Nuevo Canal de Suez, la repetición de un sueño

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egipto-canal-de-suezPor Moisés Saab

Nadie recuerda quién fue el primero que la soñó, pero la idea de unir los mares Rojo y Mediterráneo para acortar la distancia entre lo que hoy es Europa y Asia es tan antigua como la milenaria cultura egipcia.

Los egipcios reivindican haber inventado la cultura como sistema, la medicina, el primer tratado de paz, la arquitectura, la pesca industrial, además de ese brebaje de aceptación universal llamado cerveza, entre otras actividades hoy generalizadas.

También de ellos es el primer canal que unió a dos continentes, inaugurado a mediados del siglo XIX con el bombo y platillo que era de esperar, aunque los asistentes se quedaron sin escuchar las arias de la opera Aída, encargada para la ocasión a Giuseppe Verdi, que no pudo completarla a tiempo.

A mediados del siglo pasado un hombre salido del Ejército y devenido líder regional y tercermundista, Gamal Abdel Nasser, tuvo la osadía de nacionalizar la vía acuática que durante casi un siglo había sido propiedad de un consorcio franco-británico.

La ira imperial se materializó con una agresión militar, a la que Israel se unió de buena gana, detenida por un ultimátum de la Unión Soviética, secundado por el entonces presidente norteamericano Dwight D. Eisenhower, aunque por razones diferentes.

Para Moscú, Nasser era un aliado de cierta confianza que apoyaba a los movimientos de liberación africano que pocos años después eclosionarían en el fin de la dominación colonial en Africa.

Al exgeneral norteamericano devenido mandatario, que veía en Nasser a un adversario de cuidado, le preocupaba que la Europa de la posguerra, cuya pujanza comenzaba a palparse, reforzara el monopolio sobre el canal con implicaciones difíciles de pronosticar a largo plazo.

Fue una de esas raras ocasiones en que intereses geopolíticos de dos partes divergentes crearan compañeros de lecho impensables en otras circunstancias.

Ahora la atención de los egipcios vuelve a estar concentrada en la construcción de otra vía acuática paralela a la existente, joya de la corona de la estrategia económica trazada por el presidente Abdel Fattah El Sisi para propulsar a su país al centro de la actividad económica mundial.

La nueva vía acuática, que deberá estar concluida el próximo 15 de julio, dos años antes de lo planeado por instrucciones del mandatario, acortará el tiempo de espera de los buques para completar la travesía, dijo a Prensa Latina el general Mujad Mamish, director de la autoridad que rige el canal de Suez.

En rigor se trata de un apéndice del canal existente y tendrá una extensión de 72 kilómetros en una semi parábola que entronca con la vía original y evita que los buques tengan que fondear en zonas hasta 11 horas como ocurre al presente, con el consiguiente ahorro de tiempo y combustible.

Para construir la flamante vía se han excavado 37 kilómetros en seco y 35 de dragado, bajo la dirección de ingenieros militares, y con una participación económica limitada a nacionales, para evitar la influencia foránea en un tema estratégico vistas las lecciones de la historia.

Las autoridades egipcias quieren darle a la ceremonia inaugural, a la que han confirmado asistencia varios jefes de Estado, entre ellos el presidente ruso Vladimir Putin, un carácter fastuoso, pero al mismo tiempo austero.

El general Mamich aseguró que el ducto entrará en funcionamiento tan pronto sea cortada la cinta y que el acto será costeado por donaciones de la población y de las empresas que han participado en los trabajos de construcción «para no abrumar las arcas del Estado», desmedradas por varios años de turbulencias políticas.

La construcción del nuevo canal incluye la excavación de 16 túneles entre tierra firme y la península de Sinaí y la creación de un área de desarrollo económico en un área de 76 mil kilómetros cuadrados en ambas riveras del mar Rojo, en cuyo éxito radican las mayores expectativas del Gobierno egipcio.

Durante una cumbre mundial sobre la economía egipcia en marzo pasado El Sisi reveló que su país «atraviesa una situación económica muy dura» y requiere a mediano plazo inversiones extranjeras directas del orden de los 300 mil millones de dólares para reencaminar al país y, sobre todo, crear empleos.

El mandatario considera que la verdadera solución para la amenaza de la expansión del islamismo beligerante tanto en su país, como en África y el Levante, radica en la solución del problema del desempleo y el mejoramiento de la educación, dos problemas que requieren grandes masas de dinero.

Y la fórmula, si no mágica, al menos más al alcance de la mano en Egipto, es la instalación de ensambladoras de vehículos y fábricas, además de zonas de almacenamiento que aprovechen las ventajas geográficas de este país, a medio camino entre Asia y Europa, a la que se suma su cercanía al norte y centro de Africa.

Si las pirámides fueron la expresión del narcisismo de hombres que se creían dioses, en las cuales trabajaron miles de seres humanos durante décadas, el nuevo canal, miles de años después, equivale a la construcción de varias pirámides en el mar y con fines más terrenales.