El fin de la controversia gambiana

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Por Julio Morejón
Luego de las contradicciones por el resultado de las elecciones presidenciales, la crisis postelectoral gambiana cedió tras la mediación de dos gobernantes africanos: Alpha Condé (Guinea) y Mohamed Abdelaziz (Mauritania).

Gambia celebró sus comicios presidenciales a finales del pasado año y el vencedor de esa consulta debía ocupar la jefatura del Estado el 19 de enero pasado, lo cual aceptaron los jefes políticos que acudieron a la competencia, un acuerdo orientado a mantener la tranquilidad ciudadana.

Ese entendimiento perduró durante la campaña electoral pero el 1 de diciembre, cuando los votantes acudieron a las urnas, el pacto ya no resultaba tan vigoroso y de hecho se despedazó cuando se conocieron los resultados de la justa, que fueron favorables al jefe de la oposición, Adama Barrow.

Si bien al principio el presidente derrotado, Yahya Jammeh, reconocía el triunfo de su rival, poco después rechazó las estadísticas del escrutinio y presentó una demanda ante el Tribunal Supremo, en la cual se refería a la existencia de irregularidades en el proceso electoral

Según el mandatario saliente, su rechazo a los resultados de los comicios obedecía a lo que identificó como nivel sin precedentes de participación extranjera en las elecciones de Gambia, y por consiguiente sugería la realización de otra votación con la legalidad requerida.

Un acto que tensó la cuerda fue cuando Adama Barrow juró su cargo en una ceremonia en la embajada de Gambia en Senegal; esa acción evidenció que el ganador de las elecciones hacía valer el derecho que le otorgaron los resultados en las urnas y que no iba a transigir con ardides burocráticos.

Además, el hecho de que el acto de juramento presidencial ocurriera en territorio de Senegal, país que rodea al suelo gambiano, mostró el apoyo de Dakar al pequeño vecino a fin de que se cumpliera el ciclo postelectoral, es decir, la posible transición que seguiría a la salida de Jammeh.

ESTALLA LA CRISIS

Quince días antes del plazo previsto para la entrega del poder, el mandatario saliente recibió el apoyo castrense; el jefe del Ejército, teniente general Ousman Badjie, le reafirmó su lealtad, pese a la situación de posible intervención militar si este continuaba con su rechazo.

En su mensaje de Año Nuevo, el militar publicó en el periódico Daily Observer, que renovaba a Jammeh ‘el juramento de lealtad y apoyo inquebrantables de las Fuerzas Armadas de Gambia’, subrayado por otras fuentes políticas en el curso de la crisis postelectoral.

Pero líderes de la región de África occidental advirtieron que los 15 miembros de la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental (Cedeao) tomarían las medidas necesarias y ‘harán valer los resultados de unos disputados comicios’ realizados el 1 de diciembre.

La situación respecto a las decisiones sobre los órganos relacionados con el escrutinio también tomó matices de tensión; la propia Comisión Electoral Independiente (CEI) de Gambia recibió una amenaza de ataque y debió cerrar y cesar sus actividades de modo temporal.

Así se mantuvo la CEI hasta que el gobierno ordenó el regreso del ente a sus labores, tras determinar que era incierto el peligro de que desconocidos atentaran contra la seguridad del edificio, y cuya cuyo acto intimidatorio incluía perpetrar un incendio.

‘Dado que la amenaza disminuyó, la sede de la CEI se volverá a abrir, pero habrá presencia de seguridad visible alrededor de sus instalaciones’, subrayó un comunicado del Ejecutivo, mientras que ganaba fuerza la negativa del presidente saliente de no abandonar el poder.

A mediados de enero -con toda la prensión que ya se experimentaba- el Parlamento de Gambia aprobó la declaración del estado de emergencia hecha por el gobernante saliente, Yahya Jammeh, y que le autorizaba a permanecer tres meses más en el poder, a la vez que la legislatura también se extendía por otros 90 días.

En ese ámbito, miles de ciudadanos emprendieron el éxodo ‘para proteger sus vidas’ en caso de que ese proceso desembocara en enfrentamientos mortales como los ocurridos en 2010 en Costa de Marfil, cuando acaeció el conflicto entre el presidente saliente, Laurent Gbagbo y el entrante, Alassane Dramane Ouattara.

Si en el caso de la crisis marfileña la presencia de las fuerzas de Naciones Unidas (Onuci) y del destacamento francés ubicado en el país resultaron decisivos parea sellar el conflicto, en ese caso a favor de Ouattara, en la cuestión gambiana el protagonismo militar correría a cargo de Senegal y Nigeria, integrantes de la Cedeao.

Por su parte, la Unión Africana (UA) demandó al presidente saliente de Gambia, Jammeh, respetar el resultado de las elecciones y transferir el cargo al vencedor, Barrow, además le solicitó la renuncia pacífica y advirtió las posibles graves consecuencias que podría conllevar su actual comportamiento si continuaba la crisis.

La UA, a través de su Consejo de Paz y Seguridad, declaró que ‘a partir del 19 de enero de 2017, el presidente saliente Yahya Jammeh dejará de ser reconocido por la UA como gobernante legítimo de la República de Gambia’.

Esa declaración de la UA desde la capital etíope, Addis Abeba, donde está su sede, sucedió a la llegada a Banjul, la capital de Gambia, de un equipo de mediación de África occidental liderado por el presidente nigeriano, Muhammadu Buhari, para abordar el tema, pues su estancamiento político mantenía preocupada a la subregión.

MEDIACIÓN EFICIENTE

‘Se ha tomado la decisión de no permitir que el presidente saliente de Gambia permanezca en el poder, y ello ocurrirá por medio de una intervención, a menos que renuncie’, declaró una fuente militar nigeriana al referirse a la posición decidida y que podría concretarse con una operación para restaurar la democracia.

La operación se perfilaba como un acto que frenaría todo desacato respecto a la disposición relativa el 19 de enero, faltaba apenas tiempo para intentar un arreglo entre las partes en conflicto.

Por ese entonces fructificó el último esfuerzo mediador realizado por los presidentes de Mauritania, Mohamed Abdelaziz, y de Guinea, Alpha Condé, quienes le propusieron Jammeh posibles opciones, como era el exilio en un país que él escogiera, informó a la prensa en Conakry el ministro de Estado Kiridi Bangura.

Esas gestiones diplomáticas funcionaron y el 21 de enero, a bordo de un Falcón, acompañado por el presidente guineano Condé, Jammeh partió rumbo a Guinea Ecuatorial, destino de su exilio, y así se disolvió la crisis política; solo restaba el retorno de Barrow a Banjul.

Guinea Ecuatorial confirmó que concedió asilo al exgobernante de Gambia, mientras que en Senegal, el presidente entrante anunció su regreso en breve a su país, con lo cual se sellaron varias semanas de tensión política.

En cuanto a la solución del dilema, el secretario de la ONU, António Guterres, calificó de encomiable la gestión mediadora de la Cedeao: ‘La Comunidad (…) mostró una lección para el mundo; ese bloque fue líder frente a la contención del pueblo gambiano ante posibles conflictos’.

Guterres agregó que ‘el mundo necesita pasar de la gestión de las crisis a la prevención de ellas en primer lugar’.