Sudáfrica: voces por la paz

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surafrica_dialibertadPor Deisy Francis Mexidor

Días tensos transcurrieron en Sudáfrica en las últimas tres semanas. Noticias de un sentimiento contra los extranjeros traducido en violencia xenófoba, que localizado en algunas zonas del país desataron la alarma y la condena colectiva.

Miles de personas se sumaron a marchas a lo largo del territorio nacional y el gobierno tomó cartas de inmediato en este asunto. «Se trata de una minoría» advirtió el presidente Jacob Zuma al evaluar los incidentes que empezaron en Isipingo, Chatsworth, Umlazi y otras partes de Durban, ciudad motor de la economía de KwaZulu Natal.

Luego la llama quiso avivarse y pasó a Alexandra, en la populosa Johannesburgo, en Gauteng.

Los medios de prensa, la mayoría alineados contra el gobierno de Zuma, trataron en principio de poner su toque «amarillista» a estos hechos como nuevo filón para, también, atacar al presidente.

Sin embargo, Zuma condujo el debate. Admitió lo que estaba ocurriendo y afirmó que lo más importante es eliminar la raíz del problema. Así lo ha reiterado en todas sus apariciones públicas.

Poco antes de desatarse esta violencia, aparecieron reportes periodísticos en distintos medios locales que le atribuían al rey zulú, Goodwill Zwelithini, comentarios xenófobos que habrían incitado al desarrollo de los acontecimientos.

Zwelithini negó cualquier vínculo o palabras en ese sentido y pidió a sus súbditos detener los ataques contra ciudadanos extranjeros.

Es de notar que KwaZulu (que significa la tierra de los zulú) fue reincorporado a la provincia de Natal tras el fin del apartheid en 1994. Desde entonces se denominó KwaZulu Natal.

En la actualidad esa es una de las provincias más pobladas de Sudáfrica (20 por ciento de la población) mayoritariamente de origen zulú y la única que tiene prevista una monarquía dentro de su constitución, por lo cual el rey ejerce una influencia importante sobre los habitantes de la región.

Lo cierto es que hace más de tres semanas la violencia se desató, alcanzando el clímax con la muerte de siete personas, tres sudafricanos y cuatro de otras nacionalidades.

Ante la situación creada, Zuma canceló un viaje a Indonesia y asignó a los ministros del Interior, Malusi Gigaba; de Policía, Nathi Nhleko, y de Seguridad del Estado, David Mahlobo para que trabajasen junto con las autoridades de KwaZulu Natal en la búsqueda de una solución a este problema.

Durante una entrevista concedida a la cadena SABC, el gobernante llamó a la calma y subrayó que el uso de la violencia es inaceptable.

No podemos admitir que usemos la violencia, especialmente con nuestros hermanos y hermanas del continente, indicó Zuma al asegurar que su gobierno normalizaría la situación.

El 27 de abril, al cumplirse 21 años del comienzo de las transformaciones económicas sociales y radicales en el país, el ministro de Artes y Cultura, Nathi Mthethwa, dijo que acciones como las registradas contradicen el espíritu de una Sudáfrica en democracia donde no hay cabida para la xenofobia ni ningún tipo de discriminación.

Un comunicado del Congreso Nacional Africano (ANC) subrayó también al respecto que las celebraciones ocurrían «en un momento difícil, cuando nuestra nación se está recuperando de las acciones violentas de una minoría».

Estamos profundamente agraviados y en duelo porque siete personas perdieron la vida a causa de esos actos, precisó el ANC.

Justo uno de los tópicos abordados el 27 de abril, durante el Freedom Day (Día de la Libertad) por Zuma, fue el de los trágicos incidentes al hacer un pedido especial: «debemos vivir en paz y armonía con nuestros hermanos del continente».

Al cumplirse 21 años de las primeras elecciones multirraciales en Sudáfrica (el 27 de abril de 1994), que le dieron el triunfo a Nelson Mandela, Zuma enfatizó en que el país construye una sociedad afincada en los principios de la no discriminación, el no sexismo y la democracia.

Para Sudáfrica es un reto la coyuntura actual. Uno de los fenómenos que enfrenta el país es el creciente número de inmigrantes indocumentados.

Muchos ciudadanos sudafricanos califican de peligro el arribo de los foráneos, pues consideran que vienen a quitarles el empleo, según los expertos.

También explican que subyace en la psicología colectiva una tendencia a la ira y a la violencia. Sobre esto explicó Zuma en Union Buildings: «no es más que el reflejo de años de opresión por el apartheid, que era un régimen de terror».

El brote más grave de ataques xenófobos en Sudáfrica ocurrió en 2008, cuando una cadena de disturbios en el área de Johannesburgo y Pretoria provocaron más de 50 víctimas fatales y cerca de 10 mil desplazados.

Al enfatizar el pasado 10 de abril sobre la preocupación de su gobierno por estos hechos, Zuma sentenció que la ira no construye naciones, las destruye, y recordó que la tolerancia fue uno de los principios de la transición hacia la democracia.

El 27 de abril de 1994, Sudáfrica echó a un lado siglos de discriminación y opresión, marcó el final del régimen del apartheid e introdujo un nuevo orden constitucional, en el cual todos trabajan por una sociedad unida.

En el camino los principales desafíos a vencer son el creciente desempleo entre la población (por encima del 25 por ciento), en particular dentro del sector juvenil, así como lograr un crecimiento del ingreso liderado por la productividad, alcanzar salarios más adecuados y materializar servicios públicos de calidad en áreas como la educación y la salud.

Pero lo esencial es que Sudáfrica ya renunció a su vergonzoso pasado y apuesta por la construcción del país que soñó Mandela, donde «nunca, nunca, y nunca jamás deberá ocurrir que esta hermosa tierra vuelva a experimentar la opresión de una persona contra otraâ��».