Un “muro verde” de miles de kilómetros en África contra la desertificación

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1366_2000El Sahel es una de las regiones más pobres del planeta. Los recursos son escasos. De forma frecuente, se producen hambrunas. Muchas de ellas están provocadas por las carencias alimenticias de una población aún muy dependiente de la agricultura. Al estar cerca del desierto del Sáhara, la zona sufre frecuentes sequías. Cada vez son más abundantes, y el Sáhara, gracias al deterioro de la tierra, a la ausencia de lluvias y al uso excesivo de los recursos naturales de la región, gana terreno. ¿Cómo están luchando los africanos contra la desertificación? Con un gigantesco muro de árboles.

Ok, no exactamente: el Gran Muro Verde africano es algo más. El proyecto data de 2005 y está siendo estudiado e implementado de forma muy lenta y progresiva en todos los países colindantes con el desierto del Sáhara, desde Senegal hasta Djibuti. En total, son once. El objetivo no es tanto plantar una muralla de vegetación como, además de hacerlo, impulsar la recuperación económica y natural de la zona. Es un aspecto clave, dado que permitiría cultivar de forma más sostenible y producir los tan preciados alimentos.

Países como Malí, Chad o Niger son extremadamente pobres, y dependen en gran medida de su sector primario. Pero también son países expuestos a las sequías y a los vientos del Sáhara, y altamente poblados. La agricultura, en un entorno tan delicado, no es suficiente: la tierra se exprime, así como el agua, y el Sáhara, sin barreras naturales que le hagan frente, se hace más grande. Es un círculo vicioso provocado por la actividad humana y por las pobres condiciones climáticas. Al provocar grandes migraciones hacia otras regiones, también es un conflicto de inestabilidad política y social.

De ahí que la Unión Africana se haya tomado el problema muy en serio. Por un lado, se fijaron en el proyecto chino de idénticas características: se llama la Gran Muralla Verde, y pretende hacer lo propio con el desierto del Gobi, un gigantesco vacío de arenas y rocas que ocupa gran parte del norte del país, en su frontera con Mongolia. La idea era aislar al desierto con árboles y vegetación. Sin embargo, se ha enfrentado a numerosos problemas. Entre otros, las escasas reservas de agua de la zona para alimentar a sus nuevos pobladores.

El proyecto africano es mucho más ambicioso. Participan una decena de países, entre ellos Nigeria, una de las potencias demográficas del futuro. Su longitud es de más de 7.000 kilómetros, y su anchura de unos 20, separando las dunas saharianas de los valles subsaharianos, y frenando las tormentas de arena que tanto perjudican a la región (llegan hasta Dakar, bastante lejos del Sáhara). El ecosistema a proteger no sólo permitiría espacios habitables, sino mantener una serie de recursos naturales esenciales para la supervivencia de la población. La franja, alejada de la agricultura, serviría de muro físico.

Se calcula que alrededor de 500 millones de personas viven hoy en día en regiones en riesgo de desertificación. A todo ello, hay que añadir el efecto del cambio climático, que también favorece el proceso.