Los dátiles egipcios, esa exquisitez multiforme

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Los dátiles, comunes a todos los países árabes, nunca cesan de sorprender, sea en su forma primigenia o en las derivaciones experimentadas hasta hoy, algunas de las cuales resultan en formas muy singulares.

Los egipcios viven orgullosos de sus dátiles, que ingieren todo el año, ya que el fruto está asociado a su vida desde el nacimiento y posee propiedades alimenticias y curativas comprobadas por la tradición y por estudios científicos.

Tanto los aprecian los egipcios que cada año celebran un festival en el cual exponen los platos más tradicionales de los cuales son base o complemento esencial junto a recetas que desafían la imaginación de los comensales.

Si las pirámides y la Esfinge de Giza, que los árabes llaman Abu El Hul, Padre del miedo, y sus espectaculares bailarinas del vientre son símbolos por antonomasia de Egipto, los dátiles son la expresión concentrada de una tradición menos famosa, pero omnipresente.

Los frutos, cuyo cultivo demanda cuidados exquisitos, han sido el alimento de tribus beduinas y símbolo de la austeridad y ascetismo de esos hombres y mujeres que aún trashuman por los desiertos y sobreviven en condiciones cuya aspereza es proverbial.

Todo ello justifica que en Egipto cada año se les homenajee con exposiciones durante las cuales, de humilde fruto, los dátiles se transmuten en platos exquisitos cuya elaboración es un reto al paladar y a la fantasía.

Hace pocos días esta capital fue escenario de una exposición culinaria dedicada a la fruta que, además de festín del paladar, fue un regalo a los ojos y ocasión para el asombro, pues los platos combinaban sabores inesperados, para decir lo menos.

Sirva de botón de muestra uno de los menú: dátiles asados, ensalada de cebollas moradas, nueces, tomates, pimientos amarillos, hojas de albahaca y vinagreta de tamarindo, como segunda propuesta al entrante de dátiles asados y rellenos de queso azul y almendras, rociados con aceite de albahaca.

Para los que llegaban con apetito al final, el plato fuerte fue pierna de cordero asada al carbón saborizada con melaza de dátiles y el fruto en su forma natural acompañado de una guarnición de arroz con azafrán.

Pero no todo fue para los seres carnívoros: a los vegetarianos el chef les ofreció como opción asado de berenjena y dátiles con arroz azafranado, una muestra de la versatilidad del fruto, considerado uno de los más nutritivos por su alto contenido de azúcar, carbohidratos, hierro, potasio y fósforo.

Y por si fuera poco, curan el catarro y se dice que son afrodisíacos, lo que lo coloca casi al nivel de una panacea, el remedio de todos los males.