Los afroamericanos inventaron mucho más que el semáforo

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Por Antonio Paneque Brizuela

Víctimas del racismo y de la exclusión económico-social, muchos desconocen el ingenio innovador de los afroamericanos y lo recuerdan apenas solo por el invento en 1923 del semáforo, atribuido a Garrett Morgan.

Claro que la creación por él del sistema automático de señales de tránsito, cuyos derechos vendió después a la General Electric, fue en la era moderna el más resonante, visible y popular aporte allí de los emigrantes y descendientes del llamado continente negro.

Morgan (Kentucky, 1877-1963), de educación escolar elemental, pero extremadamente inteligente, redujo con ese mecanismo las intoxicaciones de tráfico, la taza de embotellamientos, los accidentes y la mortalidad.

Patentado en 1923, la primera prueba del entonces rústico aparato manejado a mano con señales rotativas de ‘pare’ y ‘siga’ fue en la esquina más congestionada de Ohio, la intersección entre las calles 9 y Euclid.

La General Electric desarrolló luego el equipo en forma eléctrica, aunque operado de forma manual y lo convirtió en el sistema que todos conocemos: luz roja de pare, verde para avanzar y ámbar como intermedia. La tecnología se encargaría de convertirlo en un aparato automático en sincronización con otros ubicados en calles aledañas.

Inventores y científicos negros Ed. Wanafrica 2014

MÁS INVENCIONES

Pero aunque Morgan creó también la máscara de gas, los miles de afroamericanos que le siguieron rebasan ampliamente esos primeros pasos y, según el manual Científicos negros e inventores, editado en Reino Unido por BIS Publications, comprenden los siguientes:

Benjamín Banneker fue el fundador de los inventos afroamericanos, al hacer el primer reloj del país y después trabajar como asistente del francés La Flan, quien planificó la ciudad de Washington, y, cuando este dejó el país, recordó los planos y fue su definitivo diseñador.

El físico Lloyd Quarterman integró el equipo científico norteamericano que desarrolló el primer reactor nuclear en los años treinta e inició la era atómica en el mundo, mientras Robert E. Shurney, inventó los neumáticos de malla de alambre para el robot de la Apolo XV que alunizó en 1972.

Ernest E. Just estudió la fertilización y la estructura celular del huevo antes de la Primera Guerra Mundial y ofreció la primera visión de la arquitectura humana al explicar cómo trabajan las células.

William Hinton publicó en 1935 el primer libro de texto médico escrito por un afroamericano, basado en una investigación sobre sífilis, mientras Daniel Hale Williams fue el primero en realizar, en 1893, una operación de corazón en un hombre.

El químico Percy L. Julian, ‘uno de los más grandes científicos del siglo XX’, según la revista Ébano, abrió con sus experimentos en 1933 el camino para el tratamiento del mal de alzheimer y del glaucoma.

En 1989, el emigrante nigeriano Philip Emeagwali realizó el cálculo de computadora más rápido del mundo, una operación de tres mil 100 millones de estimados por segundo, aporte que cambió los estudios sobre el calentamiento global y las condiciones del tiempo, y determinó cómo fluye el petróleo en la tierra.

Lewis Latimer, colaborador y dibujante de Thomas Edison, inventó en 1881 la bombilla de filamento de carbono para mejorar la concebida por el primero, lo cual hizo su producción más barata, eficiente y práctica.

Henry Sampson creó las células eléctricas Gamma para la transmisión y recepción de señales de audio por ondas de radio, lo cual inauguró la industria de celulares.

Richard Spikes desarrolló en 1932 la caja de cambios automáticos para automóviles, en tanto George Carruthers ideó en los años setenta la cámara remota ultravioleta que se usó en la misión de la Apolo XVI y permitió la visión de cráteres en la luna.