En Somalia, los primeros proyectos inmobiliarios nacen de las ruinas de la guerra

0
569

MDG : Somalia : Building site in MogadishuMogadiscio, situada a orillas del océano Índico y presentada durante mucho tiempo como una de las ciudades más peligrosas del mundo, goza de una relativa calma desde la retirada de los islamistas shebab a mediados de 2011.

Los todavía habituales ataques de estos militantes islamistas afiliados a Al Qaida no han disuadido a algunos somalíes que se enriquecieron en el extranjero y han vuelto a casa para invertir en el sector inmobiliario.

A unos siete kilómetros de la capital, en una antigua zona rural, las casas crecen como champiñones. En las urbanizaciones de Daru Salaam, se terminaron ya 50 edificaciones y habrá más, según la empresa constructora.

El proyecto, estimado en 20 millones de dólares (18 millones de euros) financiados por el Salaam Somali Bank, se lanzó a principios de 2015 como una contribución a la reconstrucción del país.

«Es un nuevo barrio donde los somalíes podrán comprarse casas a precios abordables para abandonar los lugares superpoblados de Mogadiscio y venir a instalarse aquí con su familia», señala Mohamed Abdullahi Ali, encargado de las relaciones públicas del Salaam.

«Según nuestros planes, vamos a construir 500 viviendas que podrán en primer lugar acoger a 500 familias. A continuación, construiremos otras casas», añade.

En Mogadiscio, decenas de miles de personas obligadas a abandonar sus hogares viven aún en albergues improvisados fabricados con trozos de plástico y tela, a menudo en medio de los edificios destruidos por los combates.

Más de un millón de personas necesitan aún ayuda urgente en un país devastado por la hambruna en 2011, según Naciones Unidas.

Las explosiones de coches bomba y los asesinatos siguen al orden del día. Los shebab controlan todavía amplias zonas rurales, desde donde llevan a cabo operaciones de guerrilla y atentados suicidas en la capital, a pesar de los esfuerzos del gobierno, apoyado por 22.000 soldados de la fuerza de la Unión Africana.

Pero las calles de Daru Salaam ofrecen una visión muy diferente de la ciudad. Para sus futuros habitantes, las nuevas viviendas representan un lugar seguro donde vivir.

«Regresé a esta ciudad para comprar una casa nueva en el barrio de Daru Salaam (…) Las casas están bien construidas», explica Abdiqadar Jimale Roble, de 34 años, que abandonó Somalia rumbo a Suecia a los 12 años. Su país empezaba entonces a sumirse en una guerra civil, a mediados de los años 1990.

«Abandoné Somalia durante mucho tiempo, pero ahora regresé porque todo el mundo necesita su país y porque [Somalia] avanza», explica. «Tenía que tomar parte en estos avances y todo el mundo debería tener una casa en su país».

El sector inmobiliario está considerado también como una oportunidad para algunos de sacar provecho del dinero ganado en el extranjero.

Sadia Sheij Ahmed, que también creció en Suecia tras haber huido de Somalia, ha ayudado a miembros de su familia a comprar casas en Daru Salaam.

«Al principio queríamos comprar dos casas, pero ahora nosotros y nuestros allegados hemos comprado ocho, que deberían estar terminadas próximamente», explica.

Una casa de dos plantas cuesta 130.000 dólares (118.000 euros), mientras que un simple bungaló supone un desembolso de 70.000 dólares (63.000 euros).

Estas sumas siguen siendo enormes en uno de los países más pobres del mundo, con un PIB de 284 dólares por habitante, según el Banco Mundial, si se tienen en cuenta los 1.300 dólares de media en los países del África subsahariana.

No obstante, la urbanización de Daru Salaam se mantiene como un símbolo de los cambios que conoce Mogadiscio.

«La seguridad aquí es muy buena y no hay ningún problema», asegura Fuad Ahmed Warsam, director comercial de la promotora inmobiliaria Daru Salaam, que construye viviendas cuyo nombre significa «casa de paz».

La promotora tiene su sede en el corazón comercial de Mogadiscio, en el mercado de Bakaara, donde tuvo lugar el famoso «Black Hawk Derribado» el 3 de octubre de 1993. Dos helicópteros estadounidenses fueron abatidos y 18 soldados murieron entonces durante esta batalla.

La floreciente actividad comercial del mercado ha hecho olvidar desde entonces las marcas de las balas. Según Warsam, el plan «es construir un nuevo barrio en un buen ambiente y con una arquitectura nueva».