Matrimonio infantil en África: la niñez perdida

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Por Deisy Francis Mexidor
Cada dos segundos una niña es obligada a contraer nupcias en el mundo, de ellas muchas en África, continente que a la vuelta de tres décadas tendrá alrededor de 310 millones de menores de edad casadas.

La lentitud de la lucha contra el mal social y el incremento demográfico de la población son las principales causas del aumento del matrimonio infantil en África, contrariamente al resto del planeta.

Estimados apuntan que el número de niñas en la región se elevará de 275 millones en la actualidad a 465 millones en 2050; así lo confirman estadísticas de la Organización de las Naciones Unidas al abordar la aterradora realidad.

Por tal motivo, la Unión Africana (UA) se erigió como puntero de una campaña continental por erradicar el problema y a su vez implementar un plan de acción para los gobiernos con el fin de reducir las hasta ahora imparables tasas.

La organización, entre otros aspectos, pidió facilitar el acceso a una educación de calidad y a servicios de salud reproductiva; el fortalecimiento y la aplicación de leyes y políticas que protejan los derechos de las niñas, así como la prohibición del matrimonio hasta los 18 años.

Durante la primera Cumbre para poner fin al Matrimonio Infantil en África, celebrada con la participación de ONU Mujeres y bajo auspicio de la UA, celebrada del 24 al 27 de noviembre de 2015 en Lusaka, Zambia, se trató de movilizar a líderes tradicionales y políticos en torno al tema.

Un informe del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) presentado en la propia cita, alertó que de continuar con este ritmo África superará al sur de Asia como la región con el mayor número de mujeres de entre 20 y 24 años que se casaron siendo niñas.

‘El matrimonio infantil genera una serie de normas que resultan cada vez más difíciles de exterminar; normas que socavan el valor de nuestras mujeres’, dijo la entonces presidenta de la Comisión de la UA, Nkosozana Dlamini Zuma. A través de un mayor grado de conciencia, junto con un enfoque que implique a todos, será posible erradicar sus dañinos efectos, acotó.

Las estadísticas muestran que los países africanos suponen 17 de los 20 con Los índices más altos a nivel global.

Por ejemplo, el 76 por ciento de las niñas en Níger y cerca del 70 por ciento de las de República Centroafricana y Chad se casan antes de cumplir los 18 años.

Es una realidad muy latente en África, opinó el presidente de Zambia, Edgar Lungu, en un evento en Nueva York previo al segmento de alto nivel del 72 Periodo de Sesiones de la Asamblea General de la ONU, realizado este mes.

Tanto Lungu como sus homólogos de Uganda, Yoweri Museveni, y de Malawi, Peter Mutharika, expresaron su compromiso de apoyar los esfuerzos para poner fin al matrimonio infantil en África en 2030.

DATOS DIVERSOS DE UN GRAVE PROBLEMA

Justo en 2016 Malawi se unió a Gambia y Tanzania al prohibir el matrimonio infantil antes de los 18 años y quienes lo infrinjan cometen un delito punible con cinco años de prisión y una multa de unos 143 dólares.

El expresidente gambiano Yahya Jammeh proscribió la práctica que ahora se castiga con 20 años de prisión, al tiempo que en Tanzania, un tribunal declaró inconstitucionales las secciones 13 y 17 de la Ley del Matrimonio, que posibilitaba a las niñas unirse a los 15 años con permiso de los padres y a los 14 años con el permiso de una corte de justicia.

Igualmente, el Parlamento de Chad adoptó hace poco una reforma de su código penal que eleva la edad legal de matrimonio de 16 a 18 años.

El mandatario chadiano, Idriss Deby, también promulgó una ley que castiga al infractor con penas de cinco a 10 años de prisión y una multa que en algunos casos puede rondar los ocho mil 800 dólares, según el cambio.

Zimbabwe aún no ha elaborado leyes para criminalizar los matrimonios de niños. Algunos datos de instituciones especializadas y organismos internacionales arrojan que, por ejemplo, en Senegal solo el 18 por ciento de las mujeres usan métodos anticonceptivos.

Mientras en Mali, según el ‘Código Familiar’ vigente desde 2011, las mujeres le deben obediencia a sus esposos; en tanto, Níger refleja que la edad media del matrimonio es de 15.8 años.

Por su parte, en Malawi, cuatro de cada cinco chicas casadas no terminó la educación primaria, y en Mozambique, la violencia emocional, física y sexual son factores por los que muchas niñas abandonan la escuela y terminan en nupcias.

En Zambia, el 31 por ciento de las mujeres entre 20 y 24 años fueron casadas a sus 18 y en Tanzania, se eleva el 61 por ciento.

Las propias fuentes aseguran que después de África occidental, la tasa más alta de matrimonio infantil se registra en la región de Asia.

‘El número de niñas afectadas -y lo que esto significa en términos de infancias perdidas y de futuros destruidos- subraya la urgencia de prohibir la práctica del matrimonio infantil de una vez por todas’, a juicio del director ejecutivo del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), Anthony Lake.

Para el alto funcionario de la ONU, ‘cada niña casada es una tragedia individual’ y por lo tanto ‘un aumento en su número es intolerable’.

Al casarse de manera forzada, se les niega, especialmente a las niñas, su dignidad y la oportunidad de tomar decisiones que son esenciales en sus vidas.

Además, cuentan con menos probabilidades de terminar sus estudios y más posibilidades de ser víctimas de la violencia y de contraer el VIH, a lo que se añade el que los hijos corren más riesgo de bajo peso y mortalidad, ya sea al nacer o poco después.

Pero no es una solución simple y quienes toman decisiones lo saben. La sociedad en su conjunto tendrá que crear condiciones para eliminar el flagelo.

Según el Fondo de Población de las Naciones Unidas (Fnuap), más de 140 millones de niñas contraerán matrimonio antes de 2020 y si el ritmo del fenómeno persiste, 14 millones 200 mil niñas por año, o sea 39 mil por día, se casarán a temprana edad.

De esos 140 millones, al menos 50 millones no habrán arribado a los 15 años.

No hay soluciones simples, opinan los especialistas, pero llegará el día en que desaparezcan de la prensa confesiones como la de una niña malawi, quien resumió en un lamento: ‘nunca he experimentado la felicidad en mi matrimonio. Nunca he visto el beneficio de estar casada’.