Luanda deja de ser de las más caras, pero Angola se encarece

0
297

Por Roberto Hernández Solano

Después de liderar de 2013 a 2015 y en 2017 la lista de las ciudades más caras del mundo, Luanda aparece hoy en el lugar 26 en momentos en que Angola tiende al encarecimiento.

En 2016 la capital angoleña perdió el lugar de ‘honor’ en el ranking de los sitios más caros para extranjeros a favor de Hong Kong, pero al año siguiente lo recuperó. Ya en 2018 ocupó la sexta posición y ahora descendió 20 lugares para abandonar el top 10, que ahora dominan urbes asiáticas (Hong Kong, Tokio…).

Sin embargo, el país africano -con 29 millones de habitantes y 52 por ciento de pobreza- comienza a vivir una espiral de incrementos en servicios públicos que se unen al ya elevado costo de la vida, principalmente por la alta importación de bienes y servicios.

El deficiente servicio de agua fue el primero en observar un incremento de los costos para los clientes, que en el caso de Luanda y con la misma escasez del líquido vieron como sus facturas pasaban de ocho dólares a casi 20.

Ahora el día 15 se espera el aumento de las tarifas de la electricidad, que en promedio subirán 97 por ciento.

Las autoridades dijeron que se intentó proteger a los consumidores de menos ingresos con tarifas más bajas, que se elevan en función de los consumos.

Tal cambio en los precios forma parte de las exigencias del Fondo Monetario Internacional (FMI) con su programa de financiamiento ampliado, que en tres años dará al país 3,7 mil millones de dólares (ya entregó mil 248 millones de dólares), y que ya algunos líderes empresariales calificaron de dañino a la larga para el país.

De hecho, serán las empresas las más afectadas con el precio de la energía, pues algunas deberán pagar tres veces más por similar cantidad. No hay que pensar quién pagará al final la cuenta…

Para las autoridades del país, incluido el presidente Joao Lourenzo, los acuerdos con el FMI y el Banco Mundial resultan menos onerosos que los suscritos por el país en el pasado con garantía en el crudo (segundo productor del continente).

A ello habrá que sumarle el anunciado aumento en el costo de los combustibles, en una fecha aún no especificada.

Cierto es que los precios de un litro de gasolina (47 centavos de dólar al cambio oficial) y otro de gasóleo (39) son de los más baratos en África, pero también los salarios mínimos son bajos (de 48 a 93 dólares al cambio oficial y de 33 a 65 si se calculan con los valores del prohibido pero tolerado mercado paralelo).

Unido a ello, el gobierno reconoce 28 por ciento de desempleo, una cifra que entidades no gubernamentales (incluidos centros de investigación de universidades) sitúan en 42, con particular incidencia sobre los jóvenes.

Como es lógico un incremento de los precios en la electricidad y en los combustibles genera un efecto cascada sobre todos los demás sectores.

Al final, para los bolsillos nacionales o extranjeros poco importa que Luanda se encuentre ahora en el lugar 26 de las urbes más caras del mundo, porque vivir en Angola es cada vez más costoso.