Desde Namibia: Las himba

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namibia-himbasPor Deisy Francis Mexidor

Unas mujeres que sonríen con la piel rojiza y apenas ropa sobre sus cuerpos, atraen en el centro de la capital namibia a los visitantes embriagados de modernidad.

Son las himba, aclaran los lugareños. Forman parte de esa etnia ganadera seminómada que habita en la región de Kaokoland, donde el río Cunene hace de frontera con Angola.

Lo natural para ellos, es lo extraordinario para quienes alucinan al escuchar que las casas las construyen las mujeres; que las vacas son su panacea y que el trenzado del pelo lo deshacen cada dos años.

O cuando relatan que es normal bañarse el día de la boda, que la primera menstruación es motivo de un baile o que la poligamia está admitida para las bien casadas, claro, si los esposos lo permiten.

El jefe de cada tribu es además el líder espiritual y en esto de las parejas se dice que el máximo de tiempo que un hombre puede pasar con la misma esposa sin atender a otra es dos noches.

La mujer himba tiene una piel liza, extremadamente llamativa por el color naranja más bien rojo que les confiere la pasta otjize, una mezcla estética a base grasa y de la resina aromática del arbusto omuzumba.

El preparado lo utilizan para limpiarse y protegerse del clima, así como de las picadas de insectos.

Y cuentan que la tonalidad rojiza de la pasta simboliza la riqueza de la tierra, la sangre, la esencia de la vida en correspondencia con su ideal de la belleza.

Las himba, así, solo con sus variados collares y brazaletes, casi desnudas, parecen felices.

Hasta ahora, quizás, no son tantas sus preocupaciones por los elementos importados, el último teléfono del mercado o la nueva crema contra las arrugas