Misterios Africanos: Los Círculos Namibios

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Fairy CirclesJorge V. Jaime

Múltiples intentos de explicaciones, y el doble de creencias, rodean a los misteriosos Círculos de Hadas, en Namibia, extrañas formaciones geológicas del ecosistema surafricano que provocan a la imaginería popular y retan a la ciencia moderna.

Decenas de miles de estos parches de tierra, de entre dos y 15 metros de diámetro, atraviesan sabanas, desiertos y pastizales desde el sur de Angola hasta el norte de Sudáfrica, pero se ven sobre todo en el valle Marienfluss, en Kaokoveld, Namibia.

Durante más de dos décadas, científicos de casi todas las latitudes han estudiado a Los Círculos. Muchos afirman que son provocados por el trabajo inconsciente de las termitas, pero la tierra ha sido removida en varios hoyos sin que aparezca huella de hormiga alguna.

Algunos catedráticos plantean que el fenómeno es inducido por suelos radiactivos o toxinas secretadas por la Euphorbia Damara, una planta endémica venenosa. Desde luego, tampoco falta el incombustible tema alienígena-extraterrestre.

Otros experimentos refieren que nutrientes esenciales (como el zinc) de la tierra sufrieron una metamorfosis química y causaron que la vegetación no volviera a crecer en el perímetro. Pero tal exégesis derivó en un nuevo catálogo de preguntas para la comunidad científica.

¿Por qué de repente se transformaron los nutrientes? ¿Por qué al sustituir la tierra dentro de los círculos, de todas maneras la hierba no germina en ese espacio?

Pueblos originarios como los bosquimanos o la tribu Himba tienen una interpretación sencilla y pragmática: un dragón llamado Makaveli, que vive abajo de la corteza terrestre, emite un aliento de fuego en forma de burbujas que queman la vegetación en la superficie.

Otras etnias, entre ellas los Kavango, aseguran que son las huellas de los dioses, especialmente de la deidad suprema Mukuru, que tienen poderes espirituales o mágicos, y la mejor variante es no molestar a los círculos, aconsejan.

De esta manera cordial, los nativos resuelven «el misterio», espolean la imaginación de no pocos turistas, y pueden enfocarse en sus trabajos cotidianos de recolección de alimentos, y otros menesteres perentorios, sin dedicar tiempo a profundas reflexiones sobre mineralogía y geofísica.

En una reciente tentativa de explicación, expertos de Nueva Zelanda y Senegal echaron mano a la más sofisticada modernidad tecnológica y le aplicaron a los Círculos de Hadas fotografías en tercera dimensión y triangulaciones satelitales, entre otras novedades digitales.

El resultado de esas pruebas fue el siguiente: nuevos misterios se sumaron a las ya consagradas rarezas relacionadas con las circunferencias terrenales.

De acuerdo con las imágenes de los satélites, y gracias a una serie de comparaciones que demoraron un lustro, se llegó a la conclusión de que los círculos no son creaciones estáticas de la naturaleza, sino dinámicas, que surgen y desaparecen en un periodo de tiempo.

Un hecho es que los anillos de arena estéril, rodeados a menudo por un borde de exuberante césped u otra vegetación natural, flanquean el duro desierto namibio en un cinturón de casi dos mil kilómetros de largo.

Es evidente que la variación en las precipitaciones, la biomasa del suelo y la estacionalidad de la temperatura afectan el radio y el diseño de los círculos en la región sur de África.

Las cuestiones sin resolver tienen que ver con las reacciones del subsuelo, la limitación de crecimiento de las plantas en el área de inhibición, las interacciones de otras especies en la flora y los nexos del círculo con el ecosistema general.

Los botánicos belgas Johannes Batipste y Bastian Nicorjer recomendaron buscar las causas en los patrones de vegetación que surgen de forma natural debido a la competencia entre las gramíneas.

En 2013, el profesor de biología alemán Norbert Juergens regresó a la teoría del hormiguero y anunció que el intrigante fenómeno es en realidad resultado de la complicada ingeniería ecológica del insecto Psammotermes Allocerus, la llamada pulga-arena.

De acuerdo con el especialista, anteriores estudios no habían topado con este pariente de las termitas porque los peritos «estuvieron buscando a la hormiga equivocada en la escena del crimen».

Juergens explicó que la pulga arenera trabaja de modo similar al castor, puede sacar provecho de toda la gama del fenómeno, y administra espacios de tierra, vegetación y agua subterránea en pos de crear un ecosistema privado de alimentos.

La explicación del germano parecía ser la más convincente hasta que un colega se le ocurrió preguntar: ¿Por qué el insecto Psammotermes Allocerus no fabrica las mismas cavidades en Liberia o en las Islas Comores, donde también habita?

El misterio subsiste. Los Círculos están presentes en un tramo remoto e inhóspito en el suroeste del llamado continente negro, a más de 100 kilómetros del pueblo más cercano, por eso no fueron fotografiados hasta 1971.

Viajeros que regresan de Namibia cuentan que empresarios en el Parque Reserva Natural de NamibRand están vendiendo Círculos de Hadas a un precio -dicen- módico de 50 dólares la unidad a un tipo de activista ecológico, conocido como los Ecoturistas.

El negocio consiste en que los compradores no adquieren un título sobre el terreno, sino que «adoptan» a uno de los círculos y luego, cuando regresan a Europa o Asia, pueden comprobar a través de Google Earth el estado de su propiedad y mostrarla a los amigos.

Conociendo estas preferencias contemporáneas, es difícil criticar la teoría del dragón subterráneo que escupe pompas de fuego.