Soberanía o guerra son únicas alternativas para el Sahara Occidental

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Por Moisés Saab Lorenzo

Tiempo atrás le dije a un diplomático de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) que no concebía la posibilidad de hacer guerra de guerrillas en el desierto, terreno sin vegetación.

Su respuesta fue inmediata: nosotros no entendemos cómo puede hacerse la guerra en otro entorno que el desierto: una lección síntética de adaptación al medio para sobrevivir.

Ese espíritu es el que transmite el embajador de la RASD en Cuba, Mohamed Salek, cuando, en entrevista con Prensa Latina, asevera que en la búsqueda de la autodeterminación ‘la alternativa de nuestro pueblo es soberanía y paz o la guerra’.

Especifica que después de casi 30 años de tregua con Marruecos ‘no llegamos al resultado que anhela el pueblo saharaui, que es la soberanía y la independencia.

‘El 13 de noviembre pasado el Reino de Marruecos rompió el alto el fuego que se extendió desde septiembre de 1991, lapso durante el cual el pueblo saharaui dio muestras de extrema paciencia’, señala sobre el reinicio de las hostilidades.

‘Además, la monarquía marroquí edificó un muro, que llamamos de la ignominia, recrudeció los atropellos contra los campamentos de refugiados, los secuestros y la represión de los independentistas, 38 de los cuales están sancionados a cadena perpetua’.

Revela en ese sentido que desde el reinicio de las hostilidades los combatientes saharauis han realizado un centenar de acciones contra ese muro divisorio en un territorio que la RASD reivindica por razones culturales, étnicas e históricas.

El pasado 27 de febrero la RASD cumplió 45 años de su fundación, proclamada después que las autoridades coloniales españolas evacuaron el Sahara occidental tras el fallecimiento de Francisco Franco Bahamonde.

Esa salida de Madrid propició la Marcha Verde, migración masiva de marroquíes que ocuparon gran parte del territorio, rico en petróleo, oro y otros minerales preciosos, y poseedor en sus aguas jurisdiccionales de un vasto coto pesquero.

Inquirido sobre la posibilidad de una intervención internacional que allane el camino a la independencia, Salek, cuyo nombre de guerra es Omar Bulsan, es enfático: ’80 países reconocen a la RASD; la solidaridad internacional nos acompaña y nuestra independencia está en la mesa’.

En ese sentido enumera como factor adverso que ‘la pasividad del secretario general de la ONU ha impedido la celebración del referendo para la autodeterminación’.

El caso colonial del Sahara es el único pendiente en África del Comité de Descolonización de la ONU, reconoce el propio organismo.

Es una tarea inconclusa con secuelas de sufrimiento y muerte para una comunidad humana, tanto en el Sahara, como para los cientos de miles de personas dispersas en la diáspora que esperan su redención