Lesoto: ¿otra mancha en el espejo en África austral?

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Thomas ThabanePor Julio Morejón

La atención perdura hoy sobre Lesoto, donde el sábado el ejército desactivó a la policía, las emisoras y las comunicaciones hacia el exterior, lo que el primer ministro, Thomas Thabane, calificó de golpe de Estado.

Sobre el reino montañoso -rodeado territorialmente por Sudáfrica- están las miradas del continente y en especial de la Comunidad de Desarrollo de África Austral (SADC), cuyos representantes se reunieron con urgencia para definir cómo actuar ante la acción militar.

En Pretoria, Thabane y su viceprimer ministro y socio de coalición, Mothetjoa Metsing, se comprometieron a echar andar una hoja de ruta para reabrir el Parlamento, y tras un encuentro entre ambos y la representación de la SADC,el jefe del gobierno retornó a Maseru, la capital de Lesoto.

Thabane cerró el Legislativo en junio pasado por un período de nueve meses, tras denunciar el riesgo de que se ejecutara un golpe de Estado en el reino, que es una monarquía constitucional, en la cual el rey Letsie III se desempeña como jefe de Estado.

Por definición, la monarquía parlamentaria es una de las formas de gobierno existente en la que actúa el poder de la realeza en consulta con el Legislativo y el Ejecutivo.

Ante la actualidad institucional de Lesoto, los analistas deliberan que lo ocurrido el sábado último es el resultado de la lucha por el control de las fuerzas armadas, componente esencial en la dinámica del país, y que en el caso de África evidencia la vitalidad y solidez de cualquier gobierno.

Lo acontecido es la persistencia de una disputa entre los organismos armados para definir hacia donde se inclina la balanza política: hacia el Ejército, evidentemente el concursante más fuerte o hacia la Policía, que tiene un intercambio más directo con la población y eso podría granjearle influencia en ella.

Según el periódico sudafricano The Times, las relaciones entre el primer ministro de Lesoto, Thabane, y el jefe del Ejército, Tlali Kamoli, se rompieron después que el primero quiso cesar al otro por supuestos planes sediciosos.

Medios puntualizaron que poco después de la designación por Thabane del teniente general Maaparankoe Mahao al frente del Ejército, hombres armados intentaron asesinarlo, y después desapareció del escenario político, hasta este miércoles.

Por su parte, las fuerzas armadas -tras ocupar los cuarteles de la fuerza pública y las estaciones de comunicaciones-, negaron que se tratara de un golpe de Estado y explicaron que fue una acción contra la Policía para evitar la venta de armas a los partidos políticos.

La presunta distribución de armas entre partidos conduciría a una escalada de la crisis política interna, pero algunos analistas se refieren a la existencia del gobierno de coalición que supone un entendimiento en la cúpula pero fuera de eso, la unidad es virtual.

Así, el Ejército y sus seguidores respaldan al viceprimer ministro Metsing y la Policía al primer ministro Thabane. Esa «división de preferencias» puede ayudar a evaluar con mayor precisión lo que hay tras bambalinas en lo que se perfila como un conflicto que lacera la seguridad en la subregión austral africana.

El retorno del primer ministro a casa podría cerrar un capítulo complejo en los últimos desempeños del reino, cuyos jefes políticos se comprometieron a trabajar juntos para restaurar la normalidad y la estabilidad en ese reino.

Tras permanecer cuatro días refugiado en Sudáfrica, Thabane viajó en un carro escoltado por fuerzas de seguridad de ese país y con él regresaron el jefe de la Policía, Khothatso T’sooana, y el nuevo jefe del Ejército, Maaparankoe Mahao, quien sobrevivió el sábado a un intento de asesinato.

No obstante, lo que podría ser la vuelta a la normalidad está aún pendiente: cerca de 150 oficiales de Policía permanecen ocultos al temer por su integridad, y el exjefe del Ejército, Tlali Kamoli, aún lo controla, según versiones de prensa.

En fin, persisten los elementos de conflicto, que pese a todo forja la historia reciente del pequeño país, el cual obtuvo la independencia del Reino Unido en 1966, y comenzó en la década de 1970 a sufrir golpes de Estado y ahora trata de no ser otra mancha en el espejo de África meridional.