El Serengeti, aliciente de la naturaleza en Tanzania

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SerenguetiJulio Morejón

Cuando el mundo teme una catástrofe medioambiental, sea por desaforados intereses económicos o revanchas políticas, mirar al sur y ver lugares como el Parque Nacional Serengeti, en Tanzania, conmueve a los amantes de la naturaleza.

El Parque Nacional Serengeti es posiblemente una de las reservas naturales más importantes de África y del mundo, razón justificativa para que en 1979 fuera declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad y en 1981 la UNESCO reconociera el espacio Serengeti-Ngorongoro como Reserva de la Biosfera.

Con más de 60 años, esta área es una joven maravilla de la naturaleza, que se extiende sobre 14 mil 763 kilómetros cuadrados en territorio de Tanzania, en África oriental.

Aunque su historia comienza en 1929 al dedicarse unos pocos kilómetros cuadrados a un coto de caza, es de 1951 a 1959 que se le añaden nuevos territorios protegidos hasta llegar a su actual extensión.

Hace un siglo, el británico Stewart Edward White comenzó sus exploraciones en el norte del Serengeti. Para los años 20 ya se había decidido crear una reserva parcial de caza de unos 3,2 kilómetros cuadrados. El establecimiento más completo ocurriría a finales de esa década.

Este Parque se halla en el norte del país, al oeste del gran valle del Rift, al este del lago Victoria y por el norte limita con la Reserva Nacional de Maasai Mara, en la vecina Kenya, país con que Tanzania se relaciona en cuanto a flujos migratorios.

El nombre Serengeti o Serengueti proviene de la pronunciación de la palabra maasai, que describe la región.

En mayo, época de lluvias, cuando todo reverdece las manadas de animales salvajes se trasladan a zonas ubicadas entre Kenya y Tanzania en busca de alimentos.

En el más importante centro de recepción turística del país, se pueden observar aglomeraciones de elefantes, ñúes y cebras, así como búfalos, jirafas, antílopes, hipopótamos, gacelas y kudúes, y depredadores como hienas, perros salvajes, leones y leopardos.

Esa región posee variados ecosistemas, muy ricos y una gran población de mamíferos, lo cual se combina para ser un extenso y maravilloso escenario de la convivencia de la vida silvestre, aunque sin ser un paraíso total, toda vez que allí imperan las reglas de juego de la cadena alimenticia.

PUEBLOS ALREDEDOR DEL PARQUE

Entre los pobladores de la periferia del Parque Nacional, están los pertenecientes a la comunidad maasai.

Con anterioridad, las tierras del Serengeti fueron zonas de pastoreo de la comunidad maasai, un pueblo sahelo-nilótico dedicado a las labores ganaderas en forma colectiva. Crían mayormente cabras y ovejas para consumo, mientras que los vacunos son preservados para el intercambio comercial.

Muchos de los actuales descendientes de ese grupo humano ocupan las fronteras orientales del área, que al oeste están densamente habitadas; en esa zona hubo un gran aumento poblacional, se estima que en los siete distritos del occidente del Parque viven cerca de dos millones de esos residentes.

Los maasai viven tanto en Kenya (unos 860 mil) como en Tanzania (unos 470 mil) y según el sitio digital ikuska.com, en el siglo XIX eran considerados una de las comunidades más agresivas por sus constantes acciones contra los pueblos cercanos para ampliar las manadas de ganado a costa de los vecinos.

“Desde anteriores generaciones son pastores que se trasladan con grandes zancadas y recorren largas distancias en busca de pastos verdes y agua para el ganado, el cual se mezcla con las manadas de ñúes, cebras, jirafas y demás animales que deambulan por las llanuras de la sabana”, apunta el articulista Florián Yubero.

La vida, economía y cultura de ese pueblo están relacionadas directamente con el cuidado del ganado.

INQUILINOS EN EL ÁREA

Los animales salvajes del Serengeti incluyen al león, de cuya especie se estima que en el ecosistema del Parque habiten unos tres mil 500 ejemplares, posiblemente la mayor cantidad de toda África.

El leopardo africano es avistado frecuentemente en la región de Seronera, pero se considera que viva en todo el parque nacional, donde su población puede ser de un millar o algo más.

También se suma a la lista de residentes en el Serengeti los elefantes africanos, que generalmente se concentran en la región septentrional del Parque, no obstante ser piezas predilectas de los cazadores furtivos.

Otro objetivo de la caza ilegal es el rinoceronte negro que los turistas pueden observar en los cerros de la zona central del Parque Nacional. Su población se redujo significativamente, debido a las matanzas realizadas por quienes persiguen sus cuernos para comercializarlo a precios escandalosos, por considerarlos medicamentos y/o afrodisíacos.

El búfalo africano es abundante y con muchas especies en todo el Parque, aunque su número disminuyó debido a enfermedades, según informes técnicos.

La lista de residentes mamíferos es muy extensa y comparten ese hábitat con un gran número de aves, entre ellas flamencos, grullas, palomas, gansos, avestruces, estorninos, cigüeñas, pelícanos y búhos.

Se han catalogado cerca de 350 especies de aves entre las que se encuentran 34 de rapaces, seis de buitres, avutarda de Kori, avestruz, flamenco y tejedores, exponen las fichas zoológicas.

Todas esas especies y más se cobijan en un generoso territorio tanzano que cada año debe enfrentar contrastes ambientales y emprenderla contra la caza ilegal, para el bien no solo de la vida salvaje en las reservas, sino también de la conciencia humana en el respeto a la naturaleza.

Un resumen sobre zonas de interés de la atención a la naturaleza indica que el Serengeti en Tanzania, el Parque Nacional Hwange en Zimbabwe y el Kruger en Sudáfrica, son las tres mayores reservas de vida silvestre de África.

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