Ley homofóbica excluye a gays de lucha contra el sida en Zimbabwe

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Zimbabwe penalizó las relaciones homosexuales, lo cual despertó el temor de muchas personas que quedaron excluidas de las estrategias de lucha contra el VIH/sida. Crédito: Jeffrey Moyo

Zimbabwe no hizo casi nada para reducir la tasa de infección de VIH/sida entre la población homosexual, aunque ese es uno de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) a completar en 2015, denuncian organizaciones activistas de este país del sur de África.

Los ocho ODM fueron acordados en 2000 por los estados miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y abarcan desde reducir a la mitad la pobreza extrema hasta detener la propagación del VIH (virus de inmunodeficiencia humana) y el sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida) antes de  2015.

Activistas lesbianas, gays, bisexuales y trans e intersexuales (LGBTI) de este país aseguran que los hombres que tienen sexo con hombres (HSH) y las personas transgénero están al margen de las estrategias de intervención contra la pandemia.

“No existen programas nacionales dirigidos a grupos minoritarios ni intervenciones que sean de fácil acceso para la población LGBTI, en materia de prevención y atención en el público sistema de salud”, sostuvo Samuel Matsikure, de la organización Gays y Lesbianas de Zimbabwe (GALZ).

“Hay lagunas en el conocimiento de los trabajadores de la salud sobre las necesidades y los mejores métodos de prevención, tratamiento y cuidado de las personas seropositivas LGBTI”, añadió.

La ley de Delitos Sexuales penaliza la homosexualidad y el artículo 4.78 de la nueva Constitución de Zimbabwe, aprobada en 2013, prohíbe las relaciones sexuales ý el matrimonio entre las personas del mismo sexo.

“Aunque al gobierno de Zimbabwe no le guste, tiene que enfrentar la realidad de que los gays y las lesbianas existen y, por tanto, debe ocuparse de sus necesidades con respecto al VIH/sida… para combatirlo al igual que lo hace con los demás ciudadanos. ¿Cómo podemos acabar con este flagelo si ignoramos a un grupo de personas que sin duda transmitirá la enfermedad?”, sostuvo la activista Trust Mhindo, en diálogo con IPS.

Los activistas quieren que se modifique la ley que pena a la homosexualidad.

“Tenemos que luchar por un cambio de leyes para que los gays y las lesbianas sean reconocidos, sin el cual la lucha contra el VIH/sida entre la población LGBTI seguirá siendo inútil”, subrayó Benjamin Mazhindu, presidente de la Red Nacional de Zimbabwe para las Personas que Viven con VIH (ZNPP+).

“La mayoría de los centros de salud en Zimbabwe no son amigables para las personas LGBTI, lo que dificulta la declaración de dolencias como ITS (infecciones de transmisión sexual) anales, mientras que la información sobre salud sexual y reproductiva para esa comunidad es inexistente”, observó el director de GALZ, Chester Samba.

“Si entra a cualquier centro de salud público seguramente no encontrará información o bibliografía alguna sobre gays y lesbianas en lo que refiere al VIH/sida”, agregó.

Para muchos gays, como Hillary Tembo, de 23 años, que vive con VIH/sida, esta situación equivale a una sentencia de muerte porque el joven teme recurrir a los centros de salud públicos.

“Soy seropositivo y tengo úlceras anales relacionadas con las ITS y en verdad tengo miedo de mostrárselas a los trabajadores de la salud, por temor a que me victimicen a causa de mi sexualidad”, explicó Tembo.

Pero el ministro de Salud, David Parirenyatwa, aseguró a IPS que “cuando una persona visita un centro de salud no se le pregunta nada acerca de su orientación sexual”.

Aunque no se denunciaron casos de personas seropositivas a quienes se les haya negado el tratamiento antirretroviral a causa de su orientación sexual, “existe la necesidad de una respuesta nacional al VIH/ sida para enfrentar las barreras que impiden acceder a… la comunidad LGBTI a los servicios” sanitarios, “lo cual incluye el acceso a información”, añadió Samba.

Pero dado que la Constitución prohíbe las relaciones homosexuales, al gobierno le resulta una tarea ardua tomar en cuenta para la lucha contra el VIH/sida a un grupo de personas al cual no reconoce constitucionalmente.

“No podemos torcer el brazo de nuestra ley suprema, que no tolera la homosexualidad, para adaptarla a las necesidades de un pequeño grupo de personas que están desobedeciendo la ley”, declaró un alto funcionario que solicitó se mantuviera su nombre en reserva.

“Es difícil que los programas de prevención alcancen a los hombres que tienen sexo con hombres y todos los HSH que viven con VIH/sida a menudo no pueden acceder al tratamiento, la atención y el apoyo” necesarios, indicó Samba.

Cuando se le preguntó cuántas personas LGBTI seropositivas hay en Zimbabwe, el director de GALZ respondió que no puede dar cifras porque “no hay mecanismos a nivel nacional para la captura de datos basados en la orientación sexual”.

Sin embargo, en una investigación que permanece inédita y que GALZ realizó sobre personas LGBTI que se realizaron la prueba del VIH en 2014, la organización halló que de 393 HSH el 23,5 por ciento resultó seropositivo, mientras que de 179 mujeres que mantienen relaciones sexuales con mujeres, el 32,6 por ciento tuvo un resultado positivo.

Las cifras del Consejo Nacional del Sida en Zimbabwe indican que 1,24 millones de personas en este país de 13 millones de habitantes viven con VIH/sida, aproximadamente 15 por ciento de la población.

Las estadísticas de la Agencia Nacional de Estadística para 2014 indicarían que las personas LGBTI representan cerca del cuatro por ciento de los habitantes seropositivos.

De los 6.000 gays y lesbianas asociados a GALZ, 15 por ciento viven con VIH/sida, según la organización. Cinco de ellos murieron desde enero. El grupo afirma que cada año mueren de sida entre cinco y 10 de sus socios. “Las estadísticas que tenemos hasta ahora son de los socios de GALZ y no son representativas a nivel nacional”, explicó su director.

Para muchos gays seropositivos de Zimbabwe, como Tembo, a medida que se acerca el plazo para cumplir los ODM, la guerra contra el VIH/sida sigue lejos de terminar, ante la inexistencia de estrategias claramente definidas para combatir el flagelo dentro de la comunidad LGBTI.

Editado por Lisa Vives y Phil Harris / Traducido por Álvaro Queiruga