Etiopía ante la Covid-19: alarma, excesos, indiferencia

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Por Rafael Arzuaga

Todavía no hay pánico en Etiopía por la Covid-19, pero esta enfermedad provoca alarma, excesos y otras reacciones en esta geografía de África, donde ya diagnosticaron 82 personas infectadas.

La estadística es minúscula comparada con otras naciones del continente, última región del planeta donde desembarcó la enfermedad.

En el caso etíope numerosas personalidades valoraron que la reacción gubernamental fue precisa y elogiaron la decisión del primer ministro, Abiy Ahmed, quien detuvo el curso escolar y aplazó los eventos deportivos menos de 72 horas después del primer caso confirmado.

Otros menosprecian la gestión del jefe de Gobierno, sin criticarla, y exponen diferentes razones para explicar la pausada propagación del SARS-Cov-2, causante de la enfermedad Covid-19.

Hombres y mujeres de edades y credos distintos consideran que tienen protección innata ante el virus en las características ‘más fuertes y resistentes’ de la raza negra, la voluntad de los dioses o su cocina, rica en vegetales y carne, con especias muy picantes e influencia italiana.

Y una minoría -miles de personas en un estado de más de 100 millones de habitantes- supone que para mantenerse a buen resguardo solo necesitan apartarse de los extranjeros.

Tras reportarse los primeros casos, todos ‘importados’, algunos agredieron y les negaron servicios a ciudadanos de otros países, lo que llevó a opinar a Ahmed que la Covid-19 no tiene raza, nacionalidad, edad o sexo.

Aunque lo sabe complicado, el gobierno intenta convencer a los etíopes de que el aislamiento social, utilizar mascarillas y extremar la higiene son las mejores opciones para evitar contagios, y exhorta a los líderes religiosos a colaborar con ese propósito.

El discurso llega a refugiados, comunidades rurales y fronterizas, en medio de otra pandemia, el azote de las langostas del desierto, y de la realidad de millones de personas obligadas a salir de sus hogares para procurar el pan de cada día.

EL PRIMER CASO POSITIVO

Un ciudadano japonés, que llegó a Addis Abeba desde Burkina Faso, fue documentado el 13 de marzo como el primer caso positivo.

La situación conminó a las autoridades a cerrar las instituciones estatales, prohibir aglomeraciones en las iglesias, descongestionar los centros penitenciarios y establecer el aislamiento obligado de los pasajeros internacionales.

Esas y más medidas no le parecieron suficientes al Consejo de Ministros que, para garantizar eficacia en el enfrentamiento a la pandemia, decretó el estado de emergencia.

Para Abiyu Wakegera, un ciudadano de unos 50 años, el gobierno actuó con sentido común. Sin embargo, Ethiopian Airlines (EA) demoró en cancelar sus vuelos a China, opina en declaración a Prensa Latina, mientras compra cuanto alimento y producto de higiene encuentra en un comercio improvisado.

Apenas Wuhan se convirtió en la ciudad epicentro, centenares de etíopes solicitaron la detención de esos viajes, pero la aerolínea no suspendió sus itinerarios a Beijing, Shanghái, Guangzhou, Chengdu y también Hong Kong.

Entonces, el director ejecutivo de EA, Tewolde Gebremariam, señaló que China es uno de sus mercados más fuertes, pero el número de enfermos y regiones afectadas creció, y finalmente Ethiopian interrumpió las operaciones a más de 80 destinos.

Enfrentar la pandemia no es solo deber de EA y el gobierno. Ya hicieron de todo, hasta decretar el estado de emergencia, para hacer cumplir el distanciamiento social, por ejemplo, comenta Wakegera. Pero todavía falta responsabilidad individual, asegura.

Yo sí trato de proteger a mi familia. Eso incluye garantizarles comida, aunque le parezca un acaparamiento, para que no salgan de casa. Además, seguro se agotan algunos productos o comienzan a subir sus precios, apunta.

LA ESPECULACIÓN

Durante lo que va de abril, el primer ministro llamó más de una vez a no adulterar precios de mercancías y servicios. Incluso muchos comerciantes fueron requeridos debido a ese proceder.

Por ello, y porque el poder adquisitivo de muchísimos etíopes es insuficiente, están abastecidos los Fresh Corners, Shoa y Safeway, donde las hortalizas, alimentos en conserva, toallas húmedas, jabones, líquidos desinfectantes y antisépticos son ahora muy demandados.

Esas cadenas exigen cumplir precauciones sanitarias, pero en los pequeños comercios escasean varias mercancías, el precio de otras hasta se triplicó y la higiene es precaria.

Busqué nasobucos de calidad varios días y en algunos lugares me explicaron que, cuando había, costaban 150 birr (unos cinco dólares). Pero ahora me lo vendieron a 300 birr (cerca de diez dólares), relata, bajo condición de anonimato, una señora rumana residente en Addis Abeba.

Contra esa especulación el gobierno intenta proteger a los más vulnerables de manera más directa y, entre otras acciones, orientó la confección de mascarillas, que serán distribuidas o expendidas a precios módicos, toda vez que es obligatorio usarlas en lugares públicos.

Asimismo, congregó a deambulantes en varios centros para alimentarlos y cuidarlos, y prohibió, mientras dure el estado de emergencia (cinco meses), desalojar a los residentes en casas alquiladas, aumentar los precios de los arrendamientos, despedir a empleados o rescindir contratos.

CUMPLIMIENTO DE MEDIDAS

A Zewditu Korfil le preocupan actitudes como la de Wakegera, la violación del distanciamiento social, o quienes se encomiendan a sus deidades sin adoptar precauciones o los que tratan de sacar tajadas económicas, y los eventuales actos xenófobos.

Esas reacciones, declara a Prensa Latina, entorpecen la prevención y echan por tierra los esfuerzos de Abiy ?así llaman al premier- para evitar una crisis sanitaria mayor. Korfil, residente en Adama, ciudad ubicada unos 100 kilómetros al sureste de Addis Abeba, reconoce que las cuatro mil 557 pruebas practicadas hasta ahora son insuficientes para evaluar la situación real del país.

La cifra exacta de contagios puede ser superior, admite con pesar.

El gobierno trabaja duro y los tests aumentarán, estoy segura. Esos datos, considera, no pueden utilizarse para propaganda política o fake news, cuando más unidos debemos estar.

Nos faltan muchos recursos, pero la mayoría confiamos en la gestión y la capacidad del gobierno, señala.

La Organización Mundial de la Salud, el consorcio chino Alibaba, Emiratos Árabes Unidos y otras naciones e instituciones donaron recursos a Etiopía para ayudarla en las actuales circunstancias.

Sin la colaboración del pueblo, insiste la joven, de nada servirán esos donativos, ni tampoco el presupuesto adicional aprobado por el Parlamento.

Tendremos una gran tragedia si esas actitudes no cambian, si no cumplimos las indicaciones del Ministerio de Salud, asevera.

De los 82 enfermos detectados hasta el 14 de abril en Etiopía, 63 pacientes permanecían bajo tratamiento, 14 lograron recuperarse, tres fallecieron y dos regresaron a su país, Japón.

Según el Centro de Control de Enfermedades de África, 52 Estados del continente están afectados, había hasta el 14 de abril 15 mil 249 casos confirmados, dos mil 895 recuperados y 816 fallecidos.

Argelia (mil 914 casos y 293 muertos), Marruecos (mil 763 y 164), Sudáfrica (dos mil 272 y 27), Egipto (dos mil 190 y 164) y Burkina Faso (515 y 28) son algunos de los países africanos con peor situación.

‘Debiéramos mirar a esas naciones, para valorar qué puede pasarnos a nosotros’, comenta Korfil, y reitera que la indisciplina y la falta de solidaridad ‘nos pueden colocar pronto en esa lista’.