Sahel: grupos extremistas ponen en jaque la seguridad

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Por Oscar Bravo Fong

Líderes africanos coinciden en la necesidad de concertar esfuerzos para erradicar la violencia en la conflictiva región del Sahel, donde en los últimos meses se desataron oleadas de ataques armados por grupos radicales.

Según datos aportados en una reciente cumbre de representantes de gobiernos de países del llamado Grupo G-5 Sahel, en Estados de esa área geográfica como Mali, Burkina Faso y Níger, en 2019 perecieron más de cuatro mil civiles debido a las embestidas de entes extremistas y el auge de la violencia intercomunitaria.

La cifra de occisos resultó elevada en ese lapso, al tenerse en cuenta que tres años antes (2016), ocurrieron en la zona 770 decesos violentos de civiles, de acuerdo con datos de Naciones Unidas.

En el caso específico de Burkina Faso, el número de muertos se elevó de unos 80 en 2016 a más de mil 800 el pasado año, lo que demuestra un ascenso considerable de la actividad de agrupaciones radicales armadas.

Las milicias insurgentes islamistas, las cuales tienen en jaque la seguridad en el Sahel, en su afán de extender sus dominios realizan frecuentes asaltos contra instalaciones militares y objetivos civiles, lo que dispara las alarmas a nivel de organismos como la Unión Africana (UA) y Naciones Unidas.

Esos radicales realizan diversas acciones armadas para apropiarse de material bélico, e incursionan además en ilegales actividades como la minería y el comercio de otros recursos naturales en busca de financiamiento, apuntaron documentadas fuentes.

G-5 POR REFORZAR COOPERACIÓN

El mencionado foro del G-5, que integran junto a Mali, Burkina Faso y Níger, Mauritania y Chad, valoró, por otro lado, que ante la degradación de la seguridad en esos Estados africanos, afectados también por la inseguridad alimentaria y problemas socioeconómicos y ambientales, se impone reforzar la colaboración en la lucha contra formaciones radicales.

Tal llamado ocurre cuando numerosas voces alertan que como consecuencia del aumento de la insurgencia en el área también miles de personas, entre ellos niños y mujeres, resultaron desplazadas de sus comunidades de origen.

Los elementos extremistas siembran además el terror en poblaciones locales, donde de forma sistemática practican robos y secuestros de personas a cambio del pago de rescates, entre otras infracciones, según denuncias de organizaciones humanitarias.

Ante pedidos de acciones para paliar la actual crisis humanitaria en estados como Burkina Faso, derivada de la actual situación de violencia, la Unión Europea realizó a ese país un donativo de 11,5 millones de dólares, al que se suman diversas contribuciones.

Sin embargo, no pocos actores políticos consideran que para erradicar el problema de la inseguridad en ese y otros países de la demarcación se requiere la aplicación de un enfoque integral que priorice un efectivo combate contra el hambre y la pobreza.

Para ellos las contribuciones humanitarias puntuales y el uso de la fuerza militar no son soluciones duraderas que solventen la crisis en naciones del Sahel, sino que los gobiernos deben trazar una estrategia que promueva en esa zona la estabilidad, la cohesión social y el desarrollo inclusivo.

Precisamente en julio de 2018, en el marco de una reunión Cumbre de la UA, Naciones Unidas presentó un plan de desarrollo para la región del Sahel.

Dicho programa, el cual se implementa, promueve la paz en el área, la inclusión social, el empoderamiento de las mujeres y los jóvenes, la preservación del clima y el impulso de las fuentes renovables de energía, entre otros ejes temáticos.

FUERZAS MULTINACIONALES CONTRA EXTREMISTAS

En medio de la aplicación de valiosas iniciativas de ese tipo en el Sahel, cuyos países sufren aún los efectos de la dominación colonial Occidental, por otro lado, en Mali fuerzas multinacionales se unieron con el fin de combatir a grupos radicales que operan en la zona.

Dichas tropas, agrupadas en la Misión Multidimensional Integrada de Naciones Unidas en Mali (Minusma), ente constituido en 2013 por el Consejo de Seguridad de la ONU, tienen como propósito apoyar a los ejércitos locales en las tareas de seguridad y estabilización.

Pese a la intensa actividad de los ejércitos nacionales y la Minusma, la cual dispone de unos 13 mil efectivos, aumentaron las acciones violentas de los grupos insurgentes y milicias islamistas, los cuales operan, sobre todo en el norte y centro maliense.

Resulta oportuno apuntar que en la región del Sahel, incluida Mali, participan en la supuesta cruzada antiterrorista más de cuatro mil 500 militares franceses, los cuales se mantienen en la zona pese al creciente rechazo popular ante la presencia de esa fuerza.

En medio de la compleja situación regional, el enviado especial de Naciones Unidas para el África Occidental y el Sahel, Mohamed Ibn Chambas, consideró recientemente que en los últimos meses la zona experimentó ataques terroristas devastadores.

Al igual que otros expertos, el funcionario de la ONU coincidió en que el foco geográfico de esas embestidas por elementos extremistas se desplazó hacia el este desde Mali y a Burkina Faso, lo cual pone en riesgo la estabilidad de los estados costeros de África Occidental.

Como factor de inestabilidad social en África, y en particular en la vulnerable región del Sahel, las facciones radicales no sólo amenazan la vida de miles de civiles, sino que en aras de subsistir tienen documentadas conexiones con el crimen organizado y el tráfico de armas.