Nigeria: Violencia signa inicio de nuevo mandato de Buhari

0
302

Muhammadu BuhariPor Benito Joaquín Milanés 

Una ola de violencia de la secta islamista Boko Haram signa el inicio del gobierno del presidente de Nigeria, Muhammadu Buhari.

Los ataques de esta última semana, causantes de más de un centenar de víctimas entre muertos y heridos, indican una reacción contraria a la primera medida del nuevo mandatario.

Esa decisión desplazó de Abuja hacia Maiduguri, en el nororiental estado de Borno, a los mandos militares para intensificar la lucha contra los integristas.

Con sus acciones, la secta nigeriana Boko Haram también prueba la porosidad del cerco a que está sometida en su cuartel general de Sambisa, desde donde principalmente parten los comandos hacia misiones de hostigamientos a militares y civiles.

Durante los primeros días de gobierno de Buhari, la táctica rebelde vuelve a hacer énfasis en hombres o mujeres suicidas.

A ellos les es más fácil evadir el cerco militar multinacional para el cumplimiento de sus tareas en áreas de grandes concentraciones públicas de los estados de Borno, Adamawa y Yobe, los más castigados en el conflicto que se extiende desde 2009.

Las recientes acometidas de Boko Haram parecen burlar los compromisos electorales de quien ocupa desde el 29 de mayo la máxima magistratura nigeriana, que prometió que el fin de la organización terrorista llegaría a partir del inicio de su mandato.

Un ejemplo: más de 60 víctimas, 26 de ellas mortales, causó el 30 de mayo un ataque suicida perpetrado contra una mezquita de la ciudad de Maiduguri.

También están las andanadas de cohetes disparadas contra residencias de la citada urbe, que ocasionaron al menos la muerte de 11 personas.

Igualmente resultan espinas en la butaca presidencial de Buhari durante el inicio de su gobierno, el ametrallamiento de sedes gubernamentales y el incendio de inmuebles, entre otras acciones de los extremistas.

Tales hechos precipitaron la primera gira internacional del mandatario nigeriano, quien viajó a Chad y Níger.

En Niamey y Yamena, ratificó a los medios de prensa que «acorralará a Boko Haram hasta destruirlo». En esas breves visitas fortaleció la alianza militar con los dos países, en su lucha contra los islamistas.

En ese sentido, los mandos militares aliados aprobaron designar al nigeriano general Tukur Yusuf Buratai al frente de la fuerza multinacional para combatir contra Boko Haram.

Con ese nombramiento, los asociados se proponen potenciar el papel del ejército de Nigeria en ese comando subregional de ocho mil 700 hombres, cuya integración aprobó la Unión Africana a fines de enero pasado.

Esa fuerza, compuesta además por militares cameruneses, prevé entrar en operaciones totalmente este mes de junio.

El grupo de aliados logró desocupar a los fundamentalistas en los pasados 60 días de una parte importante de las ciudades y poblados del nororiente nigeriano.

Sin embargo, pese a la ofensiva, la secta islamista mantiene incólume su poderío militar en el noreste de Nigeria, y no cede en su objetivo de crear un califato islámico en regiones de mayoría musulmana en el norte del país.

Los pronunciamientos del mandatario en suelo nigerino y chadiano demuestran que destruir totalmente a esa facción radical es uno de sus principales propósitos.

Boko Haram mató en Nigeria desde 2009 hasta la fecha a más de 15 mil personas, y causó cerca de tres millones de desplazados, según la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

También secuestró hace dos años a unas 300 alumnas de una escuela secundaria de Chibok, en el estado nororiental de Borno.

Alcanzar la seguridad en Nigeria durante el mandato presidencial recién iniciado depende de la derrota absoluta de ese grupo radical islámico, causantes de los más despiadados y crueles hechos de sangre desde el final la guerra civil, ocurrida entre 1967 y 1970.

La tarea no parecer ser fácil, pese a que Boko Haram está ahora supuestamente arrinconado en su base central de los bosques de Sambisa, por la ofensiva multinacional de las tropas de Níger, Chad, Camerún y Nigeria.

Este momento político es difícil para el presidente nigeriano, porque el actual escenario puede agravarse también por la amenaza de los rebeldes del Movimiento para la Emancipación del Delta del Níger (MEND), quienes desean un reparto más justo de la riqueza petrolera.

Implementar medidas dirigidas a reducir la degradación ambiental que afecta a diversas zonas del país, en especial la prevaleciente en la región del delta del Níger, constituye una prioridad expuesta en la agenda gubernamental de Buhari.

Otros puntos promovidos por el general (r) son la solución de los problemas que enfrentan los sectores de la educación y la salud, así como los de la agricultura y la minería, dos renglones económicos estratégicos para el desarrollo nacional.

Debido a su pasado militar de jefe carismático y fuerte, Buhari proyecta certeza en el cumplimiento de los objetivos contra Boko Haram.

Muchos nigerianos no olvidan que el actual mandatario fue el líder del ejército y consideran que un caudillo militar es la persona idónea para hacer frente a las milicias extremistas que intentan cercenar al país.

Buhari tiene prometido a los nigerianos seguridad nacional, salud y educación, entre otros cambios, que deberá aplazar debido a prioridades militares.

Los retos de Buhari, confirmados en su primera semana de gobierno, son superiores a aquellos que hace 30 años tuvo que enfrentar y que le costaron la salida del poder.