan en los canales de la construcción institucional.

No obstante, aún hay dilemas que resolver, pero a esta altura Sudán del Sur puede aportar sus experiencias y consejos para avanzar con el nuevo proceso de paz que ahora prevén emprender Jartum y las guerrillas de la SRF, y en tal sentido se recuerda que Juba asumió en 2019 la mediación en ese diálogo.

CUESTIONES CLAVES

Según fuentes cercanas a las conversaciones, el acuerdo final abarca cuestiones claves sobre seguridad, propiedad de la tierra, justicia transicional, reparto del poder y el regreso de los desplazados por la guerra, así como la posible reubicación de esas víctimas.

Asimismo, prevé el desmantelamiento de las formaciones rebeldes y la integración de sus miembros en el Ejército Nacional, aunque en el caso de Darfur podrá resultar difícil que los exrebeldes compartan la mesa con sus enemigos tradicionales, el yanyaui, (jinetes armados), facciones paramilitares progubernamentales.

El acuerdo prevé que los rebeldes tendrán tres escaños en el Consejo Soberano -gobernante-, cinco ministerios y la cuarta parte de los 300 escaños en el Legislativo de transición, así como el 40 por ciento de los puestos en los gobiernos regionales, que recibirán el 40 por ciento de los ingresos recaudados localmente.

Se acordó, además, que un nuevo fondo financiero de 750 millones de dólares al año, durante 10 años se orientará a las regiones empobrecidas del sur y el oeste.

Naciones Unidas calcula que unas 300 mil personas perecieron en Darfur desde que los rebeldes tomaron las armas allí en 2003 contra las fuerzas del Ejército y sus asociados.

Los grupos rebeldes que firmaron el pacto son el Movimiento de Justicia e Igualdad (JEM) y el Ejército de Liberación de Sudán (SLA) de Minni Minawi, ambos de Darfur, y el Movimiento de Liberación del Pueblo de Sudán-Norte (SPLM-N) de Malik Agar, que opera en Kordofán del Sur y Nilo Azul.

Asimismo lo hicieron dos agrupaciones más pequeñas, el Movimiento del Consejo de Transición y la Coalición del Movimiento de Liberación de Sudán.

El conflicto en Kordofán del Sur y el Nilo Azul estalló en 2011, luego de problemas no resueltos de los encarnizados combates allí en la guerra civil de Sudán (1983-2005), pero dos facciones guerrilleras se negaron a participar en el trato con el gobierno sudanés, lo cual en el mejor de los casos supone una plática posterior.

Las guerrillas del Movimiento de Liberación de Sudán (SLM), dirigida por Abdelwahid Nour y un ala del SPLM-N comandada por Abdelaziz al-Hilu se negaron a participar en el evento que celebraron los demás jefes insurgentes.

Tanto el jefe militar, el general Abdel Fattah al Burhan, como al primer ministro sudanés, Abdalla Hamdok estuvieron presentes en la ceremonia el 31 de agosto, mientras el presidente sursudanés, Salva Kiir, en representación de los mediadores, supervisó la rúbrica del acuerdo de paz.

Aunque sobresale el alcance de este desarrollo, que se inserta en la transición sudanesa, ahora el plan deberá pasar de la letra al hecho, ponerse a prueba interactuando con poblaciones que requieren la paz, pero no siempre coincidentes en sus criterios respecto a esta.

También deberá observarse que en los últimos tiempos la sociedad tradicional se fragmenta y se refuerzan las contradicciones que colisionan con violencia entre comunidades, como recientemente ocurrió en Darfur y Puerto Sudán; habrá que pensar si la paz acordada entre el gobierno y las guerrillas podrá soportar incólume esos embates.