Sahara Occidental: Dados trucados y cartas marcadas

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Por Julio Morejón 

La cuestión del Sahara Occidental reforzó su vigencia cuando el Consejo de Seguridad, a finales de abril, decidió prolongar hasta octubre la labor de la Misión de la ONU para el referendo en ese territorio africano, la Minurso.

Transcurrieron 44 años de la frustrada descolonización de ese territorio y de persistencia de una ocupación ilegal perpetrada por el Reino de Marruecos, respaldado por sus aliados: Francia, Estados Unidos y España, la metrópolis concluyente.

Es evidente que perpetuar la ocupación de territorios de la actual República Árabe Saharaui Democrática (RASD) constituye un proyecto neocolonial con el cual se pretende desconocer la realidad histórica de un pueblo, cuyo ideal de autodeterminación apoya la mayoría de los Estados africanos.

Parte sustancial de esa solidaridad la expresó la Comunidad de Desarrollo de África Austral (SADC) en la reunión al máximo nivel que sesionó recién en Johannesburgo, Sudáfrica; antes fueron las cumbres de la Unión Africana (UA) y de otras organizaciones.

Lo anterior evidencia que el tema del Sahara Occidental continúa en el radar mundial, y más cuando se pretende consumar una violación del derecho internacional que es la explotación de las riquezas de un país ocupado, tema que la RASD trasladó a las autoridades judiciales pertinentes.

DADOS TRUCADOS 

Hasta ahora, las propuestas de realizar actos de justicia responsables respecto al asunto de la independencia del Sahara Occidental fueron bombardeadas, también los planes de definir mediante referendo el interés de la población saharaui sobre el destino de su suelo ilegalmente ocupado.

Para trastocar la trama del proceso de liberación, en 1975 Madrid echó a tierra la posible emancipación del llamado Sahara Español, cuando pactó con Marruecos y Mauritania -a espaldas de la guerrilla saharaui- el control del semidesértico territorio rico en fosfato y cuya costa es inmensa fuente de recursos pesqueros.

Cuando aquello, aún se dudaba de la existencia de petróleo en esas zonas y el enorme potencial que significa la presencia de bolsones de aguas fósiles; lo que reforzaba el pensamiento geoestratégico de Rabat en tiempos de Hassán II era el fosfato, con cuya explotación el reino se beneficiaba directamente.

El interés anexionista se hizo evidente con la llamada Marcha Verde de 1976, en la cual se lanzaron oleadas de marroquíes acompañadas por el Ejército para ejecutar un acto de surrealismo político, ‘colonizar’ un territorio habitado, a lo cual le correspondería la aceptación occidental como irreversible hecho consumado.

Esto es rechazado por el Frente Popular de Liberación de Saguía al Hamra y Río de Oro (Polisario), creado en 1973, factor político-militar que centra la resistencia a la usurpación alauita. La ONU considera a esa organización el legítimo representante del pueblo saharaui y a Marruecos como potencia ocupante.

Esa es la compleja ecuación que gravita desde hace muchos años sobre la población del Sahara Occidental, para la que su independencia representa un imperativo rechazado por el Reino, a la vez que persisten sus maniobras con Occidente para diluir el reconocimiento de los derechos de la RASD.

Pasaron los años y el juego siguió siendo fraudulento, los dados continuaron trucados para demorar aún más una solución al drama saharaui, una comunidad africana víctima de la doctrina de Rabat y, detrás de Marruecos, de otros componentes de la política internacional.

Pese a que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea decretó en 2018 una vez más que Marruecos es un territorio separado del Sahara Occidental, la Comisión Europea y el Parlamento Europeo ratificaron con Rabat dos nuevos acuerdos en enero y febrero pasados que incluyen la explotación de los recursos saharauis.

‘Entre enero y febrero de este año se ratificaron dos acuerdos comerciales entre la Unión Europea y el Reino de Marruecos -sobre productos agrícolas y pesca y otro sobre pesca- los cuales, por su alcance extraterritorial en la soberanía del Sahara Occidental, son no sólo violatorios del derecho comunitario europeo sino de la ley internacional’, precisó el analista Axel Plasa en Voltairenet.org.

CARTAS MARCADAS 

La República Árabe Saharaui Democrática se enfrenta a un proceso de incidencia mundial. Sufre una amenaza anexionista bifronte, por una parte el interés alauita y por la otra la negativa de potencias capitalistas a cumplir las decisiones descolonizadoras de la ONU.

Las propuestas incluidas en los planes Baker (1 y 2), las negociaciones posteriores al cese del fuego firmado en 1991, el cual dio paso a la Misión de Naciones Unidas para el Referendo en el Sahara Occidental (Minurso), no allanaron definitivamente el camino para la independencia añorada.

Así, los sucesos en 2010 del campo de refugiados de Gdeim Izik, en el campamento de Agdaym Izik y más tarde en El Aaiún y otras localidades y luego en Smara, evidenciaron la vigencia del conflicto, al cual intereses extracontinentales quieren restar importancia y cuya solución sería la independencia de la última colonia africana.

El conflicto por la soberanía del Sahara Occidental es también parte de un póker mundial -en época de la globalización neoliberal y neoconservadora-, en cuya mesa los contrarios a su emancipación juegan con las cartas marcadas.