Rehabilitar una kasba en el marroquí Valle del Dráa, una opción de desarrollo

0
521

kasba en el marroquí Valle del DráaAitelkaïd Mbarek tiene 57 años y es uno de los ocho hijos del jefe de la ‘kasba’ Caïd Ali, una enorme fortaleza del siglo XIX de la ciudad marroquí de Agdz que estaba en ruinas y se ha restaurado con un proyecto que aúna la conservación del patrimonio con el impulso de la economía local.

El Valle del Dráa es una yerma llanura del centro de Marruecos salpicada de palmerales y de edificaciones de adobe como la Caïd Ali, que albergó la residencia de los gobernantes locales, las viviendas de sus trabajadores, establos y zonas de esparcimiento.

El desuso y la falta de inversiones las está condenando al derrumbe, pero hay excepciones: con ayuda de la ONG alemana Helm Express y la marroquí La Paix, Aitelkaïd Mbarek ha rehabilitado en un 80 % la fortaleza propiedad de su familia y la ha convertido en un espacio abierto para los habitantes de Agdz y en un camping para turistas.

Allí se alojaron los 110 jóvenes expedicionarios de España Rumbo al Sur que recorrerán Marruecos hasta el próximo 8 de agosto en un viaje que tiene como objetivo impulsar el espíritu aventurero de los jóvenes y dar a conocer proyectos de cooperación internacional.

«La idea era conservar el patrimonio y desarrollar la economía de esta región en la que casi no hay infraestructuras turísticas, y por eso reuní a mi familia y les convencí para restaurar la ‘kasba», explica a Efe Aitelkaïd, sentado en uno de los amplios jardines de la fortaleza desde el que se divisan los palmerales del valle del Dráa.

Implicó también a la población de Agdz, montando una asociación denominada La Paix que en estos momentos preside él mismo. «No sólo trabajamos por la restauración de la ‘kasba’; nos interesa salvaguardar la cultura local y popular de la región y por eso organizamos un festival de música al que asisten 40.000 personas», explica.

El proyecto comenzó en 1999 y tan solo 15 años después se ha conseguido rehabilitar el espacio en un 80 por ciento, en buena parte gracias por el apoyo económico de una asociación alemana que cada año organiza estancias en Agdz para arquitectos y estudiantes que trabajan físicamente en la restauración del edificio.

«Han empleado distintas técnicas de rehabilitación, hacen planos de las edificaciones y también la estancia les sirve para presentar proyectos para la universidad», concreta Aitelkaïd, que es sociólogo de formación.

A él le gustaría que las cerca de 300 edificaciones similares que hay en ruinas en la comarca se rehabilitasen y se utilizasen para fines por ejemplo turísticos, pero puntualiza que es muy complicado que eso suceda porque las fortalezas son de titularidad privada.

«La intervención es difícil sin ayudas del Gobierno, porque no todas las personas tienen el mismo compromiso con la conservación del patrimonio ni posibilidades para emprender grandes proyectos», comenta.

Otro gran problema es la toma de decisiones en unas propiedades que en ocasiones pertenecen a decenas de personas. «Normalmente viven 20 personas, de manera ocasional somos 60, y cuando son fiestas nos juntamos 600, es decir, todos los que tienen derecho sobre la ‘kasbah».

La fortaleza y sus jardines ocupan unos 5.000 metros cuadrados del municipio de Agtz, y desde la azotea del antiguo palacio del siglo XIX se pueden ver los extensos palmerales aún propiedad de la familia, que producen dátiles de gran calidad.

Aitelkaïd aspira a que la recuperación del patrimonio vaya ligada al mantenimiento de la economía local y también de las tradiciones, para lo que potencia el trabajo conjunto con las asociaciones locales. «Nosotros solos no conseguimos nada: lo importante es entre todos crear ejemplo para que otros pueblos hagan lo mismo», opina.

En el caso de esta ‘kasba’, Aitelkaïd asegura que se ha unido la conservación del patrimonio al desarrollo.