Sudán del Sur encabeza otra vez Índice de Estados Frágiles

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Cadetes de policía de Sudán del Sur toman juramento en su ceremonia de graduación, el 17 de septiembre de 2012. Crédito Isaac Billy Gedeón Lu'b  ONUPor Beatrice Paez

Por segundo año consecutivo, Sudán del Sur ocupa el primer lugar en una lista de los países más frágiles del mundo, gracias a la guerra civil que obligó a más de dos millones de sus 11,5 millones de habitantes a huir de sus hogares.

Hechos que despertaron el interés de los medios de comunicación en 2014 generaron gran parte del movimiento, para bien o para mal, de los países en el Índice de Estados Frágiles (FSI), un informe anual de la revista Foreign Policy y el centro de investigación Fondo para la Paz (FFP, en inglés), ambos con sede en Estados Unidos, publicado el miércoles 17.

El informe, publicado anualmente desde 2005, analiza el progreso de 178 países en su última edición.

La región de África subsahariana lidera la lista, con siete de sus países entre los 10 más frágiles del índice. El avance del grupo extremista Estado Islámico influyó para que Iraq, Libia, Siria y Yemen formen parte de la decena de Estados cuya situación se agravó más en el último año.

Cuba se destacó como el país que mejoró más en la última década, debido al deshielo de sus relaciones con Estados Unidos y a la gradual apertura de su economía a la inversión extranjera.

Aunque las tendencias sugieren que el Estado caribeño está en camino de mejorar su situación, aún queda el reto del acceso de su población a los servicios públicos y la defensa de los derechos humanos.

Para medir la fragilidad de un Estado, el índice toma en cuenta 12 indicadores sociales, económicos y políticos para determinar cómo las guerras, los acuerdos de paz, las calamidades ambientales y los movimientos políticos contribuyen con su estabilidad o inestabilidad.

Entre esos indicadores se encuentran la legitimidad del Estado, las presiones demográficas, el desempeño de la economía, la intervención de actores estatales o no estatales, la prestación de servicios públicos y el desplazamiento de la población.

A cada indicador se le da el mismo peso y los países reciben una puntuación numérica que va del uno al 10, en la que el uno equivale al mejor rendimiento y el 10 al peor.

Las autoridades pueden utilizar el índice para enmarcar sus preguntas de investigación y para ayudar a definir la ayuda humanitaria.

“En la parte superior del índice, los países tienden a desplazarse mínimamente, pero en el centro…, se tiende a ver mucho más movimiento. En parte eso se debe a que la fragilidad engendra fragilidad y la estabilidad engendra estabilidad”, señaló Nate Haken, del FFP.

No obstante, el informe señaló que hay casos que desafían la categorización, como el de Nigeria, cuyos indicadores políticos, sociales y económicos indicarían a un país al borde del conflicto.

“Para mí, Nigeria fue una de las historias más interesantes del año. Todos los indicadores mostraron presiones intensas en todos los frentes. Los precios del petróleo bajaron, hubo más asesinatos el año pasado”, observó Haken en diálogo con IPS.

Pero en un giro inesperado, la oposición política liderada por Muhammadu Buhari surgió como una amenaza creíble para el entonces presidente Goodluck Jonathan, a quien finalmente venció en las elecciones de marzo de 2015.

Haken agregó que muchos esperaban que el resultado electoral, más allá de quien ganara, polarizara al norte contra el sur del país.

“Creo que la mayoría de los observadores… pensaron que esto estaba destinado a ser un desastre. Todas las mediciones empíricas mostraban un alto grado de riesgo y, sin embargo, la gente fue capaz de manifestarse en serio a nivel nacional y local”, indicó.

Mientras tanto, Georgia y Portugal, junto con Cuba, son los países con mayores mejoras debido a sus avances económicos.

Aunque algunos países permanecen en el mismo lugar, una mirada más atenta puede resultar reveladora, comentó Haken.

Año tras año, la puntuación de Estados Unidos, que figura en el puesto 158, se mantiene igual, pero las tensiones entre grupos raciales y sociales han aumentado desde 2007, especialmente en relación a la inmigración de niños y niñas de América Central y las protestas contra el presunto racismo policial.

Lejos de ser una herramienta de predicción, el índice funciona como un diagnóstico para que las autoridades que trabajan en derechos humanos y desarrollo económico identifiquen las áreas de prioridad, explicó Haken.

Además, sirve para llamar la atención sobre aquellos países que ocupan un lugar marginal en el interés de la comunidad internacional.

En el caso de la crisis provocada por el ébola en África occidental, países como Guinea, Liberia y Sierra Leona no recibieron muchos titulares, pero el “efecto dominó en toda la región” también repercutió en la comunidad internacional, ya que el mundo reaccionó para contener el brote, según Haken.

Las presiones demográficas, la fuerte migración del ámbito rural al urbano, junto con la deficiencia de la infraestructura vial ayudaron a propagar la enfermedad.

“Una cosa que surgió del índice es la importancia que tiene la infraestructura para la seguridad humana sostenible”, afirmó.

“Una vez que (el ébola) comenzó a extenderse, hubo dificultades para que el personal médico y los suministros llegaran a las zonas rurales”, añadió.

Esta crisis regional, en particular, sirvió como recordatorio de que las naciones “posconflicto en la senda de la recuperación” aún padecen vulnerabilidades, señaló el informe.

Hasta 2014, el índice se refería a países “fallidos”, pero desde entonces emplea el término “frágil”, como forma de reconocer que, en algunos casos, las presiones que recibe un Estado pueden trascender a su control, dijo Haken.

Por ejemplo, mencionó las crisis de refugiados en las que gobiernos, estén preparados o no, reciben a gran cantidad de personas.

Editado por Kitty Stapp / Traducido por Álvaro Queiruga