La primera ministra letona anuncia la destitución de un ministro por su afinidad con el nazismo

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Laimdota StraujumaLa primera ministra letona, Laimdota Straujuma, ha anunciado este viernes la próxima destitución de uno de sus ministros que expresó su intención de unirse a la marcha de los veteranos de las divisiones Waffen de las SS del país, a pesar de haberle advertido de que tal evento podría provocar tensión con Rusia.

   La minoría rusófona de Letonia considera que esta marcha anual, que se celebrará este domingo, tergiversa la historia, honra al nazismo e insulta a las víctimas de la guerra.

Ante la creciente preocupación de Rusia por las minorías rusófonas en los países colindantes, producto de la situación en la península ucraniana de Crimea, la primera ministra había advertido al ministro de Medio Ambiente y Desarrollo Regional, Einars Cilinskis, del peligro que supondría su asistencia al evento. A pesar de ello, el ministro aseguró que asistiría como «patriota» letón.

Ante esta respuesta, el portavoz de Straujuma, Andis Blinds, ha anunciado que «teniendo en cuenta que el ministro ha dicho que se unirá a la marcha y que no dimitirá por sí mismo, la primera ministra firmará a lo largo del día de hoy su despido».

La intervención del presidente ruso, Vladimir Putin, en Crimea con la supuesta intención de defender a los rusófonos en territorio ucraniano ha preocupado a las repúblicas bálticas. Tanto Letonia como Estonia tienen grandes minorías de rusos, cuyos derechos Rusia considera vulnerados.

MARCHAS NAZIS

Los letones que lucharon en el bando de Adolf Hitler, que ahora cuentan ya con 80 ó 90 años, sostienen que lucharon por la libertad de Letonia y contra la vuelta del Ejército Rojo Soviético.

Estos veteranos, muchos de ellos reclutados por la fuerza, aseguran que estuvieron en primera línea del frente y que no pertenecían a esa parte de las SS que fue responsable de la muerte de millones de judíos durante el Holocausto.

Antes de la guerra, los soviéticos habían ocupado Letonia y miles de personas fueron ejecutadas o enviadas a Siberia, donde muchos perdieron la vida. El país báltico formó parte de la Unión Soviética durante 50 años, antes de obtener su independencia en 1991.