RDC trata de pasar página a la violencia sexual y la violación como arma de guerra

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Hablar de violencia sexual y de la violación como arma de guerra suele llevarnos a hablar de República Democrática del Congo (RDC), un país donde el conflicto y la violencia han estado presentes de forma continuada durante los últimos 20 años. Sin embargo, los congoleños, con su Gobierno a la cabeza, están decididos a dejar atrás este triste capítulo.

«No hace mucho, un periodo sostenido de conflicto se cobró las vidas de más de 6 millones de congoleños y perpetuó un ciclo de violencia en el que la violación fue usada como arma de guerra para aterrorizar de forma sistemática a civiles inocentes», explica a Europa Press Jeanine Mabunda, consejera especial del presidente Joseph Kabila en materia de lucha contra la violencia sexual y el reclutamiento de menores, lamentando que quienesla cometían «operaban bajo la protección de la impunidad sin temor a represalias».

Sin embargo, se están dando pasos para huir de «este legado de violencia», asegura, destacando su nombramiento en 2014 con el fin de «combatir la impunidad» en este ámbito con más recursos para el sistema judicial –tanto civil como militar– y para atender a las víctimas, así como para «movilizar a la sociedad para acabar con el estigma al que se enfrentan las supervivientes de la violencia sexual».

En RDC, más de una de cada cuatro mujeres en edad reproductiva ha experimentado violencia sexual durante su vida, una «prevalencia importante», destaca Noemi Dalmonte, coordinadora del programa sobre violencia de género del Fondo de la ONU para la Población (UNFPA). Según los últimos datos, el 52 por ciento de las mujeres han sido víctimas de violencia por parte de sus parejas sentimentales, en un país donde el 43 por ciento de las mujeres de entre 15 y 49 años se casan antes de cumplir los 18.

Las organizaciones humanitarias y de desarrollo que trabajan en RDC han estado asistiendo «de media a entre 10.000 y 20.000 supervivientes de violencia de género desde 2010», según los datos del registro oficial del Gobierno, lo que supone «una de las mayores tasas en el mundo» y lo que pone de manifiesto que «el problema sigue siendo importante», destaca Dalmonte.

Entre las medidas para combatir y conocer la envergadura del problema, se ha creado una base de datos en la que se contabilizan los casos de violencia sexual y de género. En lo que va de año se han censado casi 8.900 casos, de los que 4.700 han requerido atención médica y 6.500 acompañamiento psicosocial.

VIOLENCIA SEXUAL EN KASAI

En el último informe elaborado por las agencias de la ONU y las ONG que trabajan en la materia, se constató un «descenso gradual y continuado en el registro de incidentes presuntamente cometidos por hombres armados en los últimos años», sin embargo la intensificación de la violencia en la región de Tanganyika y el conflicto en la región de Kasai están «revirtiendo esta tendencia».

En esta última región, entre agosto de 2016, cuando estalló el conflicto con la milicia Kamuina Nsapu, y mayo, se habían contabilizado casi 1.500 incidentes de violencia de género, de los que el 68 por ciento de las víctimas eran menores, en su mayoría adolescentes de entre 12 y 17 años.

El 79 por ciento de los casos fueron violaciones, seguido de un 11 por ciento de agresiones sexuales. En el 34 por ciento de los casos, los autores fueron hombres armados, incluidos miembros de las fuerzas de seguridad.

Los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) que trabajan en Kasai «cada vez encuentran más casos» en las zonas que visitan, explica a Europa Press Pablo Álvarez, que lidera uno de los equipos móviles de la ONG.

En su opinión, las «garantías de confidencialidad» que dan a las víctimas están permitiendo que cada vez sean más las que acudan en busca de ayuda tras haber sido violadas, puesto que «socialmente está mal visto y hay presión social hacia la víctima en lugar de hacia el violador». Estas mujeres no solo pueden haber contraído enfermedades de transmisión sexual sino que en general necesitan atención psicológica por el trauma sufrido, incide.