Intensas precipitaciones, demasiada sal sobre las heridas de Etiopía

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Desde abril último, antes de comenzar la temporada de lluvia aquí, Etiopía sufre intensas precipitaciones que hasta hoy afectaron al menos a 470 mil personas, aseguran fuentes oficiales.

Para el país, inmerso en el enfrentamiento a la Covid-19 y a una de las mayores plagas de langostas del desierto de su historia, parece el derrame de sal sobre una herida infectada.

Este mayo los aguaceros alcanzaron valores máximos y provocaron inundaciones, muertes, desplazamientos, problemas sanitarios y deterioros económicos, aún sin cuantificar completamente.

Daños a infraestructuras interrumpieron servicios básicos y dificultan las gestiones para socorrer a ciudadanos en Afar, Harar, Región de las Naciones, Nacionalidades y Pueblos del Sur, Ogadén y Dire Dawa (ciudad con estatus especial), los territorios afectados.

Asimismo, la inflación general alcanzó el 23 por ciento en abril, la más alta desde 2012, y los precios de alimentos aumentaron un 26 por ciento, según informes del Programa Mundial de Alimentos.

El gobierno etíope colocó en su agenda, como prioridad, la preparación para la próxima temporada de lluvia, y este sábado en encuentro virtual, el viceprimer ministro etíope, Demeke Mekonnen, alertó acerca de ese particular.

Mekonnen avisó de las posibilidades de que ocurran más inundaciones y su posible influencia en la situación sanitaria, e instó a las autoridades regionales a establecer con rigor las medidas para reducir sus perjuicios y la transmisión de la Covid-19.

Esas y otras precauciones, opinan expertos, parecen insuficientes para evitar la vuelta de tuerca que supondrá la estación lluviosa para los actuales y perennes desafíos del país.

Etiopía registra mil 63 enfermos de Covid-19, pero los últimos nueve días reportó 664, explosión preocupante sobre todo por el incremento entre personas sin viajes al exterior o contactos con casos confirmados.

De acuerdo con la Comisión Nacional de Gestión de Riesgo de Desastres, el impacto de la pandemia ya dejó sin empleo a unas cinco millones de personas en el país, donde 25 millones de habitantes viven debajo del umbral de pobreza.

Por otra parte, sufre la peor infestación de langostas del desierto en 25 años. Los enjambres proliferan en sus territorios y es probable que pronto crezcan excesivamente debido a las próximas lluvias.

Observaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura certifican que estos insectos arrasaron cultivos en más de dos mil kilómetros cuadrados y causaron la pérdida de 356 mil toneladas de cereales.

De un golpe, las intensas lluvias favorecieron la proliferación de langostas del desierto, una amenaza para la seguridad alimentaria de millones de personas, y entorpecieron la prevención y detección de la infección.

Además, reclamaron movilización de recursos humanos, desembolsos del erario público, donaciones y otros esfuerzos que, cuando menos, obstruyen programas humanitarios.

El propio Mekonnen dijo que junio traerá más precipitaciones intensas. Ello supone mayor proliferación de langostas del desierto, al decir de especialistas.

Y esa ‘aleación natural’, junto al esperado incremento de la enfermedad, mantendrán en jaque al Gobierno, Naciones Unidas y otras entidades que trabajan para evitar el peor escenario.