Migrantes en Libia: entre el sueño europeo y la realidad de las milicias

0
508
Migrantes en libia
Migrantes en libia

Perseguidos, explotados y estafados, con un trasfondo de racismo: los emigrantes clandestinos subsaharianos siguen, a pesar de todo, desfilando por Libia para emprender la peligrosa travesía del Mediterráneo destino a Europa, a merced de milicias incontroladas.

Un grupo de personas comentaba este viernes ante la iglesia de Trípoli el naufragio un día antes de una embarcación que zarpó de Libia y se hundió cerca de la isla italiana de Lampedusa, dejando probablemente unos 300 muertos.

Pero este drama no parecía desanimar a los candidatos a atravesar el Mediterráneo rumbo a Italia.

«A pesar de las dificultades, los africanos no renuncian a su sueño de llegar a Europa», afirmó Albert Obmila, un ruandés.

«La vida en Libia se ha convertido en un infierno para los africanos, que están a merced de las milicias», consideró Albert.

«Bajo el régimen de Gadafi sufríamos detenciones y expulsiones, pero no tiene punto de comparación con lo que ocurre actualmente», valoró por su parte Georges Ikbo, un nigeriano de unos cuarenta años y residente desde hace cinco en Libia.

«Yo no he conseguido llegar a Europa por culpa de las estafas de los intermediarios libios, que colaboran con las milicias», lamentó.

«He trabajado duro, en todos los oficios imaginables, y con todo tipo de privaciones para poder reunir 1.500 dinares (unos 1.100 dólares)», el precio de una travesía, aseguró Patrick Adamo, un camerunés que acudió a misa «para rezar, ver a los amigos y olvidar los deberes de la vida diaria».

«Más de veinte africanos trajimos, cada uno, la cantidad exigida por los intermediarios libios», recordó, «pero el día D, en lugar de hacernos subir al barco, nos enviaron a hombres armados de una milicia que nos detuvieron y nos metieron en prisión en Trípoli».

«Al cabo de cuatro meses me dejaron en libertad junto a otras personas, y desde entonces tomo todas las precauciones para no volver a caer en esta trampa, mientras sigo intentando irme a Europa», afirmó con aire decidido.

Según varios testimonios recopilados por la AFP en Trípoli, las milicias armadas, que ocupan el vacío en materia de seguridad que sufre este Estado en ruina, prometen organizar las travesías para estos inmigrantes a cambio de unas sumas que pueden ir de los 1.000 a los 2.000 dólares por persona, antes de detenerlos.

Uno de los eritreos reconoció haber sido víctima de este tipo de estafas hasta en tres ocasiones.

Tras ser detenidos, ya sea en la calle, en puestos de control, en su domicilio o cuando se disponen a atravesar el Mediterráneo, los inmigrantes son puestos bajo control del servicio de lucha contra la inmigración ilegal, o en locales administrados de facto por milicias armadas.

Los detenidos «se quejan a menudo de la sobrepoblación, de una alimentación inadecuada, de un acceso discontinuo a los cuidados, de la ausencia de actividades de ocio y de salidas al aire libre, de la brutalidad, de actos racistas, de insultos y de falta de higiene», denunció Amnistía Internacional en un informe reciente.

Quienes no tienen los medios para pagar el precio de su libertad, son enviados, apiñados en camiones, a las fronteras nigerianas o chadianas.

Con más de 4.000 km de fronteras terrestres con seis Estados y más de 1.700 km de fronteras marítimas, Libia solicita regularmente ayuda a los países occidentales para hacer frente a la inmigración clandestina.

El líder libio Muamar Gadafi, depuesto y muerto en 2011, había hecho de la inmigración clandestina una temible arma para chantajear a Europa, con la que reclamaba 5.000 millones de euros anuales a la Unión Europea para detener la inmigración.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here