Mutilación femenina: cuando la tradición traspasa los límites

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Por Laura Becquer Paseiro

Las activistas africanas Mary Oloiparuni, Asha Ismail y la embajadora de Buena Voluntad de ONU Mujeres, Jaha Mapenzi Dukureh, no se conocen, mas comparten una dolorosa experiencia: sufrieron la mutilación genital.

A Mary Oloiparuni la mutilaron cuando tenía apenas 13 años. Su historia, publicada en la página del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), recuerda que una mañana la agarraron en la puerta de su casa y le cortaron sus genitales aludiendo a la ‘pureza’.

El dolor, la hemorragia y las cicatrices persisten casi 20 años después en la memoria de la joven.

Junto con Asha y Jaha, Mary forma parte de las 200 millones de niñas y mujeres de entre 15 y 49 años son víctimas del ‘tradicional’ rito de iniciación a la madurez practicado en comunidades étnicas y religiosas de al menos 30 países, principalmente africanos.

La mayoría se concentra en tres países: Egipto, Etiopía e Indonesia, mientras que en Djibouti, Guinea y Somalia la circuncisión femenina es algo ‘generalizado’, según los datos más recientes de Unicef.

El informe lamenta que Somalia y Sierra Leona carezcan de legislaciones contra la ablación, aun cuando es prohibida por instrumentos como el Protocolo de Maputo firmado en 2003 por casi todos los países y que vela por el fin de dicho procedimiento.

Las condenas contra este tipo de violencia de género varían en cada país y van desde los cinco años de prisión hasta cadena perpetua o trabajos forzados de por vida.

Las autoridades de varios países se quejan que muchas veces se arresta a sospechosos de practicar la ablación, pero no son sentenciados por falta de pruebas.

Otros, como el director de la organización Amref Health África, Githinji Gitahi, sostienen que la mutilación femenina está muy arraigada ya en la idiosincrasia y representa para muchas familias la salida de la pobreza.

Cuando las niñas pasan a ser mujeres adultas -hecho consumado tras ser mutiladas, según la creencia- los padres obtienen una dote al casarlas, señala Gitahi, quien lidera totalmente la mayor organización internacional sanitaria de gestión africana.

Es por ello que condenar dicha práctica no es de interés muchas veces, añadió.

Ismail, otra de las víctimas, denuncia el ‘politiqueo’ con el tema y que las multas o incluso la cárcel debe llegar no solo a quienes la practican, sino también a los padres por ofrecer a sus hijas como botín de guerra.

Por su parte, la embajadora de buena voluntad para África de ONU Mujeres, Jaha Mapenzi Dukureh, denuncia en cada oportunidad que ‘cuando fuerzas a una niña a casarse, estás dando el derecho al hombre a violarla cada día’.

La gambiana, víctima de ablación y obligada a casarse desde muy joven, reclama también que son urgentes nuevas políticas para proteger el futuro de millones de niñas expuestas hoy a dicha práctica.

A veces, muchas de estas mujeres corren con mejor suerte como la kenyana Nice Nailantei Leng’ete, quien a los ocho años huyó para evitar la ablación y es considerada como una de las personas más influyentes por la revista Times.

La activista considera que la mutilación genital representa el fin de los estudios para las niñas, el matrimonio infantil y a veces, hasta la muerte.

Leng’ete es firme cuando sostiene que ‘es una violación de derechos humanos de las niñas y perpetúa un ciclo vicioso de inequidad de género’.

ACELERANDO EL CAMBIO: EL PROYECTO UNICEF-UNFPA 

Los analistas consideran que el compromiso de los Gobiernos no es suficiente aun para frenar esa práctica, cuyas consecuencias son recordadas cada 6 de febrero a nivel mundial.

El llamado a la acción para contrarrestar la ablación es parte del plan ‘Acelerando el cambio’ presentado en 2008 por la Unicef y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa).

Este promueve políticas y leyes de tolerancia cero, trabaja con profesionales de la salud para eliminar la mutilación genital y para que estos ofrezcan asistencia a las víctimas, acorde con las páginas web de ambas organizaciones.

Desde su presentación, se aprobaron normativas que abarcan la prohibición de la ablación en 13 países y más de tres millones de niñas y mujeres accedieron a servicios de prevención, protección y tratamiento.

Igualmente, cerca de 34 millones de personas en más de 21 mil comunidades declararon públicamente su rechazo contra la mutilación.

El propósito es erradicar por completo dicha práctica en 2030 y para ello los activistas de ambas organizaciones, con el apoyo de la comunidad internacional, trabajan permanentemente desde las comunidades.

Son muchos los mitos a derribar, las fronteras que desdibujar y las vidas que salvar para que nacer mujer deje de ser un problema en muchas partes del mundo, tal y como denuncian diariamente miles de activistas.

Los testimonios de estas africanas exponen también los peligros de cuando la tradición traspasa los límites para volverse una práctica sin ningún tipo de beneficio para la salud y una marca psicológica permanente en la vida.