Africanas mutiladas por ablación podrán rescatar su sexualidad

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Burkina Faso para reparar el clítorisPor Antonio Paneque Brizuela

La Habana (PL) La apertura en marzo de un hospital en Burkina Faso para reparar el clítoris extirpado por la ablación, puede devolver la sexualidad y la dignidad femenina a 95 millones de mujeres mutiladas por dicha práctica tradicional.

Ese flagelo, sobre el que la Organización Mundial de la Salud estima también que a una mayoría de las africanas se les ha amputado o lesionado esa parte de sus órganos sexuales (un 98 por ciento solo en Gambia en 2008), encuentra por primera vez una solución continental.

Bajo el nombre de Hospital del Placer, algo eufemístico dada las dimensiones aún trágicas del mal, este centro asistencial fue iniciativa de la ONG de origen religioso Clitoraid, dedicada a combatir la ablación, que recaudó los 400 mil dólares requeridos.

La nueva entidad médica, cuyos propósitos develan altos niveles de especialización, fue instalada en Bobo-Dioulasso, la segunda mayor ciudad burkinabé, y atenderá de modo gratuito a féminas de 29 países de África y de Medio Oriente, asegura la revista científica The Lancet.

«Las primeras pacientes con cita ya concertada proceden de Burkina Faso y de otros países de la región como Malí, Guinea y otros más lejanos como Kenia», explica la portavoz de Clitoraid, Nadine Gary, citada por la publicación.

La mutilación genital femenina (MGF) comprende todos los procedimientos de resección parcial o total de sus genitales externos, así como otras lesiones en esas partes por motivos no médicos y es considerada una violación de los derechos humanos de mujeres y niñas.

LA SEXUALIDAD, OTRO SENTIDO HUMANO

El ejercicio de la ablación, cuyo origen moral, religioso, social o tradicional es equiparado con la circuncisión en los varones como forma de iniciación para la vida, no tiene un sustento científico o racional y causó siempre el mayor rechazo internacional.

Es por eso que otro de los objetivos de este hospital es desterrar la rusticidad de esa forma de mutilación y sus secuelas, pues muchas veces esas mujeres buscan ayuda en cirujanos inexpertos, quienes las exponen a operaciones arriesgadas.

En otros casos, las féminas buscan una solución para reinsertarse en la normalidad de su pareja y gastan sus ahorros en Europa o Estados Unidos para rectificar quirúrgicamente un error casi siempre ajeno a su voluntad y atribuible por lo general a sus familias.

«Ellas buscan desesperadamente recuperar su identidad, su dignidad y el placer sexual porque hasta ahora la mutilación genital femenina sólo se ha combatido con campañas de prevención y ninguna otra ONG se ha ofrecido nunca para ayudarlas», comenta Gary.

Según la vocera, uno de los obstáculos para obtener fondos es que entre los posibles donantes existen aún partidarios de la ablación, sobre todo en la región, opuestos a reparar ese mal ancestral con la reintegración de la sensibilidad y el disfrute sexual femeninos.

«La sexualidad debe ser considerada como uno de los sentidos humanos básicos. La ablación es como llevar a nuestros hijos a que les arranquen los ojos u oídos y debemos reaccionar indignados», asegura la jefa del equipo médico del hospital, Marci Bowers.

Para esa médica estadounidense, experta en cirugía reconstructiva, pélvica y ginecológica, y una de las más reconocidas especialistas en operaciones de reasignación de sexo,

lo importante es devolver ese sentido dañado por la mutilación genital.

EL CLÍTORIS ES COMO UN ICEBERG REPARABLE

La técnica de la especialista, que guiará al Hospital del Placer, se basa en la del cirujano francés Pierre Foldes, otro de los asesores del equipo médico del centro, quien describe al clítoris como una suerte de iceberg que conserva raíces tras ser mutilado.

Después de la ablación, en la vulva queda buena parte del tejido nervioso, que se aprovecha para reconstruir esta función y las sensaciones placenteras, de acuerdo con Foldes, quien publicó el año pasado los resultados de su técnica en The Lancet.

Experimentos del científico galo, respaldados y aplicados ahora por Bowers, revelan que, de unas tres mil mujeres operadas (la mayoría de África occidental), el 81 por ciento reconoció mejorías de su vida sexual y el 51 por ciento experimentó orgasmos.

«Es una cirugía delicada -opina la experta estadounidense, cuya lista de espera en su clínica en aquel país supera el año- pero, con todas sus limitaciones, funciona. La ablación no acaba con todo el clítoris, contrariamente a lo que se cree.

«Desconocer eso es un reflejo del desprecio histórico por la sexualidad femenina y la falta de conocimiento del tamaño y extensión de las zonas erógenas de las mujeres», añade.

UN PUNTO POLÉMICO DE ESTE INICIATIVA

Aunque las miras humanitarias de este hospital burkinabé despiertan apoyos y simpatías en el mundo, el hecho de partir de la idea de una ONG creada por los raelianos genera polémica en algunos sectores.

Organización fundada en 1974 bajo la creencia de que la vida en la Tierra fue creada por extraterrestres y que la inmortalidad es posible a través de la clonación, Clitoraid concibió el proyecto del hospital al conocer sobre las citadas técnicas quirúrgicas contra la ablación.

Considerados como peligrosos en Francia y como una simple religión en Estados Unidos, los raelianos consideran el placer sexual uno de sus pilares y reconocen los derechos de las minorías sexuales, por lo que tienen también en su contra a defensores del puritanismo.

Sobre esa polémica, la vocera Nadine Gary aclara que, pese a la buena fe de los raelianos, «contamos con muchas más personas involucradas que no son tales. Este hospital es un lugar para sanar y el proselitismo se queda fuera de las instalaciones».

La cirujana Bowers, por su parte, es aún más mordaz:

«El respaldo raeliano a la iniciativa es noble por la causa que representa. El hecho de que el raelianismo sea una religión extraña o inusual influye tanto en la cirugía como si hubiera sido apoyada por los judíos o por el Sacro Imperio Romano».