Otra tragedia hirió a Sierra Leona

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Por Julio Morejón
Apenas repuesta de la epidemia de fiebre hemorrágica del Ébola que azotó a África del 2014-2016, Sierra Leona sufrió un segundo y muy fuerte golpe, esta vez dado por la inclemencia climática.

A mediados de agosto, copiosas lluvias provocaron inundaciones y deslaves de tierra que causaron la muerte de más de un millar de personas y una cifra indeterminada de desaparecidos, todo lo cual se consideró como la peor tragedia ocasionada por la naturaleza en África occidental en mucho tiempo.

Tres zonas de Freetown, la capital sierraleonesas fueron las más afectadas por el exceso de precipitaciones.

El Ministerio para la Emergencia notificó la cifra de víctimas ocurridas con las intensas e incesantes lluvias de la noche entre el 13 y 14 de agosto, cuando la gente dormía, por lo cual se entiende el alto número de muertes.

Según sus reportes, todo un lado de la colina Sugar Loaf (Pan de Azúcar) se derrumbó, aplastó a cientos de viviendas y barrió la zona de Regent, un lugar que se transformó virtualmente en un pantano de agua de lluvia y un túmulo de fango.

Toda la información sobre esa catástrofe destacó una rápida escalada en la cifra de víctimas fatales: al principio se calculó algo más de 300 muertos, después se indicó más de 450 y así fue hasta el 29 de agosto cuando las estadísticas indicaron más de un millar de decesos.

Comentarios de especialistas en labores de rescate coincidían en la dificultad para establecer un número exacto de pérdidas humanas, ya que se presentía la existencia de una cantidad desconocida de cadáveres hundidos en el lodo, en lugares donde los rescatistas no podían llegar.

‘En situaciones como esta, tres a cuatro días después del desastre aumenta el riesgo de encontrar más gente muerta que viva’, precisó a la prensa Elhadj As Sy, presidente de la Federación Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja (FICR), en los momentos en que los datos numéricos aún reportaban unos 600 desaparecidos.

Para paliar la tragedia, organizaciones internacionales extendieron sus manos para solidarizarse con Sierra Leona. Fue notoria la actitud del Fondo de N acciones Unidas para la Infancia (Unicef), que con celeridad respondió con envíos de útiles para enfrentar necesidades básicas en la asistencia a centenares de familias afectadas.

Unicef suministró agua potable y artículos de higiene, así como distribuyó ayuda humanitaria como medicamentos, tiendas de campaña y otros enceres de emergencia, mientras que varios países y agrupaciones como la Organización Internacional de las Migraciones (OIM), concedieron fondos financieros para las acciones de auxilio.

El dolor y luto en Sierra Leona generó actos de fraternidad que ennoblecieron a quienes los ejecutaron y eso es una lección en medio de una galopante ola egoísmo y endurecimiento mundial.