Feminización del desarrollo

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La importancia de promover la igualdad entre mujeres y hombres es un elemento fundamental de los procesos de desarrollo. Las ONG en sus proyectos de cooperación y también las Administraciones y algunos organismos internacionales toman medidas para promover la equidad de género. Sin embargo, aún queda un largo recorrido para que los cambios en la manera de trabajar y hacer cooperación, den lugar a logros significativos.

La perspectiva de género se hace imprescindible al comprobar cómo los procesos macroeconómicos tienen mayor impacto sobre la vida de las mujeres que las intervenciones de la cooperación, siendo ellas las más afectadas por los efectos sociales negativos de la creciente deuda externa y las políticas de ajuste estructural. El concepto de feminización de la pobreza describe el predominio de las mujeres entre los pobres.

La planificación a partir del rol reproductivo de las mujeres ha tenido consecuencias negativas. Así lo afirmaba la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) en su Unidad Mujer y Desarrollo. En décadas pasadas los programas de asistencia social o bienestar se basaron en la supervivencia de la familia, la función maternal de las mujeres y luego el control demográfico y la planificación familiar. Años después, las feministas desde las agencias internacionales buscaron la visibilidad de las mujeres destacando su valiosa contribución a la producción, a la economía. Se destacó la necesidad de mecanismos redistributivos que les permitiera participar en los beneficios y de ahí surgió la estrategia denominada MED (Mujeres en el Desarrollo).

Considerando a la mujer como una fuerza de trabajo efectiva y barata, se ha popularizado en las agencias de cooperación internacional una que tiende a maximizar la contribución económica de las mujeres, y no a generar más justicia para ellas. La intervención actual se basa en las relaciones de género (estrategia GED, Género en el Desarrollo). En este modelo de desarrollo las mujeres no son vistas como sectores vulnerables ni pasivos, ni como recursos útiles, sino como agentes activas de cambio, por lo que tienen derecho a diseñar las estrategias y políticas de desarrollo, como en la planificación, gestión y evaluación de los proyectos, y de integrarlas en los espacios donde se toman la decisiones que les afectan.

Es necesaria una mayor concienciación sobre la perspectiva de género en el desarrollo, la situación problemática en que viven muchas mujeres y que no ha sido solucionada por las intervenciones de cooperación, clarificar ciertos conceptos y adquirir una actitud crítica.

La organización Ayuda en Acción ha planteado varios interrogantes y retos: ¿Por qué no se conoce la situación real de injusticia que sufren las mujeres en determinadas zonas en desarrollo? En ocasiones no se ofrecen datos separados de hombres y mujeres para describir la situación de las zonas o no revelan datos significativos para combatir las situaciones de inferioridad que sufren las mujeres. ¿Por qué se realizan proyectos concretos de género? Debería considerarse un eje transversal ligado a los demás ámbitos de trabajo. ¿Cómo hacer compatible la eliminación de las desigualdades de género con las creencias y tradiciones culturales? Ambos aspectos se deben integrar y complementar. ¿Por qué las niñas imitan los roles tradicionales asignados a las mujeres? También el enfoque de género en la cooperación debe ir más allá de estos roles tradicionales que, en muchas ocasiones, se reproducen. ¿Por qué la igualdad de género no es una tarea asumida por toda la sociedad? Todos los actores que participan directa o indirectamente en el mundo de la cooperación y la sociedad en su conjunto deben implicarse.

Para la consecución de estos retos es imprescindible propone la educación para el desarrollo. Se trata de difundir una perspectiva de género -que no es hablar de hombres y mujeres como seres contrapuestos, ni siquiera como iguales- sino que supone dar importancia a los valores y actitudes característicos de cada género, alejándonos de las caricaturas fáciles y superando los estereotipos y prejuicios.

María José Atiénzar

Periodista