Omar Hasán al Bashir, el primer presidente en el cargo perseguido por el TPI

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Al BashirEl presidente de Sudán, Omar Hasán al Bashir, se ha convertido en el primer jefe de Estado en el cargo perseguido por la justicia internacional. En concreto, está acusado de crímenes de guerra y contra la Humanidad por la actuación de las fuerzas gubernamentales en el conflicto de Darfur, una más de las guerras que han marcado la trayectoria de Al Bashir desde que accedió al poder tras un golpe de Estado, en 1989.

Cuando llegó al poder Al Bashir, Sudán estaba inmerso en una cruenta y larga guerra con los separatistas sursudaneses que no acabó hasta el acuerdo de paz de 2005 que se tradujo posteriormente en la secesión de Sudán del Sur, pero justo comenzaba otro violento conflicto en la región de Darfur por el que el Tribunal Penal Internacional (TPI) le ha acusado de crímenes de guerra y contra la Humanidad.

A pesar de la orden de arresto internacional emitido por el TPI, logró la reelección sucesivamente en 2010 y 2015 con porcentajes aplastantes de apoyo en las urnas.

La carrera de Al Bashir, que ahora tiene 71 años, comenzó en el Ejército, donde dirigió las operaciones militares contra las fuerzas separatistas sursudanesas de John Garang. Por eso cuando firmó el acuerdo de paz, argumentó que no lo firmó tras haber sido derrotado, sino «cuando estábamos en lo más alto de nuestras victorias».

La realidad es que supuso el fracaso de su idea de un Sudán unido, ya que en el referéndum de 2011 el 99 por ciento de los sursudaneses votó a favor de la independencia, que se plasmó seis meses después.

En cambio, en Darfur su actitud ha sido mucho menos conciliadora. El conflicto estalló en 2003, cuando grupos insurgentes apoyados por la población no árabe de Darfur se sublevaron contra la discriminación del Estado, dominado mayoritariamente por los árabes.

El Ejército respondió a la insurgencia con dureza, pero los principales protagonistas de la represión fueron las tribus janjaweed, las tribus árabes que vivían en la zona. El Gobierno siempre ha negado haber apoyado a los janjaweed, pero estos paramilitares, con la connivencia de las fuerzas de seguridad, perpetraron las peores matanzas y crímenes de guerra contra las comunidades negras.

Las estimaciones más fiables de organismos de la ONU apuntan a unos 300.000 muertos en el conflicto de Darfur, aunque Jartum reconoce apenas 100.000. Además, los propios rebeldes del Movimiento Justicia e Igualdad de Darfur estuvieron a punto de entrar en Jartum en 2008. Dos años después se firmó un alto el fuego.

INVESTIGACIÓN DEL TPI

El TPI abrió una investigación contra Al Bashir por los crímenes de Darfur y finalmente en marzo de 2009 fue formalmente acusado de cinco cargos de crímenes contra la Humanidad y dos de crímenes de guerra.

Sin embargo, la fiscal jefe del TPI, Fatou Bensouda, anunció a mediados de diciembre que se paralizaba la investigación contra Al Bashir por falta de apoyo del Consejo de Seguridad, el único organismo con capacidad para obligar a Al Bashir y a los demás acusados a ser procesados.

Además de Al Bashir, también están acusados el ministro de Defensa, Abdel Raheem Muhammad Hussein; el exministro del Interior Ahmed Haroun; y el líder de la milicia janjaweed, Ali Kushayb. Ninguno de ellos ha sido detenido y China impide cualquier nueva iniciativa con su derecho a veto en el Consejo de Seguridad.

El tribunal remitió a Sudán al Consejo de Seguridad de la ONU en 2010, ya que el país africano se negó a colaborar en el arresto de los acusados. También remitió a Kenia, Yibuti, Malaui, República Democrática del Congo y Chad por negarse a arrestar a Al Bashir cuando visitó estos países. La ONU no ha respondido a ninguna de estas reclamaciones.

ORGULLOSO Y PROPENSO A LA IRA

Nació en 1944 en el seno de una familia de agricultores y se unió al Ejército, donde comenzó a subir poco a poco en el escalafón. Llegó a combatir a Israel en las filas del Ejército egipcio en la guerra de 1973 y ha perpetuado el estilo militar en su forma de gobierno y en la gestión de su partido, el Partido del Congreso Nacional.

Dentro del propio partido reconocen que su permanencia en el cargo durante décadas se debe más a que sus rivales dentro de la formación desconfiaban más entre sí de lo que lo hacían de Al Bashir.

«Es un hombre que da mucha importancia a su dignidad y a su orgullo, un hombre impulsivo, propenso a la ira, en particular cuando cree que su orgullo está herido», ha explicado un analista especializado en Sudán Alex de Waal, en declaraciones a la BBC. Además, De Waal advierte de que «es más inteligente de lo que aparenta».

De su vida personal poco se sabe, más que con unos 50 años tomó una segunda esposa y que no tiene hijos. Se casó con la viuda de Ibrahim Shams al Din, considerado un héroe de guerra en el norte para dar ejemplo, según anunció él mismo, para que las viudas de la larga guerra pudieran subsistir.

En economía, hasta la secesión del sur el petróleo fue un maná que parecía inagotable que impulsó el crecimiento del país, pero ahora dos tercios de la producción ha quedado al sur de la nueva frontera. El régimen de Al Bashir siempre ha negado que el conflicto de Darfur se debiera a la mala distribución de los beneficios del petróleo y lo atribuye a un conflicto tradicional.