Reflexiones sobre un motín en Gabón

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Por Julio Morejón

Países africanos territorialmente pequeños suelen sorprender por la dimensión de los problemas que llegan a sufrir, como ocurrió en Gabón, donde un golpe de Estado no fraguado destrozó la calma ciudadana y de hecho alteró el proceso de democratización nacional.

Un grupo de militares encabezó una conspiración para derrocar al presidente, Ali Bongo Omdimba, en el poder hace 10 años, tras suceder en el cargo a su padre, Omar Bongo, quien gobernó desde 1967 hasta 2009, cuando falleció como consecuencia de un cáncer.

Ali Bongo fue canciller y titular de Defensa antes de resultar electo presidente en 2009, en unos comicios cuestionados por la oposición; trabajó como coordinador general de la Juventud en la campaña electoral de 2005 para la reelección de su progenitor y concluidos los comicios fue designado ministro de Estado.

Pese a su trayectoria cerca del centro del poder, al actual mandatario gabonés le criticaron desde antes pues lo ven ‘como un niño mimado, nacido en Congo-Brazaville, educado en Francia, apenas capaz de hablar lenguas indígenas y con la apariencia de una estrella de hip-hop’, según anotó el diario L’Observateur Paalga, de Burkina Faso.

En las elecciones de 2016, Ali Bongo venció por estrecha ventaja a su rival, Jean Ping, expresidente de la Comisión de la Unión Africana, quien rechazó los resultados de la consulta y presentó un recurso para impugnarlos, pero el Tribunal Constitucional lo refutó y confirmó al triunfador para un segundo mandato de siete años.

Con esos antecedentes en el escenario institucional gabonés, el país llegó a los 19 primeros años del siglo XXI con un presidente que la oposición considera inamovible, pese a su reelección con un margen de seis mil votos, la cual desató una ola de indignación que capitalizaron los contrarios.

Esas elecciones presidenciales provocaron disturbios que causaron muertos y miles de detenidos, no obstante Gabón retornó a la normalidad y se reactivó su vida económica, en la cual la producción petrolera tiene un lugar significativo.

MANU MILITARI Con tal trayectoria se llegó a inicios de 2019, cuando un grupo de soldados se lanzó a la toma del poder, mientras que el mandatario permanecía enfermo y se hallaba fuera del país.

Según declaró Kelly Ondo Obiang, jefe de la conspiración, él encabezaba el Movimiento Patriótico de Jóvenes de las Fuerzas de Defensa y Seguridad de Gabón (Mpjfds), el plan llevado a cabo consistía en neutralizar a los guardias frente a la radio-televisión estatal e interceptar y secuestrar a cinco periodistas y técnicos para luego leer un comunicado.

En su mensaje radiado, los golpistas anunciaron el establecimiento de un consejo nacional de la restauración con el propósito de -enfatizaron- ‘salvar a Gabón del caos’, pero se desconoce exactamente a qué se referían, mientras algunos medios prensa aseguraron que en la capital, Libreville, se escuchaban algunos disparos, pero nada más.

‘Es hora de tomar nuestro destino en nuestras manos, ha llegado la hora del día tan esperado. Ese día en que el Ejército decidió ponerse del lado de su pueblo para salvar a Gabón del caos’, resaltaron los sublevados en su mensaje, antes de que las fuerzas de seguridad desarticularan el intento golpista.

Algunos observadores opinaron que con la conspiración se pretendía aprovechar la ausencia del gobernante en el país para desalojarlo del poder, pues Bongo Omdimba se hallaba en Marruecos con vistas a reponerse de un accidente cardiovascular, como informaron fuentes oficiales gabonesas.

Los conspiradores alegaron que el discurso pronunciado por el presidente el 31 de diciembre en Rabat, la capital marroquí, donde era asistido, ‘reforzó las dudas’ sobre la capacidad del gobernante de continuar en el poder ‘al escenificar a un paciente sin muchas de sus facultades físicas y mentales’.

El fallido intento golpista dejó interrogantes sin responder; primero, si el desconocimiento de la autoridad presidencial no esconderá un rechazo de sectores castrenses poco favorecidos, cuyas acciones podrían hacer peligrar la seguridad del país francófono.

Esa operación que pretendía cambiar el orden establecido intentaba abrir una puerta de emergencia, acaso un síntoma de cansancio del modelo político o una actitud que posibilita a terceros a acercarse táctica y sinuosamente al pequeño Estado petrolero de África centro-occidental.

La infausta conspiración concluyó y la situación quedó bajo el control de las fuerzas de seguridad, según precisó el portavoz del gobierno Guy-Bertrand Mapangou, quien afirmó que el jefe del grupo, el cual llamó al levantamiento por radio, ‘fue arrestado’. El teniente Kelly Ondo Obiang fue detenido en un vecindario próximo a la emisora de radio mientras intentaba huir durante la operación para desalojar a los sublevados de la emisora estatal que tomaron durante la mañana del 7 de enero, indicaron a la prensa fuentes cercanas a la Presidencia.

Efectivos del gobierno tomaron por asalto el edificio de la radio, aniquilaron a dos integrantes del comando golpista y liberaron a los rehenes, aunque no se descartó que otros implicados huyeran de ese escenario tras la derrota causada apenas en escasas horas.

De todas formas, Gabón regresó a la normalidad; en el ámbito institucional, el presidente Bongo designó a Julien Nkoghe Bekale como nuevo primer ministro para suceder en el cargo a Emmanuel Issoze Ngondet.

Occidente, por su parte, observa con cierta desconfianza si lo ocurrido en la capital gabonesa no será la señal de una carrera golpista en el continente, cuando se ajustan las medidas para evitar un acontecer tormentoso que retrotraiga la marcha hacia la paz y cordura requeridas.

La postura constructiva asumida la reafirmó el retorno del presidente Ali Bongo Omdimba a territorio gabonés el 15 de enero, ocho días después de la fracasada asonada golpista.

Hay muchas ‘lagunas’ de lo que medios de prensa casi a coro llaman un golpe de Estado loco, aunque tal vez exageran. En tanto, la Unión Africana condenó el fracasado intento: ‘Reafirmo el rechazo total de la UA de cualquier cambio inconstitucional de poder’, dijo el presidente de su Comisión, Musa Faki Mahamat.