Transformaciones aún sin concretarse en Somalia

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La existencia de las Golden Girls, primer club de fútbol femenino de Somalia, pese a presiones sociales y el miedo al integrismo, es un indicio de que la vida allí adquiere otros matices junto con la guerra.

Observar un reportaje gráfico de una jornada de entrenamiento resulta trascendental en un país donde la mujer está sometida a muchas trabas para desarrollarse y ampliar sus horizontes más allá del papel tradicional reservado a ella tanto desde los ángulos confesional, así como económico y político.

Luego de 27 años de conflicto armado en ese país del Cuerno Africano, los pronósticos hay que admitirlos con recelo, pues las transformaciones que se esperan desde hace casi tres décadas no acaban de concretarse y aún no hay abrigos esperanzadores para resguardarse de la intensa y pertinaz tormenta.

Ese territorio, que sufre una lucha armada desde 1991, en 2018 atravesó por momentos complejos, principalmente en el curso de la contienda bélica desatada cuando alianzas guerrilleras derrocaron al gobierno del general Mohamed Siad Barre e instituyeron el dictado de los clanes y los señores de la guerra.

Desde entonces, el conflicto armado es intermitente pero persiste y con él sus secuelas: bajas, desplazados, refugiados, una permanente sensación de caos -que la débil autoridad central trata de controlar y disolver-, así como la desatención de una población cansada de la penuria y la inseguridad.

Sin embargo, en medio de la rutina se perciben algunos signos de que el escenario somalí va adquiriendo tonalidades distintas. Por ejemplo, en el 2018 se intensificó la preparación en general de las fuerzas de seguridad, que en 2020 deberán ocupar el lugar de las tropas de la Misión de la Unión Africana (Amisom).

El anunciado retiro coloca entre la espada y la pared a los efectivos nacionales, quienes pese a la retórica optimista de Mogadiscio y sus aliados, podría ser que en el 2020 aún no estén listos para tamaña responsabilidad, y que cuando se concrete el traspaso deberá apoyar la recuperación del aparato institucional ahora desecho.

La participación del Ejército, la Policía y otras dependencias armadas en la vida nacional hoy constituye una meta, pero mañana podría significar el establecimiento de mejores condiciones para llegar a otro propósito, la rehabilitación de la convivencia que pasaría por el diálogo de las partes, el Gobierno, la insurgencia toda y la diáspora.

En esa línea se incluye que los estados miembros de la federación somalí aportarán tropas y medios a una nueva fuerza orientada a combatir a Al Shabab, solo se exceptúan de esa contribución Somalilandia y Puntlandia, identificadas como separatistas, aunque sin reconocimiento internacional 

Los soldados y oficiales se integrarán a un contingente, pasarán un periodo de entrenamiento y se subordinarán al Ejército Nacional, pero todo está sujeto a que la vida comience a normalizarse y que junto con ser una posibilidad de empleo, las fuerzas armadas ofrezcan también opciones contrarias a intensificar la guerra civil.

EL CASO ROBOW 

Aunque no se percibe una clara vocación al entendimiento, un detalle que llama la atención es que Mukhtar Robow, uno de los fundadores del grupo armado Al Shabab y su vocero hasta 2012, cuando desertó, anunció este año que se presentaría a las elecciones por la jefatura del estado del Sudoeste de Somalia.

Medios de prensa identificaron a Robow como el número dos de la formación a la que Occidente considera terrorista, pero que en un período dado constituyó el único poder en el país, entre 2006-2007, cuando esa milicia aún era la Unión de las Cortes Islámicas (UCI); en 2007 Al Shabab le sucedió.

La prensa subrayó las peculiaridades de la retórica de Mukhtar Robow, también conocido por Abu Mansur, quien en su campaña electoral prometió limpiar las carreteras de puestos de control de todo tipo, sean de los militares, de la Misión de Unión Africana (Amisom) o de los insurgentes.

Ese es un tema sensible en el campo de la seguridad y erradicar tales instrumentos aumentaría su popularidad en ese país inestable, donde los comicios no son abiertos y universales, pese a definir cuotas de poder con un nivel significativo de autonomía, sus resultados obedecen a una votación cerrada en el Parlamento regional.

‘Si fuese una competición justa y en términos de quién es el más popular, Robow casi seguramente ganaría’, afirmó a finales de año Matt Bryden, experto en asuntos del Cuerno Africano y director del instituto sudafricano Sahan Research, al hacer un pronóstico arriesgado pero posible.

Antes por el exvocero de Al Shabab, Estados Unidos ofrecía una recompensa de cinco millones de dólares, pero eso se convirtió en historia antigua, aunque realmente fue una sorpresa que Abu Mansur se presentara como candidato para ocupar una jefatura estadual.

A finales de 2018, Robow fue detenido por las autoridades que le trasladaron a la capital, y dijeron que ejecutaban esa acción porque el aspirante no completó el proceso de deserción y que no abandonó la doctrina extremista utilizada cuando era uno de los jefes de Al Shabab.

El Ministerio de Seguridad le acusó de movilizar a efectivos armados con el propósito de amenazar la seguridad de la sudoccidental ciudad de Baidoa, la tercera mayor del país donde durante un tiempo radicó el Gobierno Federal de Transición (GFT).

Ese arresto más que disminuir la tensión la disparó, ya que comenzaron las protestas por la liberación de Robow, demostraciones que reprimieron las fuerzas policiales con resultado de 11 muertos.

Analistas asumieron que lo ocurrido evidenció la indisposición oficial al entendimiento.

Sin ir muy lejos respecto a su ámbito, hay que anotar que Somalia continúa siendo la definición idónea de Estado fallido, pese a los cambios de dirigentes en la cúpula, es decir permanece inseguro, sin ofrecer garantías materiales y espirituales a una población de unos 11,68 millones de habitantes.

No obstante, en las elecciones del estado del Sudoeste los parlamentarios optaron por Abdiasis Hassan Mohamed, quien ocupó cargos en el gabinete nacional y al que dieron dos tercios necesarios de la elección. Los parlamentos estaduales, y no el público en general, son que los votan por los presidentes regionales en Somalia. BOMBARDEOS ‘MADE IN USA’ 

La frustración subsiste y mientras por una parte al país le suministran donaciones humanitarias para al menos palear algunas de sus dificultades, drones (aviones autómatas) estadounidenses continúan bombardeando a supuestas bases de Al Shabab y la censura de Washington generalmente oculta las cifras de víctimas civiles.

En la penúltima semana del año, Estados Unidos ejecutó seis bombardeos en el área somalí de Gandarshe en los que murieron 62 efectivos del grupo Al Shabab, según informó el Comando para África (Africom). Todas esas incursiones aéreas fueron efectuadas en el área costera al sur de la capital Mogadiscio.

Los asedios se coordinaron con el gobierno de Somalia y fueron supuestamente para ‘prevenir que Al Shabab utilice las áreas remotas como un sitio seguro para planear, dirigir, inspirar y reclutar personas para ataques futuros’, añadió el comunicado de Africom, el cual dejó las puertas abiertas para realizar operaciones similares en 2019.

Al cierre de año se registraron discrepancias en el ámbito institucional, por una solicitud de renuncia presentada en el Legislativo contra el presidente Mohamed Abdullahi Mohamamed, moción que no prospero y la cual le acusaba de llegar a acuerdos secretos con Etiopía y Eritrea, violar leyes federales y cometer abuso de poder.