Orgullosamente africanos

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Por Ángel Villa Hernández*

En el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española aparece la acepción de orgullo definida como un ‘sentimiento de satisfacción por los logros, capacidades o méritos propios o por algo en lo que una persona se siente concernida’.

En consonancia con lo anterior, el sano orgullo nacional es un sentimiento humano enaltecedor cultivado por centurias y que merece todo el respeto.Cuando esa emoción se ensancha más allá de las fronteras nacionales, como es el caso de África, el valor añadido es mucho mayor.

Lamentablemente, en las Américas no ocurre igual, pues por diversos factores históricos y de otra naturaleza, la denominación de americanos solo han quedado injustamente relegada al norteño territorio que bordean México y Canadá.

Existen diversas teorías sobre el origen del nombre África que van desde los romanos, los fenicios o los griegos hasta la India. Todas aluden a características presentes en esas tierras que fueron base para su apelativo, muchas de las cuales perduran hasta nuestros días.

Del Cairo al Cabo y del Índico al Atlántico, todos los que se encuentran en ese entorno e incluso fuera de fronteras, son considerados africanos. En número, los 1,3 mil millones de africanos constituyen el 15 por ciento de la población mundial.

El africano suele destacar con orgullo su condición de ciudadano de ese continente. Como parte del proceso histórico de clasificación racial derivado de la posición hegemónica de la blanquitud, ha perdurado un erróneo estereotipo que apunta a que todos los africanos son negros, aunque sí lo es la mayoría de sus habitantes.

Sin embargo, los blancos, asiáticos y mestizos que nacieron allí o que lo adoptaron como suyo, se sienten también profundamente africanos.

Ese es un ser humano como cualquiera de otro continente. Aun cuando en otras latitudes haya quien pretenda innovar sobre los orígenes del homo sapiens y por ende de los suyos, la realidad no deja lugar a dudas sobre su ubicación en África. Esa noción de madre nutricia ha contribuido a ensalzar para bien,el ego de los africanos.

Durante siglos, los africanos fueron condenados a servir de fuerza de trabaja esclava y a sufrir otras formas de explotaciónen los que se les privó de los más elementales derechos humanos incluida la necesaria instrucción.

En todas las épocas, cuando han existido las condiciones mínimas o necesarias para que los africanos desarrollaran su intelecto, se han constatado resultados fabulosos en su actuar equivalentes a los de cualquier otro ser humano del mundo.

Para que los no africanos logren entender actitudes y posiciones de los africanos, es necesario tratar de aproximarse a su psicología. El africano tiene sus costumbres, tradiciones y maneras de interpretar los fenómenos de la vida y hasta del más allá.

En África se aplica el espíritu o la filosofía de Ubuntu, palabra de la lengua bantú que significa humanidad y que es frecuentemente interpretada como ‘yo soy porque nosotros somos’. Así, ser africano es sinónimo de gente sencilla, noble, solidaria emprendedora y alegre por naturaleza a pesar de sus penurias.

El africano de a pie, que es la mayoría, no es un gran ahorrador, pues generalmente viven ‘al día’ y proclaman que hoy están vivos y que ya se verá mañana.

Ellos disfrutan las relaciones sociales en el marco de su comunidad y son bien conocidos por sus aptitudes para la danza y el canto, pues como se dice, llevan el ritmo en la sangre. De cualquier material sacan un sonido acústico y si no, usan sus manos.

La resistencia del africano es proverbial, demostrada en la vida diaria al realizar duros trabajos o desplazarse largas distancias a pie, con frío en la madrugada en muchos lugares o soportando las increíblemente altas temperaturas de los desiertos.

El deporte se les da bien, sobre todo las disciplinas que exigen de un buen aguante como el fútbol o las carreras de resistencia. Este es un sector donde África brilla incomparablemente por sí misma aunque también otros lo hacen gracias a ella.

El africano es muy creyente y se perciben públicamente altos grados de devoción. Asirse a la religión para muchos implica un acto de fe infinita en sus dioses, que a veces es ciega.

Ser africano es una bendición y cuando esas seis letras soplan libres al viento, se ensancha el pecho por ellas: A F R I C A.

*El autor es el Embajador de Cuba ante la Unión Africana


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