Pinceladas de la historia de los Juegos Panafricanos

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Por Yasiel Cancio Vilar

Los Juegos Panafricanos están inmersos en su decimosegunda edición, sin embargo, cuando miramos atrás, observamos una vasta historia de acontecimientos relevantes que marcaron los destinos de esta competición multideportiva.
El certamen regional cobró vida en 1965 en Brazzaville, la capital de la República del Congo, con la presencia de 30 países y apenas 10 deportes convocados, tras recibir el visto bueno -y la consiguiente certificación- del Comité Olímpico Internacional.

En esa edición, Egipto -aun con el nombre oficial de República Árabe Unida- dominó el medallero general por países con 17 títulos y comenzó a erigir así una dinastía deportiva continental que se extiende hasta nuestros días.

Cuatro años después, los Juegos debieron celebrarse en Bamako, pero fueron anulados estrepitosamente por un golpe de estado en la capital de Malí, por lo que no hubo más Panafricanos hasta 1973.

Para esa fecha, Nigeria asumió la responsabilidad y la ciudad portuaria de Lagos ejerció de vedette para las 36 naciones participantes. Una vez más, Egipto llenó sus alforjas con la mayoría del oro puesto en disputa y se reafirmó como la gran potencia del área.

Ya en 1978, Argelia acogió la justa multideportiva y sobrevino una de las grandes sorpresas: Túnez se impuso, contra todo pronóstico, en el cómputo final por países.

Es válido recordar que la delegación de Egipto, ganadora de los dos primeros Juegos Panafricanos, fue retirada del certamen por su Gobierno, tras ocurrir una pelea masiva en un partido de fútbol entre egipcios y libios, en la cual debió intervenir la policía argelina para ponerle fin a la violencia.

La siguiente edición debería haberse realizado en 1983 en Nairobi, la capital de Kenia, pero primero se aplazó para 1985 y luego para 1987, y en ese ínterin Marruecos fue expulsado de los Juegos -y de la Unión Africana- por su diferendo político y territorial con la República Árabe Saharaui Democrática.

Esos Juegos de Nairobi y los siguientes de El Cairo 1991 fueron ganados por Egipto, que hasta ese momento mantenía una hegemonía brutal en el mal llamado continente negro.

En ese certamen de 1991 entró por primera vez a los Juegos la delegación de Sudáfrica, la cual había sido separada desde la fundación de los Panafricanos por haber patrocinado la política fratricida del Apartheid, que para entonces ya era historia.

En Harare 1995 y Johannesburgo 1999, el potencial de los atletas sudafricanos salió a relucir con fuerza y catapultó a la nación austral hacia lo más alto del medallero por países en ambas ediciones, relegando a Egipto.

Para esa época, los Juegos ya incluían 20 deportes y la cantidad de atletas rondaba los seis mil, casi el triple de los implicados en la versión madre de 1965.

Nigeria volvió a albergar los Juegos en 2003 -en esa ocasión en Abuya- y sorpresivamente se llevó la mayor cantidad del oro repartido, al superar 85 títulos por 80 a Egipto.

Más adelante, Egipto regresó al trono tras imponerse en Argel 2007 y Brazzaville 2015, mientras Sudáfrica dominaba la edición de Maputo 2011.

Los faraones egipcios también mandan en el medallero histórico por países con saldo de 548 metales dorados, 406 plateados y 408 de bronce, bien distantes de Nigeria (424-395-380) y Sudáfrica (361-336-270), aunque debemos destacar que los sudafricanos solo participaron en seis Juegos Panafricanos, mientras los dos primeros fueron a 11.

Tras regresar a la Unión Africana en 2017, Marruecos asumió el compromiso de integrarse a los Juegos continentales y su implicación con el proyecto fue tal que obtuvo la sede de 2019, luego de que Guinea Ecuatorial renunciara a organizarlos por problemas financieros.