Mozambique, la paz en tres intentos

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Por Julio Morejón

La razón se impuso y empezó a mejorar el ambiente político, con lo cual se reanudó de inmediato el proyecto de reconstrucción de Mozambique, como primer resultado de la reciente firma del acuerdo de paz.

El pacto, por tercera ocasión, colocó en el escenario subregional africano el caso de ese país de la lusofonía, rico en historia y tradiciones culturales, independiente desde 1975, y que la metrópoli hizo todo lo posible para conservarlo bajo el estatus colonial.

Portugal con sus funcionarios en Lorenzo Marques (luego Maputo), el empleo de mercenarios, apoyado por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y de la Sudáfrica del apartheid, se aferró a ese territorio ubicado estratégicamente en la porción suroriental del continente.

En su geoestrategia, Lisboa contaba con Mozambique para su ruta comercial este-oeste, con el uso de trenes que viajaban desde Angola, en la costa occidental africana hasta el puerto de Beira, en la oriental.

El país africano, cuna de los patriotas Eduardo Chivambo Mondlane (1920-1969) y Samora Moisés Machel (1933-1986), dio otro paso en la unidad nacional, más allá de las diferencias políticas e ideológicas del gubernamental Frente de Liberación de Mozambique (Frelimo) y la opositora Resistencia Nacional Mozambicana (Renamo).

Ambas fuerzas políticas, que hasta la década de los años 90 del pasado siglo encarnaron roles principales en África en el ámbito de la Guerra Fría, firmaron el 6 de agosto un nuevo pacto que deberá sellar definitivamente uno de los conflictos más antiguos del continente.

El 25 de septiembre de 1964 Mondlane, al frente del Frelimo, emprendió la lucha armada por la emancipación contra el colonialismo portugués y le sucedió Samora Machel, quien declaró la independencia el 25 de junio de 1975, luego de que la Revolución lusa de los Claveles de abril de 1974 resquebrajó la estructura institucional opresora en ultramar.

Sin embargo, el camino hacia la total soberanía pasaba por la lucha entre el Frelimo y la Renamo, un instrumento de desestabilización patrocinado por la Organización Central de Inteligencia de Rodesia (actual Zimbabwe), constituido a finales de 1975 contra el gobierno de Machel y que hasta 1990 recibió el respaldo del régimen sudafricano del apartheid.

En círculos de la Inteligencia se consideraba a la Renamo un ‘ejército sustituto de Rodesia’ y entre los grupos nacionalistas una punta de lanza en su contra; esa facción constituyó por mucho tiempo un instrumento para enfrentar lo que Pretoria y Salisbury identificaban como la avanzada del comunismo en África austral.

Las garras del sistema segregacionista sudafricano en más de una ocasión golpearon a Mozambique, tanto con las operaciones contra las bases y figuras del Congreso Nacional Africano (ANC) como con su implicación en el atentado contra el avión presidencial que resultó un magnicidio, en 1986.

Horace Campbell valoró en Pambazuka News que: ‘El asesinato de Machel fue la cumbre de la guerra terrorista contra el pueblo de Mozambique, llevada a cabo por el régimen del apartheid con el apoyo de las fuerzas neo-conservadores de Estados Unidos. Hasta hoy, la historia completa del terrorismo de la Renamo no ha sido desvelada’.

Para historiadores, la Sudáfrica racista traicionó el ideal de paz de Samora Machel, tras la firma en 1984 del Acuerdo de Nkomati, un tratado por el cual ese régimen se comprometía a retirar el apoyo a la Renamo en una guerra civil que esta desató en 1977, la cual se calcula causó más de 900 mil muertos y desplazó a cinco millones de personas.

El Acuerdo de Nkomati con Mozambique era una farsa que Sudáfrica no tenía intención de respetar.

‘A pesar de que los líderes de los dos países estaban estrechando la mano, los suministros estaban siendo enviados a Renamo. Pretoria reforzaba su base Casa Banana en Gorongosa. Y cuando Casa Banana fue capturada por Frelimo un año después del acuerdo, los documentos dejados atrás mostraban que Machel había sido engañado’, indicó la periodista-investigadora sudafricana Debora Patta.

Las posiciones eran claras: Mozambique apoyaba la lucha del ANC contra el apartheid y militaba en la Línea del Frente con Angola, Zimbabwe Zambia, Namibia; el apartheid nunca abandonó a su aliado -comandado primero por un exindependestista, André Matsangaissa, y desde 1979 por Afonso Dhlakama, quien murió el año pasado.

Esa crisis político-militar preocupó internacionalmente y su solución requirió gestiones facilitadoras de la Organización de la Unidad Africana (OUA), la Línea del Frente y la comunidad cristiana de San Egidio. En 1992 se logró el primer acercamiento entre el Frelimo y la Renamo, y la firma de los Acuerdos Generales de Paz.

SEGUNDO INTENTO 

Sin embargo, la Renamo se declaró en insurrección directa entre 2013 y 2017 -en un período que Mozambique cumplía dos décadas de pluripartidismo-, lo cual restó fundamento a la esencia anticomunista de la facción, a la vez que evidenció sus ansias por el poder y su interés en desbancar al Frelimo, partido que nunca perdió las elecciones.

‘Entre 2013 y 2016 Mozambique estuvo en crisis, oscilando entre la guerra y las negociaciones. Los ataques y enfrentamientos armados entre el gobierno de Frelimo y el partido de oposición Renamo tuvieron lugar casi a diario (…) Oficialmente, el gobierno y la mayoría de los medios mozambiqueños hablan de ‘crisis político-militar’ o ‘tensión político-militar’.

Medios independientes y analistas hablaron más bien de ‘tensiones armadas’, ‘guerra’, ‘guerra silenciosa’, dijo Eric Morier-Genoud en Protoguerra y negociaciones. Mozambique en crisis, 2013-2016.

Durante esa etapa la guerra no fue un proceso completo y totalmente abarcador, más bien resultó un conflicto de alcance limitado, en el cual las acciones se concentraron principalmente en el centro del país, donde afectó a las provincias de Manica, Sofala, Tete y Zambezie; el número de bajas fue de cientos, y los desplazados una docena de miles que se trasladaron a Malawi y Zimbabwe.

Morier-Genoud recuerda que la Renamo se mantuvo durante ese tiempo activa en el Ejército y el Parlamento, así como sus representantes estuvieron en conversaciones con el Gobierno desde que se inició la contienda, pero ya en septiembre de 2014 las partes firmaron un acuerdo de paz, lo cual suspendió la disputa por varios meses.

‘Desde la Navidad de 2016, una tregua ha estado vigente y una nueva ronda de negociaciones ha comenzado a principios de 2017’, recuerda el autor, pero en 2018 la Resistencia Nacional Mozambicana concentró sus efectivos armados en la sierra de Gorongosa, y rechazó la jurisdicción gubernamental sobre la zona, así como se registraron incidentes armados, hasta que el Ejército le desalojó y sometió.

TERCER INTENTO 

‘Con este acuerdo venimos a decir que podemos entrar en desacuerdo, pero que siempre recurriremos al diálogo para resolver nuestras diferencias’, declaró el pasado 6 de agosto el presidente mozambiqueño, Filipe Nyusi, cuando junto al jefe del partido Renamo, Ossufo Momade, firmó en la Plaza de la Paz el tercer acuerdo de paz desde 1975.

Naciones Unidas, la Unión Africana y la Comunidad de Desarrollo de África Austral (SADC) acogieron con beneplácito la firma del pacto de paz mozambiqueño y el propio secretario general de la ONU, António Guterres, subrayó el compromiso de su organización para hacer duradero el proceso de reconciliación previsto.

Se presume que con el cumplimiento de ese acuerdo disminuirán las tensiones y traerá tranquilidad al país, que se prepara para celebrar comicios generales, aunque de un tiempo a esta parte ese Estado sufrió ataques de supuestos grupos radicales de confesión islámica.

Recuérdese que en el territorio mozambiqueño habita 18 por ciento de ciudadanos que profesan la religión de Alá y su profeta Mahoma.

La región septentrional del país sufrió una serie de ataques que preocupan a las autoridades y se atribuyen a un denominado grupo Al Shabab de Mozambique (no confundir con el de Somalia).

Aunque el impacto de esas agresiones no son notables, hacen notar que la seguridad nacional corre peligro, sin descartar que se trate de una estratagema para crear una situación de conflicto por los recursos del país.

En el momento que se encuentra una posibilidad de acceder a la paz, emerge un elemento de tensión como parte de un sospechoso plan de mantener estancada las posibilidad romper el círculo vicioso del subdesarrollo.

Pese a ello África dio a Mozambique kanimambo (las muchas gracias, muy agradecido en la lengua nacional changana) por este tercer intento de paz.