Cuarentiocho horas en Nairobi

0
579

La capital de Kenya resulta pintoresca y caótica a la vez, con un trazado urbano en el que escasean los semáforos.

Tratar de transitar Nairobi a plena tarde -o amaneciendo- es como pretender llegar a la luna en motocicleta. Los embotellamientos abundan, al igual que la gente, sobre todo en las mañanas.

La ciudad va del centro hacia las afueras perdiendo el primer plano que copan los grandes edificios y las construcciones al estilo occidental. Esos que se multiplican lo mismo en Londres o en París.

Sin embargo, Nairobi tiene la peculiaridad del olor a selva africana, tal vez de ahí que sea conocida como la ‘Ciudad Verde en el Sol’.

Yendo hacia la periferia por el entramado vial, hay que atravesar las calles entre la vegetación boscosa y la imagen de ciudad palidece.

Algunos piensan que es mejor así porque hay una respiración más saludable.

Es fácil comprender ahora por qué esta tierra africana es cuna de buenos corredores, tienen el ‘verde’ y entrenan a más de mil 600 metros sobre el nivel mar, que es la altitud del país, por eso son de pulmones fuertes.

Aquí en Nairobi abundan los pequeños negocios. Hay mujeres dedicadas al cultivo de las flores y plantas ornamentales; son comunes las ventas de los más variados productos en los kioskos y el color de la piel, en la mayoría es mucho más intenso.

No es extraño ver a alguien portando sobre sus cabezas una carga tan difícil como trozos de madera recién talada.

Los Matatu (servicio público de autobuses) son otro elemento del ‘color’ que tiene Nairobi.

Son especie de obras de arte andantes, porque los decoran con los más diversos temas, supongo que según el gusto y concepciones de su dueño.

En la urbe hay un matatu especial: pintados sobre un amarillo intensos están los rostros de Fidel Castro y Ernesto Che Guevara.

Lo otro que llama la atención del forastero son los idiomas. Existe una defensa de las lenguas autóctonas y por eso los carteles de señalización en los sitios públicos están en inglés y en suajili, aunque se hablan otras más.

Kenya toma su nombre del homónimo monte, segunda elevación más importante de África, y Nairobi proviene de la frase masái Enkare Nyorobi, que significa ‘el lugar de aguas frescas’.

Apenas 48 horas en Nairobi. Me voy con algunas palabras aprendidas en suajili, la primera y más importante es ‘Karibu’, ‘Karibu sana’ que significa ‘bienvenido’ y además gané un nombre ‘Wanyiru’.