Manifestación en contra de la corrupción del Gobierno en Brasil

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Cientos de personas se han manifestado este domingo en las ciudades brasileñas de Copacabana, Brasilia y Sao Paulo para protestar contra la corrupción del Gobierno y una reciente votación del Congreso que ha sido percibida por la población como un intento para intimidar a la Fiscalía y los jueces que están llevando a cabo investigaciones de corrupción.

“La lucha tiene que continuar”, ha declarado Iara Soares, una profesora de 56 años de un colegio de Sao Paolo. “Necesitamos una renovación real de la clase política”, ha añadido. El presidente de Brasil, Michel Temer, que asumió el poder cuando se estaba llevando a cabo la destitución de Dilma Rousseff, ya ha perdido a cuatro de sus miembros de gabinete por cuestiones de corrupción.

Cientos de ciudadanos de Río de Janeiro, en su mayoría vestidos con los colores nacionales amarillo y verde, se han reunido a lo largo del paseo marítimo de Copacabana agitando pancartas que contenían mensajes como “¡Fuera ladrones!” y “Todos estamos con Sergio Moro”, el juez que ha supervisado una investigación histórica de corrupción con la que ha encarcelado a decenas de políticos y altos ejecutivos.

Las manifestaciones que han tenido lugar en Sao Paulo y Brasilia han sido algo más pequeñas en comparación con las que se desataron en todo Brasil en los últimos años como consecuencia del boom económico, que desembocó en una recesión. La frustración de los ciudadanos fue en aumento con la corrupción y las políticas de izquierdas que una vez llegaron a triunfar, pero que finalmente agotaron las finanzas públicas.

Todos esos problemas han contribuido a que se diese por concluido el mandato de la antigua presidenta Dima Rousseff, formalmente destituida por romper las normas presupuestarias, y a que se critique a la administración del actual Gobierno conservador, ya que inspira poca confianza en el cambio.

La semana pasada, el Tribunal Supremo brasileña acusó a Renan Calheiros, presidente del Senado y miembro del partido político de Temer, Partido del Movimiento Democrático Brasileño, por antiguos casos de corrupción.

La indignación con la clase política terminó de apoderarse de la población brasileña debido a la votación apresurada que se llevó a cabo la semana pasada en la Cámara Baja del Congreso, que restringió lo que originalmente era un proyecto de ley anticorrupción.

El Congreso intentó enmendar la ley con cláusulas que permitirían sancionar a la Fiscalía y los jueces por supuestos abusos de autoridad, lo que coartaría sus capacidades.

“Nuestros políticos están acostumbrados a hacer cualquier cosa en su propio interés, no en el de las personas”, ha expuesto en la manifestación de Río de Janeiro Wagner Carneiro, un trabajador de 51 años de la administración pública. “Tenemos que continuar haciéndonos oír”, ha agregado.