De lo real maravilloso en Maseru

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MaseruPor Deisy Francis Mexidor

La capital de Lesotho parece sacada de una historia al mejor estilo de lo real maravilloso por su diseño en miniatura y porque nace en medio de un valle rodeado por las montañas Maloti.

Todo aquí es a pequeña escala y eso, a ojos de la visitante, la hace encantadora.

En Maseru, literalmente, hay una sola calle principal y alrededor de ella se encuentran y entrecruzan los hilos que mueven la urbe.

Apenas existen edificios altos, por lo que resultan contrastantes algunas edificaciones como el Letsie Diamond, un banco para guardar diamantes, el Ministerio de Salud o el descomunal Parlamento ubicado en la cima de una colina citadina.

Más allá de eso, no hay nada más alto, «ni la residencia del Rey Letsie III», a juicio de un improvisado guía.

Tampoco abundan los centros comerciales, ni los hoteles� y es cierto, la gente camina como si todo estuviera al alcance de la mano.

La ciudad, de unos 138 kilómetros cuadrados y a mil 600 metros sobre el nivel del mar, se encuentra en un valle poco profundo en el pie de la Hlabeng-Sa-Likhama, piedemonte de las montañas Maloti.

Por eso es difícil tomar una foto en Maseru sin que en un punto de la imagen aparezca una montaña. Solo que las Maloti no son como las tradicionales elevaciones puntiagudas o con laderas acantiladas, por el contrario: son bajas, con formas caprichosas y planas en la cumbre.

Eso es un rasgo distintivo de este país africano. De hecho, la razón para que más allá de sus fronteras el Reino de Lesotho se identifique como el Reino de las Montañas.

Maseru, según su historia, era un pequeño pueblo hasta que el rey Moshoeshoe I lo convirtió en capital de los basotho, en 1869.

Esa condición la mantuvo en tiempos del protectorado británico de Basutolandia, entre 1869 y 1871, y entre 1884 y 1966, año en que obtuvo la independencia y su nombre cambió al actual: Lesotho.

Pese a que es la más poblada del país, es una ciudad de poca actividad, «a las seis de la tarde, después que termina el trabajo, casi no se ve a nadie», afirma la doctora cubana Nancy María Rodríguez, jefa de la brigada de médicos que hace dos años y medio presta servicios en esta nación.

Pero eso sí, hay que asomarse, porque Maseru, tiene unos hermosos amaneceres y atardeceres. Imperdibles.

Ahora, en el invierno austral, apenas una tenue neblina se observa en las mañanas y después el cielo se despeja hasta que cae el sol al final del día con sus mágicos colores.