Tierra de Dios: el mundo espera acuerdos en cambio climático

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cop22-marraquech1Por Fausto Triana
Conocida como Ciudad Roja o Tierra de Dios, Marrakech es hoy un hervidero de delegaciones de alto nivel del mundo entero, con la expectativas de dar nuevos pasos para frenar el calentamiento global de la atmósfera.

La urbe marroquí, emporio del turismo, es sede de la Cumbre de la Conferencia de las Partes de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP22), que entra en su segmento cimero desde mañana con participación de más de 60 mandatarios.

Con la varilla en su máxima altura con los Acuerdos de París de 2015 en la COP21, parecería que a Marrakech sólo le resta un papel secundario como garante de la implementación del pacto, como se hizo ya el 4 de noviembre en Casablanca.

Sin embargo, falta un largo trecho por recorrer, algo que al parecer no asusta a los anfitriones en una ciudad de poco más de millón y medio de habitantes, fundada en el año 1062 por los almorávides, especie de ermitaño musulmán.

Mientras, en el Centro de Conferencias Palmeraie, en las zonas Azul y Verde, los negociadores intentan arrancar más compromisos para recortar la emisión de gases de invernadero y favorecer la reducción de las temperaturas por debajo de dos grados.

En la Medina, el barrio antiguo de Marrakech, Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde 1985, descuella la Plaza Jemaa el-Fna o Yamaa el-Fna, un fabuloso espacio donde pululan acróbatas, vendedores, bailarines y músicos.

No faltan los encantadores de serpientes y los cuenta cuentos, en un ambiente semejante a Las mil y una noche árabes, donde en las noches hay lugar para decenas, quizás cientos, de restaurantes de todo tipo de comidas.

Es también Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, desde 2001.

El alcohol está estrictamente prohibido en la Medina, pero son tantas las atracciones del enclave que nadie repara en este detalle. Además de la Plaza Jemaa el-Fna, destacan la Madrasa Ben Youssef, el Palacio Real y el Palacio de la Bahía.

También el Palacio Dar Si Said y las ruinas del Gran Palacio Badi, a los cuales se suman Palmeraie, donde hay sembrados más de 100 mil plantas gracias a un increíble sistema de tuberías subterráneas de barro seco, que datan del siglo XII.

Al margen de las bondades de Marrakech, caracterizada por los exteriores rojo-ocre en prácticamente todas sus construcciones, la COP22 entra en su fase crucial, con la esperanza de dar continuidad a lo alcanzado en la Ciudad Luz.

Por escribir están las reglas de juego de cómo se implementarán los acuerdos que buscan reducir la temperatura del planeta por debajo de dos grados centígrados a finales de este siglo respecto a 1890.

Chile es uno de los países latinoamericanos con activa participación al más alto nivel en la Cumbre del COP22, con la presencia de su jefa de Estado, Michelle Bachelet, el canciller Heraldo Muñoz, y el ministro de Medio Ambiente, Pablo Badenier.