Paella de cuscús y otras invenciones de la manchega Halima

0
427

Paella de cuscúsPaella cocinada con granos de cuscús, gazpacho a la marroquí, pasteles aliñados con azafrán manchego… Ideas así de originales le han valido a Halima Mourid, la marroquí de La Mancha, convertirse en una estrella en su país al ganar la edición nacional de Masterchef.

Halima llegó en 2004 con veinte años a Ciudad Real, allí se casó y tuvo dos hijas, y como tantos españoles vivió la crisis, el desempleo y los problemas hipotecarios, pero ha sabido superarse gracias a lo que mejor sabe hacer: la cocina y la pastelería.

Adquirió cierta notoriedad en España al quedar finalista en «Deja un sitio para el postre», pero eso no es nada en comparación con lo que le pasa en Marruecos: un paseo con ella por las calles de Rabat demuestra que se ha convertido en un fenómeno mediático y no hay hombre o mujer que no le pida un selfi a esta campeona de las cazuelas.

«Siempre intento partir de lo más tradicional y reinterpretarlo a mi manera, imaginando que esto podría aparecer en la carta de un restaurante de categoría. Mis platos deben reflejar la fusión que yo misma soy, de dos culturas y dos gastronomías», dice Halima en una entrevista con Efe.

En una gastronomía tan rica pero tan tradicional como la marroquí, la audacia de Halima puede ser temeraria, pero supo conquistar el paladar del jurado y ahora todo el mundo le pregunta: «¿Por qué no haces un libro?», precisamente el proyecto en el que se quiere embarcar en 2015.

Halima rompe muchos moldes, porque es una ama de casa que ha terminado sacando adelante a la familia con su imaginación tras quedar su marido en paro; porque habla con expresiones como «comerme el coco» aprendidas gracias a sus muchos amigos españoles y porque no responde al estereotipo de la mujer que se cubre la cabeza con el pañuelo.

«Me siento en parte orgullosa: gracias a mi aparición en «Deja un sitio para el postre», a mucha gente le cambió la idea de la típica mujer árabe: no somos solo las señoras que cuidan a los niños o limpian las casas, (en España) hay muchas árabes como yo, que no tienen que ver con los tópicos».

Relata orgullosa el ejemplo de su marido, que durante los cuatro meses en que ella ha estado subida en la cresta de la ola de la fama gastronómica, él se ha ocupado de sus niñas pequeñas (3 y 8 años), porque «en mi casa los dos cocinamos, los dos limpiamos y los dos cuidamos de nuestras hijas».

Ahora Halima tiene ahora otro sueño pendiente: abrir una «pastelería bien coqueta» que incluya un taller de formación, pero el sueño no se le sube a la cabeza y quiere al mismo tiempo formarse ella misma, pues lo que tiene aprendido ha sido siempre de modo autodidacta y es consciente de que le queda todavía mucho por saber.

¿Qué ha aprendido Halima de la cocina española? A usar las especias de forma más dosificada y a cocinar menos tiempo la carne y el pescado «para que cada ingrediente sepa a lo que tiene que saber».

Pero que nadie crea que ha dejado por ello el gusto por la sazón marroquí: cuando Halima cruza el Estrecho, en coche o en avión, en su maleta viajan más kilos de especias que de ropa, bromea.

No faltarán tampoco algunas hierbas o verduras que en España no se cultivan (variedades de nabos o de calabacín), o el cotizado aceite de argán, mientras que en la dirección contraria el equipaje incluirá los tesoros de La Mancha: el queso de oveja y el azafrán.

Mientras Halima relata su vida con una energía desbordante, los viandantes la interrumpen sin descanso para decirle cuánto la admiran y pedirle un selfi.

«Eres más famosa que un ministro», le cuento, y responde con la expresión bien castiza: «Ya te digo».