Encuesta revela dificultades de integración de inmigrantes en Francia y múltiples discriminaciones

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INED«Hay una integración en un solo sentido», con la persistencia de múltiples discriminaciones, declara  Cris Beauchemin, investigador del Instituto Nacional de Estudios Demográficos (Ined) y uno de los autores de este encuesta, realizada con un corpus de 22 personas por el Ined y el Instituto Nacional francés de Estadísticas (Insee).

Por un lado, la inmensa mayoría de los inmigrantes y de sus descendientes se declaran de acuerdo con las frases «Me siento francés» y «En Francia me siento en mi país» (93% para la segunda generación), indica la encuesta, que estudió un amplio abanico de temas (empleo, religión, familia, educación, etc.)

Pero ellos encuentran regularmente el escollo de lo que los autores denominan una «denegación de francesidad», que los remite a sus orígenes.

En efecto, «la francesidad no es atribuida en base a la nacionalidad o a los códigos culturales, como la lengua», sino en base a la visión de «los que se parecen a los franceses» o no, y los primeros a sufrir de ello son los de origen africano, magrebí o asiático, es decir las llamadas «minorías visibles». Los descendientes de europeos no son concernidos.

Más del 50% de los inmigrantes originarios de África, incluso los nacionalizados, «piensan que no son percibidos como franceses. Todo esto produce situaciones de «disonancia» identitaria que «se mantienen, o incluso progresan, a través de las generaciones».

Esto desmonta la teoría asimilacionista que «sostiene que los inmigrantes son víctimas de estigmas pero que después eso pasa. No, no pasa», recalca Beauchemin.

Como consecuencia directa, los inmigrantes de segunda generación se integran menos bien que sus padres. «En todo lo que es sociocultural (familia, lengua…) se asiste más bien a un progreso de una generación a la otra, pero en los aspectos socioeconómicos, en los que hay barreras como la escuela o el empleo, estamos más bien ante una degradación», señala.

El fenómeno afecta en particular a los varones: «varios indicadores muestras que los hijos de inmigrantes ocupan situaciones inferiores a las de los inmigrantes». Con las mujeres ocurre lo contrario, revela la encuesta, que hace hincapié en el papel central de la escuela.

En las «minorías visibles», un tercio de los varones salen del sistema educativo sin diploma secundario. Con esa «terrible penalización en la escuela», se encuentran «en situación sumamente desventajosa en el mercado del trabajo», subraya Beauchemin.

Sin avanzar explicaciones, los investigadores plantean la posibilidad de un «funcionamiento discriminatorio de la institución escolar respecto a los varones en base a sus orígenes».

Aunque en la vida activa las conclusiones son más matizadas, se nota también una inferioridad salarial más pronunciada para los varones que para las mujeres.

Las declaraciones de discriminaciones y de racismo son también «más frecuentes entre los hombres que entre las mujeres», señala la encuesta.

El 47% de las personas de origen africano subsahariano, 32% de las de origen marroquí y 30% de las de origen argelino dicen haber tenido experiencias de discriminación. Y según la investigación, los encuestados tienen más bien tendencia a minimizar las experiencias racistas que a ampliarlas.

Esta investigación, llevada a cabo en 2008 y 2009, no concierne la tercera generación, difícilmente analizable. Sin embargo en «un reto» para una eventual próxima encuesta, ya que es esencial «evaluar la evolución de las desigualdades según el origen», insiste Beauchemin.

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