Pueblo misak en Colombia derriba símbolo de esclavitud

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Por Odalys Troya Flores

El derribo de la estatua del colonizador y esclavista Sebastián de Belalcázar por el pueblo misak en el Morro de Popayán, en el Cauca, es considerado en Colombia un hecho histórico, aunque algunas personas lo criticaran.

La presidenta nacional de Movimiento MAIS, Martha Peralta Epieyú, expresó que el pueblo indígena misak al derribar dicha estatua el pasado 16 de septiembre, reivindicó la memoria de ancestros asesinados y esclavizados por las élites y, además, es una señal de protesta por la crisis que sufre.

El pueblo misak declaró culpable al esclavista de genocidio, despojo, desaparición física y cultural a las comunidades originarias. ‘Que el clero y la política criolla heredera del legado genocida, sepan que nunca nos han vencido y estamos aquí’, refiere el texto.

Asimismo Hollman Morris, analista y exconcejal de Bogotá, señaló por medio de su cuenta en Twitter que la acción fue en rechazo a la ola de asesinatos contra líderes indígenas en el departamento del Cauca.

El periodista Jose Guarnizo recordó en tanto que para fundar ciudades, Sebastián de Belalcázar arrasó, mató y exterminó comunidades indígenas.

‘La estatua que derribaron los misak es una buena oportunidad para revisar los símbolos y esa historia ‘épica’ que nos mostraron en las escuelas’, instó Guarnizo, fundador de Vorágine, Periodismo Contracorriente.

‘Dónde estaba la estatua del negrero esclavista Sebastián de Belalcázar, en una pirámide que nuestros ancestros le daban la bienvenida al sol, a la luna y estrellas, pero vino este señor y los mató, los robó y esclavizó. Hoy cae este señor y así hayan pasado muchos años’, expresó por su parte el usuario en Twitter Lengua Popular.

Para este y otros pueblos originarios de Colombia, Sebastián Moyano y Cabrera, alias Sebastián de Belalcázar, cometió delitos como genocidio, despojo y acaparamiento de tierras, desaparición física y cultural, tortura por medio de técnicas de empalamiento.

Mientras los aplausos por el sorpresivo acto inundaron las redes sociales, con el video representativo incluido, también proliferaron voces racistas que tildaron a esta comunidad ancestral de ignorante y otras que se pronunciaron por mantener el símbolo de la estatua.

Algunos opinaron que el pueblo debió reunirse y decidir qué hacer con dicha estatua y otras similares en distintos puntos del país que recuerdan la época de la colonización y la esclavitud por los europeos.

PUEBLO MISAK O GUAMBIANO O GENTE DEL AGUA

Acerca de la existencia del pueblo misak en Colombia existen varias versiones y una de las más expandidas es la que refiere que llegó desde Ecuador y Perú como población al servicio de los españoles, teoría basada en los registros del cronista Antonio de Herrera.

Según esas crónicas, fue el propio Sebastián de Belalcázar quien llegó a la región y trajo a representantes de esa comunidad originaria a su servicio.

Otra hipótesis señala que antes de la llegada de los españoles, en el valle de Popayán convivían diferentes pueblos indígenas que formaban unidad política en la Confederación Guambiano Coconuco, la cual compartía territorio, cultura y lengua con el objetivo común de defenderse de otros pueblos que amenazaban su territorio; el promotor de esta alianza se conocía como el cacique Pubén.

La anterior teoría se relaciona con otra que plantea que existió una sociedad denominada Puhenses o Pubenenses, integrada por indígenas habitantes de territorios aledaños al valle de Popayán, conocido todavía como Pubén y de quienes descenderían los misak, refiere la Organización Nacional Indígena de Colombia.

Añade que los grupos indígenas del valle del Popayán, dentro de los que se encontraban los misak, resistieron fuertemente la conquista española, la cual se inició en el año 1535 bajo el comando de Belalcázar.

Hacia finales del siglo XVI ya habían sido conquistados, e incorporados en la estructura socioeconómica colonial, que transformó drásticamente su cultura y diezmó demográficamente sus comunidades.

El mito sobre el origen de este ancestral pueblo afirma que ‘a veces el agua no nacía en las lagunas para correr hacia el mar sino que se filtraba en la tierra, la removía, la aflojaba’ y producía derrumbes.

Estos dejaban grandes heridas en las montañas, de las que surgieron los humanos, raíces de los nativos, nacidos del agua arrastrada y ‘venidos en los restos de vegetación’.

Los derrumbes eran nacimientos o ‘partos de agua de los Pishau, de los guambianos, ‘gigantes sabios que comían sal de aquí, de nuestros propios salados, y no eran bautizados. Ellos ocuparon todo nuestro territorio, ellos construyeron… antes de llegar los españoles’.

Por esas leyendas también a los misak se les llama gente del agua. Su cosmogonía se estructura en un sistema dual: lo masculino y lo femenino, lo caliente y lo frío, el sol y la luna. Las plantas, los árboles, los accidentes geográficos y la ‘madretierra’, además, guardan espíritus que pueden ser benéficos o maléficos.

El murbik, curandero guambiano, es la persona que conoce las plantas medicinales y curativas, previene enfermedades y actúa como intermediario entre los hombres y los espíritus, guiando el alma de los muertos a su nueva morada.

El curandero practica la ceremonia de limpieza o Pishimaruk, destinada a restitución del equilibrio social y biológico perdido y en ese ritual usan plantas consideradas ‘calientes’ como la coca y el maíz.

La lengua de este pueblo es la namtrik, la cual pertenece a la familia lingüística Chibcha. Aunque actualmente la mayoría hablan español y el bilingüismo es un hecho generalizado, se resisten a perder su idioma.

En la cultura misak la tierra y el trabajo colectivo están estrechamente ligados por lo que se considera un pueblo agrícola y sus productos varían de acuerdo con la altitud: en las zonas bajas cultivan maíz, mientras que en las partes altas se cultiva papa y cebolla.

Ante la extensión de la frontera agrícola, están cultivando en el páramo, donde funciona la técnica tradicional guambiana de cavar surcos verticales para aprovechar la humedad de la zona.

Este pubelo se concentra en el departamento del Cauca, donde habita el 91,3 por ciento de la población (19 mil 244 personas), seguido por el departamento del valle del Cauca con el 3,5 por ciento (728 personas), y por el Huila con el 3,3 por ciento (698 personas).

Estos tres departamentos concentran el 98 por ciento poblacional de este pueblo y en total los misak representan el 1,5 por ciento de la población indígena de Colombia. En tanto, en las zonas urbanas vive el 8,7 por ciento (mil 840 personas).

Para Feliciano Valencia, senador por el Movimiento Alternativo Indígena y Social, el derribo de la estatua del esclavista insta a descolonizar el pensamiento y reconstruir la historia desde los ancestros y desde la verdad.

‘Es un reto para construir un nuevo país ante la histórica tiranía. Como pueblos originarios seguimos resistiendo al olvido, el despojo y el exterminio’, subrayó.

‘Cae un símbolo de 500 años de humillación y dominación a los pueblos originarios. Mis respetos para los hermanos y hermanas misak. Como Estado pluriétnico y multicultural otras simbologías deben florecer y adornar el paisaje libertario’, expresó Valencia, indígena nasa, defensor de la Vida, el Territorio y la Madre Tierra.