Sudáfrica prepara los comicios de 2014

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juliusJacob_2313914bMarta Rodríguez

Johannesburgo

Sudáfrica celebrará sus quintas elecciones generales el año que viene, coincidiendo con el 20 aniversario de la llegada de la democracia de la mano de Nelson Mandela. El presidente, Jacob Zuma, no ha fijado aún el día pero todo apunta que serán en abril. Sin embargo, los partidos hace meses que calientan motores para una campaña electoral que tendrá en la crisis y sus efectos en la ralentización de los progresos sociales, la seguridad, el racismo o la corrupción los grandes temas de debate. De fondo, el legado del viejo ex presidente, como si las formaciones de todos los colores reivindicaran una parte de su lucha y de su reconocimiento.

Tampoco hay encuestas pero los analistas dan por hecho que el Congreso Nacional Africano (ANC, por sus siglas en inglés)volverá a obtener un apoyo mayoritario que le ha permitido en los 20 años de democracia renovar mayorías absolutas, aunque en cada convocatoria se deja un puñado de votos atrás.Ahora cuenta con el 66% de los escaños, lejos del 16% que obtuvo la Alianza Democrática (DA).

“Como mínimo el partido puede ganar cómodamente otras dos legislaturas, no más”, se atreve a vaticinar Frans Cronje, el director del Instituto Sudafricano de Relaciones Raciales. A pesar de que puede llevarse de calle el triunfo, hay nervios en la formación de Mandela porque el desgaste y el malestar social son mucho más que evidentes entre sus votantes naturales, hartos de esperar mejoras en sus condiciones de vida que ven atónitos como la brecha de desigualdad entre los más ricos y los más pobres es más ancha ahora que en el apartheid.

Esa hegemonía del partido gubernamental está asegurada, como decíamos, pero en los últimos meses se advierten movimientos. Los analistas apuntan que el electorado negro tiende a diversificarse y la incipiente clase media ve cada vez con menos recelo a siglas tradicionalmente exclusivas para el público blanco. En este sentido, se enfortece la Alianza Democrática (DA), en parte gracias a la buena imagen que cosecha su líder, la ex alcaldesa de  Ciudad del Cabo y ahora presidenta regional de Western Cape, Hellen Zille. Activista contra el apartheid que denunció la muerte en custodia policial de Steve Biko, Zille goza de buena reputación en su gestión y en algunas ocasiones ha sonado como cabeza de lista en Gauteng, la región más poblada.

Pero lo que más preocupa al ANC es su propia órbita. En 2009 un sector crítico constituyó el Congreso del Pueblo y en las elecciones se llevó casi el 8% de los votos. Es ahí, en los viejos camaradas de donde al ANC le pueden llegar los sustos.

Y hay más. Hoy por hoy dos esferas cercanas al ANC reclaman espacio propio y ya han formalizado su voluntad de presentarse a las elecciones del próximo año. Dos nombre propios: Mamphela Ramphele y Julius Malema están en vigilias de la convocatoria muy activos, atacando desde diferentes flancos a los que se suponía que eran sus camaradas.

Es cierto que la doctora Ramphele no ha cotizado nunca en el ANC pero su vieja relación con Biko se le suponía cercana. A principios de año presentó sus siglas, Agang, con las que confía en satisfacer a los “desencantados por los incumplimientos de la justicia social”.

Ramphele tiene en su currículo haber ocupado la dirección general del Banco Mundial y es una personalidad valorada por su capacidad. Sin embargo tiene un problema, apunta el director de Centro por el Estudio de la Democracia, Steven Friedman, para explicar que sólo tiene tirada entre los negros situados en “posiciones directivas de empresas privadas”, un juicio que también firma Cronje. En porcentaje electoral no se puede tener en cuenta porque se calcula que sólo el 5% de la población negra ha escalado posiciones hasta poder ser considerada de clase media, apenas dos millones de 41.

La baza de Ramphele es sus credenciales al frente de Banco Mundial y, paradójicamente, una fortuna personal de casi medio millón de euros que ella misma se encargó de publicitar a modo de desafío para que el presidente Jacob Zuma hiciera lo mismo. No ha habido respuesta y ningún político ha revelado aún sus inversiones y posesiones. Pero Ramphele viene a decir que como es rica no le hará falta robar. La corrupción está cada día en las portadas de la prensa local y es una de las preocupaciones sociales, junto a la inseguridad. Desde los sobornos policiales a la acusación de que Zuma se está construyendo un auténtico palacio en su aldea natal a costa de las arcas públicas.

Otro viejo amigo que se le suponía apego con el ANC ya ha dicho públicamente que su voto es para esta mujer. Se trata del carismático ex arzobispo emérito de Ciudad del Cabo, Desmond Tutu, amigo íntimo de Nelson Mandela y uno de los líderes de la transición a la democracia. En un artículo periodístico dejó claro su hartazgo a las maneras de Zuma y su gente, a los que acusó de haberse alejado de lo que representaba este partido centenario que consiguió durante los años negros del régimen supremacista blanco mantener el pulso y la dignidad de los negros.

Quizá quién más temor levante es Julius Malema. Es un personaje a tener en cuenta si sus problemas judiciales le permiten continuar la carrera política. Tiene dos casos pendientes de corrupción y de no cumplir con el fisco. Malema fue hasta que lo expulsaron, en abril de 2012, el presidente de la Liga Joven del ANC y muchos habían puesto todas sus esperanzas de que liderara la renovación generacional. Winnie Mandela, el auténtico ídolo entre los negros que la consideran la “madre de la patria”, fue su gran padrina, animándole a cada salida de tono que contradecía, incluso, el legado y el espíritu de Nelson Mandela.

Malema podría ser el anti-Mandela negro, el que ha sabido conectar con esa juventud que ya no tiene miedo a protestar y se ha cansado de esperar que la democracia y el Gobierno de los suyos le ofrezca una vida digna. El desempleo juvenil es altísimo y se calcula que ocho de cada 10 universitarios negros no podrán terminar sus estudios por falta de fondos.

En 2014 Malema se presentará con sus Combatientes por la Libertad Económica (EFF, en inglés). Cronje está convencido de que entrarán en el Parlamento de Ciudad del Cabo pero que aún no es un rival serio para Zuma.

Para el profesor Friedman, el gran problema de Malema es que no cuenta con apoyos financieros sólidos porque desde que se enemistó con el omnipresente ANC se han secado los canales del dinero. Su “gran batalla”, a juicio del analista, es convencer a los negros pobres.

De momento, se deja ver. El símbolo del partido es una boina roja, a modo de la que llevaba Hugo Chávez, y son fáciles de ver sus seguidores en los antiguos guetos (townships) en comisiones de limpieza o de reclutamiento. Las grandes ideas de los Combatientes son la nacionalización de las ricas minas en manos de blancos y multinacionales extranjeras y la expropiación de la tierra que los colonizadores europeos arrancaron de los negros. “A los blancos se les ha acabado la luna de miel en Sudáfrica”, ha dicho. Es todo lo contrario de lo que ha venido haciendo el ANC y promulgaba Mandela. El objetivo de Malema, según dice, es “transformar la economía en beneficio de todos los sudafricanos”.

A Malema le acusan de radical y populista porque vende el mensaje de proximidad con los más desfavorecidos cuando, hasta que la puso en venta para pagar multas de 1,1 millones de euros a hacienda, poseía una casa en el barrio más selecto de Johannesburgo. Tiene 32 años y su fortuna no procede de herencias familiares pero esto no le impide aparecer como si fuera un chaval salido de cualquier township. De momento, la larga precampaña electoral pone a prueba la paciencia de los sudafricanos. En 2014 votarán por primera vez los jóvenes nacidos en democracia. Pero el apartheid aún se deja notar.

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