La violencia étnica: una piedra en el zapato para el gobierno etíope

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Por Richard Ruíz Julién
A punto de cumplirse seis meses de gestión para el primer ministro etíope, Abiy Ahmed, los expertos se debaten entre la duda y la esperanza sobre el futuro del país, afectado por continuos brotes de violencia.

Según algunos observadores, el discurso de Ahmed sobre reconciliación no ha sido suficiente para someter las tensiones étnicas.

A medida que la ciudadanía lidia con el legado del antiguo gobierno, ¿el premier necesita cambiar de rumbo?, se pregunta el comentarista Bilal Derso.

Aunque la mayoría de los incidentes tuvieron lugar en la región somalí y en la zona oeste de Guiji en Oromia, al menos 28 personas murieron durante un recrudecimiento de los choques el fin de semana pasado en las afueras de la capital.

Las revueltas inicialmente estallaron en el suburbio occidental de Burayu, en medio de denuncias por parte de residentes locales sobre ataques contra propiedades ejecutados por multitudes de jóvenes oromo.

El periodista etíope, Sisay Woubeshet, aseguró a Prensa Latina que, al menos inicialmente, el conflicto no comenzó por motivos étnicos.

‘Quienes se preparaban para recibir al Frente de Liberación Oromo decoraban Addis Abeba con los emblemas de la facción’.

‘La población capitalina creyó incluso que destruirían la estatua del emperador Menelik II como acto de rebeldía. Así que no se debe decir que la violencia se basó en tensiones entre grupos, aunque puede haber cambiado su color ahora’, consideró Woubeshet.

La región de Oromia, donde emergieron los últimos enfrentamientos, no es ajena a la violencia étnica.

Los oromo -el grupo étnico más grande de Etiopía, que representa alrededor de un tercio del total de habitantes- se han quejado durante mucho tiempo de la marginación y últimamente muestran enojo por lo que consideran una intrusión ilegal en sus tierras por parte de minorías.

Sus frecuentes protestas finalmente llevaron a la renuncia de Hailemariam Desalegn como primer ministro en febrero, anunciando un nuevo gobierno y promesas de cambio rápido.

Desde que inició su administración, Ahmed buscó una estrategia de diálogo nacional en un intento por aliviar las diferencias.

Al hacerlo, fue ampliamente aclamado como el tipo de líder que la nación había estado esperando después de años de gobierno autoritario por parte de políticos de otros grupos étnicos más pequeños.

Pero como muestra la realidad, es más fácil decirlo que hacerlo, apuntó Derso a esta agencia.

‘Creo que la agenda de reformas sigue intacta, pero está muy claro que la gente está preocupada y se plantean muchas interrogantes sobre si el jefe de Gobierno está a la altura de la tarea’.

En un Estado todavía muy dividido por la política étnica, el intento de mantener contentos a todos los bandos puede poner una seria presión sobre el actual liderazgo, manifestó, por su parte, Yohannes Gedamu, investigador del Centro de Estudios Estratégicos.

Puntualizó que es evidente la confusión de las autoridades sobre qué hacer cuando se trata de satisfacer a su electorado contra la enorme competencia de los diferentes partidos políticos etnonacionalistas.

Eso los ha puesto en una situación muy difícil. Pero el compromiso de [Abiy] con la democracia aún podría estar allí, indicó.

Es cierto que, de alguna manera, ha logrado cumplir sus promesas iniciales, sobre todo al anular la prohibición de grupos rebeldes, liberar a disidentes encarcelados y concretar un acuerdo de paz histórico con el enemigo de larga data, Eritrea.

Sin embargo, argumentó el especialista, frenar las tensiones étnicas es probable que sea un desafío a largo plazo, al acecharle la sombra inminente de los anteriores mandatos, cuando los servicios de inteligencia y seguridad estaban estrechamente controlados por el Frente de Liberación del Pueblo Tigray.

‘Pero creo que la era de culpar por todo a las altas esferas debe termiar’, dice Gedamu.

‘La democracia no es algo simple que se construye en un día. Toma tiempo, toma altibajos, y habrá algunos retos en el camino. Aunque sin claridad, será muy difícil llegar allí’.

En su opinión, es hora de que el gobierno tenga claro lo que quiere lograr y afirmarse, sin emplear medidas innecesariamente represivas para lograr sus objetivos.