Tensiones más allá del idioma en Camerún

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Por Julio Morejón

Profesionales de las regiones anglófonas de Camerún comenzaron a protestar en 2016 contra lo que identificaban como su marginación ante el uso del idioma francés, y las manifestaciones desataron una crisis aún palpable.

El foco del debate socio-económico suscitado con el gobierno de Paul Biya, uno de los antiguos presidentes africanos en ejercicio, se extendió y las demandas de integración y desarrollo de la minoría angloparlante se hicieron cada vez más sólidas y adoptaron un componente armado.

Yaundé desconoció las quejas, rechazó dialogar con los demandantes y disolvió las manifestaciones con el uso de la fuerza policial; todo ello disparó las tensiones y creó un ámbito favorable para el desarrollo de guerrillas separatistas que dicen representar a los ciudadanos de habla inglesa, un quinto de la población camerunesa.

La situación de seguridad en las zonas anglófonas se deterioró y hoy se calcula que operan allí alrededor de una decena de grupos armados antigubernamentales, algunos de los cuales solicitan con urgencia el reconocimiento internacional de la llamada República de Ambazonia.

El criterio secesionista está grabado en la historia del país que en 1960 obtuvo la independencia y en 1961 el sur anglófono se reunificó con las comunidades francófonas para formar la República de Camerún, pero el norte de habla inglesa optó en cambio por unirse a la vecina Nigeria.

Las disconformidades aumentaron cuando en la década del 70 se descubrieron yacimientos de petróleo y desde esa época genera contradicciones formales entre las influyentes exmetrópolis y Estados Unidos, que respalda a Londres en el asunto que se dilucida en territorio africano.

Hoy Francia se pronuncia por mantener su cooperación militar con Camerún, pese a la decisión estadounidense de limitarla por lo que considera graves violaciones de los derechos humanos perpetradas por las fuerzas de seguridad en zonas de mayoría anglófona y la región del extremo norte.

Mientras París justifica su postura con las viejas relaciones establecidas después de la Primera Guerra Mundial, Washington asume un extrañísimo papel de doliente, cuando generalmente es el máximo portador contemporáneo de las doctrinas políticas más abyectas, tanto contra países africanos como contra el resto del mundo.

Quizás la mascarada de la administración estadounidense con respecto a Camerún es una bravuconada contra los franceses o tal vez una táctica para tratar de mejorar su imagen de cara a los países africanos con el propósito de convencerlos de algo en que no creen como es, por ejemplo, la bondad del Comando Africano (Africom).

La disputa persiste, el conflicto ‘lingüístico’ camerunés gana preeminencia en la opinión pública, la situación va hacia una guerra larvada, con la cual se trata de definir una preponderancia que hiede a neocolonialismo del siglo XXI y en el cual Estados Unidos admitiría la alianza con Francia para enfrentar la avanzada china en África.

PETRÃ’LEO 

‘El Camerún dependiente del petróleo es cada vez más un centro regional clave, con carreteras y puertos que son vitales para los países vecinos sin salida al mar, como Chad y la República Centroafricana’, destacó Pauline Bax en un artículo difundido en el sitio digital Bloomberg.

La existencia de fuentes de crudo también constituye un elemento a tener en cuenta en lo que acontece en Camerún, un Estado con fronteras con Nigeria, el primer productor del hidrocarburo en África, precisamente la llamada República de Ambazonia es el área que limita con ese país.

Existen hipótesis relativas a que lo que ocurra en esa región de la cuenca del lago Chad, incluyendo las acciones terroristas de Boko Haram y otras facciones armadas, se vincula con el control de las fuentes energéticas.

Resulta aventurado y poco juicioso referirse a la articulación de un complot, cuyo objetivo es explotar las diferencias ‘idiomáticas’ para redistribuir zonas de influencia y obtener grandes tajadas, de las cuales los perjudicados solo recibirán exiguas migajas, porque aunque sean los protagonistas de disturbios serán las víctimas de la violencia.

Cierto que es arriesgado llegar a conclusiones, pero esa resulta una de las ventajas del ser humano: especular entre variables para diseccionar fenómenos y construir hipótesis que en alguna medida pueden responder a interrogantes frecuentemente surgidas en el ambiente político africano, en el cual todo es más complejo de lo que aparenta.

En el espacio de la francofonía, Camerún era considerado un país muy estable, con un crecimiento económico significativo, pero en su interior todo no compaginaba con su proyecto de Estado-nación, pues comparte parte de su territorio con una población angloparlante. Algunos observadores estiman que esa quinta parte de la población camerunesa cultiva el germen de la guerra civil, pero sin restarle importancia al vaticinio de una contienda de gran envergadura, hay que contar también con factores que pueden mediar y evitarla, aunque Naciones Unidas ya se refiere al conflicto en el este y el sureste del país.