Sudáfrica: la batalla por el alma del país

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Sithole Mbanga
Sithole Mbanga

Por Deisy Francis Mexidor 

Los principales partidos políticos de Sudáfrica presentan sus programas al iniciar las campañas ante la proximidad de las elecciones de los gobiernos locales que tendrán lugar el 3 de agosto.

Al evento cívico, que se celebra cada cinco años, están convocados más de 26 millones de ciudadanos empadronados, y según se anticipa habrá una fuerte disputa entre los partidos Congreso Nacional Africano (ANC, gobernante) y los opositores Alianza Democrática (DA) y Combatientes por la Libertad Económica (EFF).

El pasado 16 de abril, más de 40 mil seguidores del ANC asistieron en la municipalidad de Nelson Mandela Bay, en Eastern Cape, al lanzamiento del manifiesto electoral de la organización.

Por primera vez en los 15 años de historia de los gobiernos locales en Sudáfrica, la batalla por el alma del país se gana o se pierde en sus principales ciudades, advirtió Sithole Mbanga, director ejecutivo de la Red de Ciudades Sudafricanas.

Junto con Tshwane y Johannesburgo, Nelson Mandela Bay es considerada una de las áreas metropolitanas donde el apoyo al ANC está en declive, a juicio de Mbanga.

Y si bien Nelson Mandela Bay es importante por razones políticas y quizás también simbólicas, dado su nombre y la provincia en la que se encuentra, la eventual pérdida de Tshwane, capital administrativa del país, y Johannesburgo, el centro económico, sería mucho más significativo aún.

La decisión del ANC de lanzar su manifiesto allí y las próximas presentaciones de los dos partidos de la oposición más grandes (DA y EFF) en Johannesburgo, es calculado.

Una semana después del ANC, la DA presentó su manifiesto en el estadio Rand, en la ciudad de Johannesburgo.

La DA -históricamente la fuerza política de la minoría blanca- está tratando con su slogan «Vote por el cambio», de atraer la base de electores negros.

De ahí la elección de Mmusi Maimane -joven y negro- como líder de la DA como parte de esa estrategia.

En similares comicios en 2011, la DA obtuvo el 24 por ciento de los votos y ganó 23 municipalidades, incluyendo Ciudad del Cabo, la capital legislativa de Sudáfrica.

Ahora expresaron su confianza en que podrán arrebatarle al ANC Johannesburgo, el centro económico del país, y otros lugares clave, lo que ponen en duda no pocos observadores.

Sin embargo, el analista político Somadoda Fikeni dice que no será fácil para la DA ganar metros como Johannesburgo y Nelson Mandela Bay.

El manifiesto del foro opositor insiste en que tiene fórmulas para hacer crecer las economías locales, la creación de empleo, la prestación efectiva de los servicios y la lucha contra la corrupción.

Aunque desde 1994 hasta hoy, el ANC ha sido el que ha producido políticas viables, advirtió el académico Wayne Jumat durante una reciente entrevista con Prensa Latina.

Recordó que el partido de la oposición con el mayor número de escaños en el Parlamento es la DA (89 de 400), que «promueve en gran medida los modelos de gobierno neoliberales occidentales como su modus operandi».

Acotó que utilizando los matices dentro del marco de esos modelos proccidentales, la DA reconoce la difícil situación de la mayoría de los sudafricanos y al mismo tiempo pretende atraer a nuevos miembros de comunidades en las que no recibieron el mayor apoyo con anterioridad.

Jumat, investigador asistente del Instituto para el Diálogo Global adscrito a la Universidad de Sudáfrica, subrayó que una de las fortalezas del ANC es que atrae a la mayoría de los votantes registrados de Sudáfrica.

Pero hay debilidades que la oposición trata de aprovechar para abrirse espacio en un escenario en el cual sueñan con desplazar al ANC del poder.

El Congreso Nacional Africano ha tenido problemas como partido rector para poner en práctica de manera efectiva sus políticas, para luchar contra la corrupción, la delincuencia y mejorar el crecimiento económico, consideró Jumat.

En 2011 el ANC alcanzó el 63,65 por ciento de los sufragios y tres años después, en las parlamentarias de mayo de 2014, el histórico partido de Oliver Tambo y Nelson Mandela ganó con el 62,15 por ciento de respaldo electoral.

Esa victoria le garantizó la continuidad de su gobierno, consolidó la mayoría en la Asamblea Nacional (249 asientos de 400) y le abrió el camino al presidente Jacob Zuma para un segundo mandato.

No poco hace el ANC, pero los retos son enormes todavía. Inimaginables riquezas, un consumo insultante y un lujoso estilo de vida coexisten en esta nueva Sudáfrica con barrios extremadamente pobres y largo desempleo.

Detrás, cifras de violencia y criminalidad que algunos entendidos atribuyen a tantos años de apartheid.