Mundo africano: los fulani, un pueblo sin fronteras

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África tiene el encanto de lo exótico etnológicamente hablando, por el gran mosaico de pueblos y culturas que para no pocos convierten a esa parte del mundo como un escenario singular, único.

Uno de esos grupos étnicos africanos son los fula o fulani, nómadas por excelencia, cuya lengua (fulfulde) es usada en casi una veintena de naciones.

Les suelen llamar en algunas literaturas como un ‘pueblo sin fronteras’ que se extiende en todo el Sahel desde la costa Atlántica hasta el mar Rojo, en especial en África occidental, donde, junto con los hausa, suman alrededor de 30 millones de personas.

Están presentes en Mauritania, Ghana, Gambia, Nigeria, Sierra Leona, Benín, Guinea Bissau, Camerún, Costa de Marfil, Chad, Togo, Sudán del Sur, República Centroafricana y Liberia, y tan lejos como el Mar Rojo en Sudán y Egipto.

Mientras que en Guinea, Senegal, Malí, Burkina Faso y Níger, constituyen el mayor grupo étnico.

Cuentan que el origen caucásico de los fulani se observa en sus rasgos físicos por el cabello liso, nariz recta y labios delgados, aunque cientos de años de mestizaje con pueblos bantúes han provocado la mezcla y diluido esas características.

De hecho, varias son las hipótesis acerca del origen de la etnia, debido no solo a sus rasgos específicos sino además por las manifestaciones artísticas.

Hay expertos que ubican el origen de los fulani fuera de la tierra africana y los sitúan en el sur del Cáucaso, mientras otros, fijan su procedencia en la región del actual Yemen.

Sin embargo, poseen una lengua clasificada dentro del grupo lingüístico Níger-Congo, lo que para varios especialistas el nacimiento de este pueblo está en las orillas del Nilo.

Al mismo tiempo hay quienes opinan que son el resultado de un mestizaje entre pueblos sudaneses y nómadas del Sahara.

VIENEN DEL SIGLO IX

Los primeros indicios acerca de los fulani se remontan al siglo IX, cuando vivían entre la curva del río Níger y la cuenca del Volta Negro.

Luego, en el siglo XII, emigraron hacia distintas zonas, dispersándose así por toda África Occidental, pero sus mayores focos fueron el macizo de FoutaDjallon, el Valle del Senegal, Macina y la zona que correspondería al actual norte de Nigeria.

Durante los siguientes dos siglos estuvieron bajo dominio del Imperio de Malí, hasta el comienzo de las rivalidades con el naciente de Songhay, que fue uno de los mayores imperios islámicos de la historia.

Son además, los responsables de la introducción y extensión del Islam por vastas zonas de África central y occidental, pues los señalan como uno de los primeros pueblos en adoptarlo como religión y estilo de vida y ahora casi el ciento por ciento es musulmán.

Entre los años 900 hasta nuestros días los fulani viajaron buscando agua y mejores pastos para sus manadas de ganado. Aún hoy, una cuarta parte de los fulani lleva la vida nómada tradicional, afirman los expertos.

De acuerdo con los registros, las principales estructuras de Estados Fulani duraron desde principios de siglo XIX hasta comienzos del siglo XX. Un poder que se consolidó y centró en el norte de Nigeria. Entretanto, las rutas que establecieron en el oeste africano, proporcionaron amplios nexos que crearon lazos económicos y políticos entre los grupos étnicos desde Sudán a Senegal.

En la estación seca, los fulani practicaban la parte nómada de su existencia.

Para no poner en peligro las escasas reservas de agua, los hombres jóvenes dejan a los más viejos, las mujeres, y los niños en el pueblo y toman el ganado en búsqueda de nuevos suministros de agua para cuando llegue la próxima estación de lluvias.

Dos veces al año, los rebaños trashumantes de vacas cruzaban el Sahel y la cuenca interior del río Níger.

Musulmanes devotos y teocéntricos, los fulani conservan costumbres preislámicas como la circuncisión del prepucio y la ablación del clítoris y por ejemplo, para ellos, no hay mayor bendición que tener varios hijos.