República Centroafricana: Un futuro con muchas interrogantes

0
751

Anti-Balaka-et-seleka-en-RCAPor Julio Morejón

El rechazo del gobierno de transición de República Centroafricana (RCA) a un pacto de paz entre beligerantes, mostró que el conflicto allí es profundo y sobrepasa formalidades que dibujan falsas expectativas ante el auditorio continental.

A finales de enero se informó que las facciones armadas ex-Seleka y anti-Balaka, firmaron en la capital keniana, Nairobi, un acuerdo para disminuir la tensión en el país, donde desde el 2013 la violencia opera a sus anchas; eso hizo pensar en la posible solución del conflicto interno, pero todo sigue igual, según las autoridades.

El acuerdo fue rubricado por Michel Djotodia y su segundo al mando, Nourredim Adam, por Seleka, el expresidente Francois Bozizé, que en un principio rechazó participar en las negociaciones, y, por los antiBalaka, lo hizo Joachim Kokaté, y todos -según el manuscrito- estarían amparados por una anmistía.

Una foto acompañó a la noticia: Djotodia y Bozizé se daban la mano en símbolo de entendimiento, pero tal acto también sugirió que se establecía un puente entre el pasado y el presente, continuidad inadmisible para el gobierno de tránsito, respaldado por fuerzas armadas internacionales.

En 2013 la coalición guerrillera Seleka – actualmente FPRC (Frente Popular para el Renacimiento de República Centrafricana ) -derrocó al mandatario y se convirtió en la ejecutora del poder hasta que dimitió el 10 de enero de 2014, cuando cedió el mando del país a la presidenta interina, Catherine Samba-Panza.

El convenio de 21 capítulos, rechazado oficialmente, contó con un preámbulo en el que se exponían las raíces de la crisis política del país, vinculadas con lo que consideró «injusticias históricas provocadas por la mala gestión, el reparto desigual de la riqueza y la manipulación de sus dirigentes por parte de actores externos».

Asimismo, el documento detallaba que los antiguos Seleka y los anti-Balaka se comprometían a detener el reclutamiento de combatientes, y a emitir públicamente la orden de alto el fuego y cese de hostilidades, así como en el octavo punto prometían colaborar con las instituciones nacionales e internacionales.

No obstante, la evidente conciliación política expresada en el documento, este fue considerado espurio por el gobierno de transición, cuyos representantes no participaron en la firma y plantearon que ese articulado negaba la existencia del gabinete provisional y estaba destinado a boicotear las futuras elecciones.

El acuerdo -según las autoridades- no reconocía en su conjunto la legitimidad de la actual estructura institucional, la cual sucedió a la guerra civil, evento que también asumió un perfil etno-confesional, al enfrentar a facciones musulmanas, comunidad minoritaria en el país, con milicias cristianas, mayoritaria.

En el contexto continental, el logro del convenio fue considerado en varias formas, para unos era un avance para distender la situación en Centroafricana, uno de los países más pobres del área, pese a su riqueza aurífera, y otros adujeron que le faltaban aspectos sobre la aplicación de la justicia contra criminales de guerra.

El propio vicemediador de la Unión Africana en la crisis de RCA, el maliense Soumeylou Boubeye Maiga dijo: «No había forma, era cuestión de torpedear lo que se firmó en Brazzaville (pacto facilitado por el presidente congoleño, Denis Saussou Nguesso en 2014). Este acuerdo de Nairobi no se puede validar».

No existe un criterio único para evaluar el hecho, lo que si resalta es la presencia (admitida o no) de un proceso conducente a cambios en la dinámica del país, uno de los más afectados por la violencia sectaria, pues tanto Seleka (Alianza) como los antiBalaka (anti-Machete) son formaciones radicales sangrientas, sin importar confesión.

República Centroafricana cuenta con más de medio centenar de grupos etnoligüísticos, es decir, el país no se sostiene sobre grupos humanos con características nacionales y culturales homogéneas, lo cual conspira contra la solidez del Estado-Nación y eso es un factor decisivo en caso de una situación de beligerancia.

LA PROPUESTA DE «DDR»

Entre los aspectos más llamativos del vapuleado acuerdo está la propuesta de Desarme-Desmovilización-Reinserción (D-D-R), lo cual en un proceso normal de paz sería parte de una lógica admisible, pero en el caso de Centroafricana entraña una serie de dificultades, entre otros aspectos, porque persiste la desconfianza.

Un desarme completo sería el primer paso para aliviar las tensiones en cuanto a la seguridad y se podría realizar si existiera una voluntad política totalizadora, además del apoyo de las tropas internacionales desplegadas en el país, tanto africanas como francesas.

Se requiere el respaldo, porque «la situación de seguridad sigue siendo volátil y los enfrentamientos entre los anti-Balaka y los antiguos Seleka continúan  y se han incrementado las actividades criminales destinadas a, entre otras cosas, controlar los recursos naturales del país», apuntó el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon.

En carta al Consejo de Seguridad para solicitar el despliegue otros mil 30 cascos azules -750 soldados y 280 policías- lo que elevaría a unos 13 mil los efectivos de la Misión de ONU (Minusca), Ban abundó sobre la inestabilidad persistente en Bangui, la capital del país, donde se concentran las fuerzas foráneas.

El Consejo deberá valorar la renovación del mandato de la Minusca el próximo mes de abril, pero la mayoría de los pronósticos son favorables a esa acción o a alguna que no descarte el uso de la fuerza en caso de ser necesario para que la paz retorne, aunque se corra el riesgo de que su empleo engendre más violencia.

Sobresalen argumentos de por qué el Gobierno rechaza el acuerdo firmado en Nairobi, y uno es, por ejemplo, que en nueve meses Seleka reclutó a seis mil niños soldados, así como centenares de mercenarios de Chad, Sudán y Nigeria, a quienes les prometió pagarles con las reservas de oro y diamantes del país.

La victoria de Seleka contra el régimen de Bozizé está manchada con mucha sangre inocente, como también lo está el período que sucedió a ese derrocamiento y el ascenso del gobierno de 11 meses del musulmán Michel Djotodia, quien terminó su trayectoria refugiado en Benin.

Desde 1960, República Centroafricana sufrió seis golpes de Estado promovidos por intereses transnacionales. Los presidentes David Dacko, Jean Bedel Bokassa, André Kolingba, Ange Félix Patassé, Bozizé y Djotodia, fueron responsables, junto con Francia, del desastre nacional, apunta Basem Tajeldine, en Rebelión.org

«Más de tres mil personas han muerto desde diciembre del 2013. La ONU estima que 2,5 millones, más de la mitad de la población, necesita refugio, alimentos y agua, cuidados básicos de la salud y educación», indica un artículo de Misha Hussain en un balance de la situación humanitaria de ese Estado en 2014.

En el ámbito de la geoestrategia, la República Centroafricana sufre los tormentos de su localización, país mediterráneo, ubicado en un cruce de caminos entre Chad, Sudán, Sudán del Sur, Congo, Congo Democrático y Camerún, y afectada por una grave crisis institucional.

UN FIN PARA ESA HISTORIA

Una interrogante trascendente es ¿quién debe pagar por esta enrevesada novela de «malos y malos» que al parecer va llegando a su final?, pese a que aún es inexistente el consenso internacional al respecto, y donde la trama porta componentes neocoloniales y de ambición por el poder entre rústicas estructuras de clientelismo político.

Los problemas entre las comunidades confesionales fundamentales, destrozan el ideal de Unidad, Dignidad, Trabajo, plasmado en el lema histórico del país, al que la benevolencia aurífera, de diamantes y uranio podría sacarlo de la miseria, pero donde unos 500 mil habitantes deambulan como desplazados, según Naciones Unidas.

El suplicio de la guerra costó millares de muertos, y hoy los familiares de muchas víctimas se desesperan al no tener a quien acudir con su reclamo de justicia y eso entraña otro dilema en un país en el cual los mecanismos judiciales resultan frágiles, debido al conflicto y a la destructiva actitud sectaria.

Es notoria la violencia perpetrada, pero la línea oficial podría proyectarse hacia el perdón y el olvido para dar una salida amable al atolladero, y a partir de entonces lograr la estabilidad que no consiguieron tres fuerzas internacionales: Operación Sangaris (francesa), Eufor-RCA (Unión Europea) y la Misión de la ONU (Minusca).

También es sintomático que en la presunta búsqueda de soluciones para este caso, algunas fórmulas utilizadas en el contexto de las relaciones internacionales avanzaron, pero otras se quedaron en el intento, y eso en alguna medida puede resultar cruel en medio de la necesidad de rescatar la posibilidad de sobrevivir.

«Han llegado delegaciones desde Nueva York que no han querido ni comer con nosotros, ni mancharse las manos. Han redactado cantidad de informes sin bajarse del avión y muy pocos han hecho algo por mejorar la situación del país», afirmó el monseñor Juan José Aguirre, obispo de la nororiental ciudad de Bangassou.

Aún se requieren muchas confirmaciones en el caso de República Centroafricana para pronosticar cuándo finalizará su inventario de tragedias, y que las perspectivas de orden y estabilidad le permitan realizar este semestre sus comicios generales, como indicó Dieudonné Kombo Yaya, jefe de la Autoridad Nacional Electoral.