Los miedos por Lula libre

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Por Osvaldo Cardosa

Nada es más cierto que una justicia con miedo ingenia cualquier peligro para justificar su temor.

Tal apotegma se apreció en toda su dimensión cuando el Supremo Tribunal Federal (STF) de Brasil negó en la tarde del 25 de junio dos habeas corpus para conceder la libertad al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien cumple prisión política desde el 7 de abril de 2018.

En principio, la solicitud para analizar ambos recursos, presentados por la defensa del exdirigente obrero, había sido aplazada, pero de manera sorpresiva el asunto apareció en agenda del STF.

La jueza Carmen Lucia Antunes aceptó el pedido del abogado Cristiano Zanin Martins, representante de Lula, para tratar con urgencia las dos acciones jurídicas que procuran excarcelar al exjefe de Estado.

Tras cinco horas de deliberaciones, la sala segunda del Supremo determinó que el exsindicalista permanezca preso hasta agosto, cuando nuevamente será analizado un habeas corpus.

En el expediente de 73 páginas se pide la liberación de Lula teniendo en cuenta que el exjuez y ministro de Justicia y Seguridad Pública, Sérgio Moro, quien lo condenó en primera instancia en 2017 por supuestos hechos de corrupción, actuó con parcialidad en el proceso.

Casualmente cuando se votaba en el STF, el periodista y abogado estadounidense Glenn Greenwald disertaba en la Comisión de Derechos Humanos y Minorías de la Cámara Diputados sobre los artículos publicados desde el 9 de junio en el sitio digital The Intercept.

Desde esa fecha, el portal saca a la luz pública, de manera intermitente, conversaciones, chats, audios y mensajes entre Moro y fiscales de la operación anticorrupción Lava Jato para coordinar e incriminar a Lula, pese a la carencia de pruebas para enviarlo a la cárcel.

La publicación, que obtuvo las grabaciones a través de una fuente anónima, pone al desnudo como Moro orientó, alertó y estimuló al procurador Deltan Dallagnol, al frente de Lava Jato, durante los procesos contra el exmandatario.

Por lo que muestran los trabajos periodísticos, Moro, Dallagnol y sus compinches actuaron de manera concertada para crear una farsa judicial y fraguar acusaciones con la finalidad política de impedir el casi seguro triunfo de Lula en las elecciones presidenciales de octubre.

Los contenidos del grupo de periodistas, liderados por Greenwald, también responsable de los documentos publicados en 2013 de Edward Snowden, exagente de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de Estados Unidos, muestran como la Lava Jato no resulta una acción jurídica, sino una operación política fuera de la ley.

Greenwald, su familia y parte del equipo del sitio recibieron amenazas online desde la publicación del primer reportaje de la serie, alertó el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés).

Pese a todas esas evidencias que desacreditan a Moro y ponen en duda su imparcialidad, los cinco ministros del STF, con más miedo que justicia, votaron tres contra dos y no aprobaron el recurso para liberar al fundador del Partido de los Trabajadores (PT) y, de acuerdo con encuestas, el mejor presidente en la historia reciente de Brasil.

Al respecto, la presidenta del PT, Glesi Hoffman, afirmó que el voto en el Supremo ‘ya tiene una victoria porque puso a debatir la parcialidad del exjuez Sérgio Moro’.

Señaló que el exmetalúrgico ‘fue juzgado porque se está haciendo cada vez más evidente que ese proceso no tuvo la sinceridad que debería tener’.

Denunció que ‘un juez que debería ser limpio y escuchar el caso era el jefe de la acusación, del Ministerio Público. Moro orientaba lo que debía hacer la operación Lava Jato y articulaba con la prensa para condenar al expresidente’, remarcó.

Según la legislación brasileña, está prohibido que el juez aconseje a cualquiera de las partes, acusados o defendidos, durante el juicio.

Comentaristas políticos indican que una victoria y por ende la libertad de Lula por un dictamen del STF hubiera abierto la caja de los demonios del Gobierno de Jair Bolsonaro y la pérdida de control del proceso político por parte de los militares.

Para la depuesta exgobernante Dilma Rousseff (2011-2016) , ‘Lula ya no es una persona, es una idea, un símbolo de cómo terminar con la vergüenza de Brasil, su pobreza, su desigualdad y la pérdida de soberanía’.

Cuando en una ocasión se le preguntó al expresidente por qué el sistema responsable de su arresto ‘tiene miedo de Lula libre’, respondió: ‘Ellos saben que mi liberación es parte importante de la reanudación de la democracia en Brasil. Pero son incapaces de convivir con el proceso democrático’.